Preso por la guerra económica

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Lo llamaremos Juan, pues prefiere, por temor a represalias, que su verdadero nombre permanezca en anonimato. Sonríe frente a la cámara de un celular mientras se lleva una cerveza (de lata y plateada) a la boca. Junto a él posa Yaneth Caraucan, su esposa, abrazándolo y recostándole la cara en el hombro. Tiene los ojos húmedos de tanto llorar y una sonrisa aún nerviosa. Juan se ve rebosante de felicidad, pero Yaneth parece no creerse todavía que su esposo sea un hombre libre.
Para Yaneth, Juan, Pedro y demás familiares y amigos, la tarde del 15 de diciembre de 2016 fue larga y tortuosa. Era el juicio final de ellos dos. La cita era para las 12:00 m, pero antes de esa hora ya se encontraban Yaneth, su hermana, la madre de Pedro y el abogado defensor frente al tribunal 30 de juicio del Palacio de Justicia, en Caracas. Ya habían trasladado, desde la máxima de seguridad de Tocuyito (complejo penitenciario del estado Carabobo), a Juan y a Pedro. Pero a ellos y a seis reos más los subieron esposados al tribunal 30 de juicio a las 2:00 pm. Todos integraban una cadena de hombres privados de libertad por diversos motivos. Allí estuvieron parados y recostados contra una pared durante cuatro horas.
A las 4:30 pm se acabó el horario de oficina. Todos los acompañantes y el público del juicio tuvieron que retirarse. Solo podían permanecer en el lugar los presos, abogados y testigos; el juicio se realizaría a puerta cerrada. Todos esperaron abajo, en la calle, frente al Palacio de Justicia. A las 6:30 de la tarde se supo la noticia: Juan y Pedro quedaron en libertad con ciertas restricciones: no podían salir de la Gran Caracas y no podían trabajar más con Mercal.

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