AUDIO, VIDEO Y CRÓNICA | ¿Para qué sirve el Carnet de la Patria?

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Maracaibo.- Es viernes. Hace calor y sol está que quema y pela, porque es mediodía y porque en Maracaibo la temperatura a esa hora puede llegar a 38 grados. En la plaza Bolívar, dos colas que le dan la vuelta a la manzana: en la de la esquina izquierda están los de la tercera edad, las mujeres embarazadas y los discapacitados; en la otra, el resto.

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La mayoría está en la cola desde las 5.00 de la madrugada, sin poder moverse porque pierden el turno, con rabia y con hambre. Todos se quejan.
En cada punto se levantan tres toldos grandes que unieron para hacerle sombra a tres mesones, 20 computadoras y dos impresoras. En dos cornetas suena Alí Primera: “Siento un gran dolor, en el costillar…”. Pero ya son pasadas las 12.00 y el proceso que debió comenzar a las 8.00, arrancó a las 11.30 am. Hay cansancio y hay hambre.

“Y yo que no quería venir. Me niego a seguir sirviendo de animal de circo haciendo esta cola, para que después venga Maduro a decir que aquí estamos todos felices sacándonos el bendito Carnet de la Patria”. Luisa Peña tiene 66 años y está jubilada. Trabajó como bedel en una escuela pública, y ahora ayuda a su hija con sus nietos.

Funcionarios de la Guardia Nacional y de la Guardia del Pueblo custodian el proceso | Foto: Sheyla G. Urdaneta

—Mi hija me manda a mí para que me lo saque, porque ella no se quiere rayar con esto
—¿Y para qué sirve el carnet?
—¡Qué coño voy a saber yo!
—¿Por qué vino a sacárselo?
—Porque una vecina nos dijo que si no lo teníamos, no íbamos a poder comprar comida.

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La pregunta fue para Luisa, pero las tres mujeres que estaban más cerca de ella y los dos hombres que las acompañaban casi que dijeron al unísono. “Aquí nadie sabe para qué es esta vaina”.
Del otro lado de la plaza está Ángel López, tiene 20 años y no hizo cola. No llegó en la madrugada, sino a 20 minutos para las 2.00 de la tarde porque llegó solo “pa´la foto”. Su hermano es de los que está censando. Del grupo hombres y mujeres que tiene camisa verde militar con una estrella blanca al frente y en la que por detrás se lee: Carnetizador de la Patria.
Pero Ángel tampoco sabe para qué es el carnet. Su hermano le pidió la cédula y él se la dio. “Dicen que es para poder comprar comida, pero yo no tengo problema con eso, yo vendo comida. Yo llevo y traigo de todo de Maicao pa´ acá y de aquí pa´ Maicao. Yo con eso resuelvo”.

Desde las 5.00 de la madrugada los zulianos hacen cola en la plaza Bolívar de Maracaibo | Foto: Sheyla G. Urdaneta

El hermano de Ángel le hizo señas desde el toldo y se saltó la baranda. Le tomaron la foto y se fue. “Vengo como a las 4.00, tengo que cargar una carne que se va ya pal´otro la´o. Mi hermano me dice que no me vaya, pero yo no estoy pa´ estar perdiendo tiempo aquí. Yo lo que necesito es producir”, dijo moviendo los dedos, como quien cuenta billetes.
Hay gritos del lado de los viejitos. Un hombre dice por micrófono que se “cayó el sistema”. Es la segunda vez en el día que dice lo mismo.
“Por eso esta vaina es tan lenta, porque eso se cae a cada rato. Yo no tengo nada en el estómago, ya me estoy llenando de gases. Los sacrificios que tiene que hacer uno por una bolsita de comida”. Marielina Meza tiene 77 años y tiene un carnet del Movimiento MVR 200. Cuenta que está “con la revolución desde que Chávez era flaco y usaba liquilique. “Lo vi en persona una vez que vino para la Plaza de Toros. El día que le dijo a Manuel Rosales que le iba a poner los ganchos. Yo ese día lloré de la emoción”.
Pero hoy su visión es otra. “A Chávez no le hubiese pasado esto, Chávez no nos hubiese dejado pasar tanta hambre. Yo por Chávez me pelee hasta con mis hijos. Él no me dio nada material, pero se acordó que los pobres nos estábamos muriendo en vida. Como ahora, pues”.

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Una mujer más adelante le dice: “Me imagino que usted no quiere a Maduro. Porque eso sí sería el colmo. Yo lo hago porque la mujer del consejo comunal de mi barrio dice que al que no tenga carnet no le van a vender el Clap. Por eso me calo esto”. Se llama Neida González y tiene discapacidad. Es joven, no quiere decir su edad, pero no aparenta más de 30. Usa dos bastones para moverse y zapatos ortopédicos.
Neida llegó sola a la cola del carnet. Su mamá y su hermana, con las que vive en el oeste de Maracaibo, la mandaron porque creyeron que por su condición pasaría rápido. Se equivocaron.
Es la número 72 de la cola y la segunda vez que va al proceso. “El primer día que vine, eso fue en febrero, me dijeron que sin el informe médico no me podían meter en la cola de los discapacitados. Como si a mí no se me notara. Son unos animales”.
La música cambió y ahora hay gaitas. Ya son las 4.00 de la tarde y el sistema se ha caído tres veces.

