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sábado, 28 mayo, 2022

Una mujer denuncia que queda sin esposo y sin hermano por las Faes

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Caracas. «Mi ranchito quedó destruido. En la sala y cocina quedaron marcas de disparos de este tamaño. Todo el piso tenía sangre. Nosotros somos gente sana, gente humilde», declaró la esposa y hermana de dos víctimas que dejó un procedimiento realizado por funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales de la PNB, en Los Jardines del Valle, la noche de este 24 de julio.

En horas del mediodía de este 24 de julio, unos desconocidos asesinaron a Carlos Valverde, comisario de la Policía Nacional Bolivariana y jefe de Operaciones de la estación policial de El Valle. Luego del homicidio, funcionarios de la PNB y de la Faes organizaron un operativo con el fin de dar con el paradero de los autores materiales.


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Los uniformados se desplegaron por el cerro. Específicamente,
en la parte alta de las calles 8 y 9 de Los Jardines. Desde las 2.00 pm comenzaron a escucharse los disparos. Funcionarios comunicaron que estaban en búsqueda de los integrantes de la banda del «Loco leo».

Este operativo dejó a una mujer sin su esposo y sin su hermano. Ella los califica de «sanos, trabajadores y buenas personas». Son Carlos Javier González, de 22 años, y Javier Noria, de 32. Ambos, junto a sus hijos y ella se encontraban en su ranchito de bloques con techo de zinc en el momento que ocurrieron los hechos.

Los mataron en la casa

Carlos llegó a las 6.00 pm de la carnicería donde trabajaba, ubicada en el puente de Coche. El joven saludó a su hermana a la que llevaba un paquete de harina de trigo; se había antojado de unas panquecas. Una hora después esperaba junto a sus sobrinos que estuvieran listas para cenar. Por su parte, Javier cargaba agua en tobos desde la calle, hace varios días no entra el servicio por las tuberías en su zona y esa era su tarea de las tardes, relató su ahora viuda, quien pidió la omisión de su identidad.

Luego de las 7:30 pm, funcionarios vestidos de negro, algunos con pasamontañas y la mayoría con armas largas, llegaron a la vivienda de la mujer. Unos traían a su esposo y otros le ordenaron salirse de la casa junto a sus pequeños. A su hermano, que estaba en la cocina, lo dejaron ahí.

La dama cuenta que luego de que la sacaron escuchó varios disparos, también gritos, sobre todo de su hermano, quien pedía que no lo mataran, que él era inocente. A ella le tocó estar afuera, no se le permitió entrar a su casa hasta medianoche. Al volver a su vivienda no la encontró igual. «Mi ranchito estaba patas arriba. Todo era un desastre. Las paredes parecían un colador», relata.

Ninguna de las dos víctimas deja hijos. Javier Noria compartía la crianza de cinco con su actual pareja. La mujer detalla que denunciará la muerte de sus familiares ante el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc). Entre lágrimas y un llanto inconsolable pide que cesen los operativos policiales en los barrios: «En esos peines que hacen caen inocentes. Nosotros somos una familia buena y humilde. Me quitaron a mi pareja y a mi hermano ¡No es justo!», subrayó.

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