En la plaza Bolívar de Maracaibo, el proceso de carmetización se cumple viernes, sábados y domingos | Foto: Sheyla G. Urdaneta

“Tan fácil que es eso de las respuestas. Sí, sí, no, no, es lo que uno tiene que responder. Pero como esa vaina va y viene, por eso es que se tarda. Yo hoy traje a mi mamá a ver si es verdad que por carnet nos venden dos cajas del Clap… ¿Por qué esto es para poder comprar el Clap, no?”.
Yenni Berroeta estudia enfermería y tiene 32 años. Su madre Neisa Berroeta no está convencida, pero está parada en la cola. “Para pasar necesidades es que lo traen a uno para acá. Yo lo hago por mi nieta, por la leche”.
Foto: Sheyla Urdaneta

Lo mismo piensa Jhohany Piñera que llegó a Maracaibo desde Machiques. Tiene 42 años, está desempleada. Su esposo la acompaña, los dos querían sacarse el carnet pero se salieron de la cola cuando el hombre del micrófono volvió a gritar que se cayó el sistema. Era la cuarta vez del día y si seguían esperando no iban a conseguir carrito para irse a su casa.
En la base de la estatua de Bolívar, en la mitad de la plaza, se sentó cansada Evelina González. “Eso mismo me pregunto yo, para qué sirve esta vaina. En esta foto no se me ve la cara, eso sale muy oscuro. A mí me dijeron que era para comprar comida, pero dicen tantas cosas. Aquí estoy desde ayer, yo dormí aquí con mi yerno y dos de mis hijas. En la casa somos 17. Los hijos se fueron casando y se quedaron con sus hombres y mujeres, después llegaron los nietos”.
Evelina vive en una casa de tres cuartos. “Ahí nos acomodamos. Y comemos con lo que lleva uno o el otro. Yo hice este sacrificio por la comida. Hasta me dan ganas de llorar de ver a lo que hemos llegado”.
Un Guardia se acerca y dice que quienes quieran agua pueden hacer “una colita”.
—¿Agua? ¿Por qué no nos dan comida? ¿Por qué no traen una caja del Clap pa´ cada pendejo que vino a hacer la cola y que ahora se va sin poder sacarse el carnet, porque el sistema ese falla más que el Gobierno?”.
—Señora, haga el favor. Si ya está aquí, no se queje. Si no, se hubiese quedado en su casa.
La mujer se le va encima, los que la acompañan la agarran por ambos brazos y se la llevan.
En la chaqueta del Guardia se lee: L.González. Es soldado, de los rasos, sin rango.
Tampoco tiene claro para qué sirve el carnet de la patria. “Ahorita no lo dicen, pero después viene la bomba”.
Debajo de uno de los toldos, Hendri Acurero, dice que su cargo “en el proceso, es jefe de unidad”. Va de un lado a otro fiscalizando que no hayan colados, que la gente se siente frente a la computadora cuando se les indique y se levanten cuando hayan terminado.
Un Guardia del Pueblo le pide que meta a su esposa. Acurero ya le había negado la opción a una señora, pero al “compatriota no le puedo negar la ayuda”. Cuarenta y seis minutos estuvo la mujer sentada y debió irse sin que le imprimieran el carnet.
“Esto ya queda para mañana”, dijo Acurero. Y por micrófono gritó: “Señores se acabó el proceso, se fue el internet y por hoy esto se acabó”. La gente gritó, se quejó, los llamó vendidos.
“Por eso es que vos venís todos los días y veis la plaza full, porque no todos los que están en la cola se pueden sacar el carnet. Nos tienen aquí todo el día y nada. Así ha sido desde que comenzó esto. Esta es la tercera vez que vengo y que más me queda, vendré el domingo o el otro viernes”, dijo Freddy Ramos, trabajador de la Alcaldía de San Francisco.
Más allá está Edwin Salcedo, de 42 años, quien desde febrero vende “forritos” para el carnet. Unos plásticos similares a los que se usan para meter la licencia de conducir.
“Yo me vengo todos los viernes, sábados y domingo. Vendo entre 250 y 300 forritos diarios a 300 bolívares cada uno. No todos lo comprar, no todos se van con el carnet porque hay muchas fallas”.
Mientras explica, se escuchan gritos. “Ya empezaron las peleítas”, dice. Dos mujeres y un hombre le gritan en la cara a quien es la coordinadora del proceso. La insultan. Le recuerdan que Chávez se murió y que Maduro lo que hace es “burlarse de todos.”
Llega Hendri, el jefe de unidad y le pide a los funcionarios de la Guardia: “Desalójame a los bochornosos estos”.
La gente lo pita. El hombre los reta: “A que mañana vuelven a estar aquí, porque si no lo sacan se van a morir de hambre. De esto no los salva nadie».
Dos colas se forman en la plaza Bolívar. Una de tercera edad, embarazadas y discapacitados y otra de personas jóvenes y adultas | Foto: Sheyla G. Urdaneta

 

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