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lunes, 23 mayo, 2022

AUDIO | El "escrache" en Venezuela tiene sus propias características

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«Violencia. Mi pueblo se muere. Nos están matando», gritó una mujer en el Líbano mientra Tarek William Saab daba una ponencia | Foto: 2001.com.ve

Al embajador Mario Isea le gritaron “asesino” en Madrid; al embajador César Osvelio le dijeron “corrupto” en Suiza; a la hija de Jorge Rodríguez le dijeron, en Australia, que por culpa de su papá hay personas que están muriéndose; al embajador Roy Chaderton lo cacerolearon y le lanzaron desperdicios en Madrid; a Tarek William Saab lo interrumpieron con gritos durante una ponencia en Beirut, Líbano. Estos son algunos de los funcionarios, o familiares de funcionarios, que en sitios públicos o frente a sus casas en el exterior se les ha acusado de corrupción y homicidio.

Un psicólogo, una socióloga y un historiador advierten que el “escrache” en Venezuela tiene sus características propias: ocurre cuando comienza “la dictadura”, mientras que en otros países ha ocurrido cuando se recupera la democracia. Ha superado las fronteras del país, se ha extendido a los familiares de los acusados, y más que la justicia, la motivación es el odio y la venganza.

El 17 de mayo El Pitazo publicó un social video donde se mostraban en secuencia los casos antes mencionado. Ese tipo de protestas que se hace desde los años 90 frente a quienes cometen actos de corrupción o violación de derechos humanos, recibe el nombre de “escrache”. El social video finalizó preguntándoles a los seguidores qué opinaban de este tipo de protestas.

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En Instagram, el video provocó 134 comentarios, mientras que en Facebook alcanzó 115 reacciones. Con la excepción de un comentario en cada una de estas redes sociales, casi todas las opiniones fueron favorables al “escrache”. Los motivos que expresaron los miembros de la audiencia de El Pitazo para respaldar estas acciones son muchos, pero se pueden resumir en la indignación provocada por la corrupción, delincuencia, escasez de alimentos y medicamentos, represión a manifestaciones y frustración por la migración y separación de familias que no ven en el país un mejor futuro. Al menos, dos millones y medio de venezolanos han emigrado en los últimos 18 años, afirmó en enero Iván de la Vega a Fe y Alegría Noticias. El sociólogo y docente de la Universidad Simón Bolívar (USB) agregó que esta cifra equivale a 8 % de la población, y la mayoría tiene educación superior.
En Instagram, Tatiana Molina comentó: “Pobrecitos! Ahora resulta que están pataleando porque y que son perseguidos! Y qué pasó con la lista de Tascón? No se acuerdan de ella? El que a hierro mata no puede morir a sombrerazos. Donde quieran que estén que no tengan paz”. Alexis Mata opinó: “Arrecho es que te metan un tiro en la cabeza por protestar. Jodido es que la víctima sea un niño de 15 años, por ejemplo. Que les saquen sus trapos sucios a ex funcionarios en cualquier lugar del mundo no es nada”.

Varios venezolanos protestaron frente a la casa del ex militar Carlos Máximo Aniasi Turchio, en Florida. Criticaron el estilo de vida que lleva, mientras en Venezuela hay quienes comen de la basura | Foto: El Nuevo Herald

En esta red social hubo un solo comentario en contra. Liyeyia Chacón expresó:“Hay un Dios que para abajo ve. No hagamos lo mismo que ellos, luchemos por rescatar nuestros más nobles principios y valores”.
En Facebook las opiniones fueron similares. Marisol Carreño comentó: “Eso es igual a que se metan con tu mamá o con tu hijo. Que les hagan algún maltrato, robo, tortura, etcétera. Venezuela nos duele y hay que defenderla de quienes la saquearon y sus cómplices culpables de la desgracia que hay en estos momentos. Decirles sus verdades de frente sin necesidad de violencia. Con solo gritarles sus verdades a la cara como lo han venido haciendo es suficiente”. Pilar Farías, por su parte, opinó: “Cuando se ven a miles de venezolanos que mueren por falta de medicinas, por hambre, por la delincuencia y la represión, mientras otros, muy pocos, ladrones y testaferros, disfrutan como ricos y famosos, el escrache se convierte en una protesta pacífica, en un acto de justicia”.
En esta red social también hubo un solo comentario en contra. Geovanny Cubillo dijo: “A mi modo de ver son unos pendejos, pues con mucha razón no van a soltar el poder ya que saben lo que les espera. Primero que los tumben y después que los persigan”.
Sin embargo, lo especialistas advierten que el “escrache” venezolano se ha tornado violento e intolerante, lo que en la historia mundial solo ha derivado en más odio, violencia, exclusión y desconocimiento de la identidad política en el otro; esta última criticada por el Programa Venezolano de Educación Acción en Derechos Humanos (Provea) al chavismo.

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El “escrache” venezolano

El coordinador del Programa de Monitoreo, Investigación y Difusión de Provea, Inti Rodríguez, explica que el “escrache” es una estrategia legítima de las organizaciones defensoras de los derechos humanos para denunciar a los corruptos y violadores de derechos humanos que se han sido cobijados por la impunidad.
Rodríguez, quien también es historiador, comenta que el “escrache” se ha convertido en una forma de lucha, en un método de denuncia, que ha sido muy empleado en distintos períodos históricos en Latinoamérica. “Es una práctica que nace en Argentina, basada en estrategias de una parte de los defensores de los derechos humanos que tiene como fin mostrar, avergonzar y colocar en evidencia ante la opinión pública a los violadores de los derechos humanos, quienes formaron parte de la dictadura argentina”.
Una de las estrategias, cuenta Rodríguez, era ubicar los sitios de trabajo o donde vivían estas personas. Frente a sus viviendas montaban piquetes y hacían cualquier tipo de actividad no violenta, pero con el fin de exponer  a estas personas ante la opinión pública, mostrar el papel que jugaron en la represión y en la dictadura para avergonzarlas y tratar de romper la barrera de la impunidad. El especialista agrega que en Chile también es muy frecuente este modo de protestas, pero en este país se le conoce como “funa”.
“El caso de Venezuela es un caso atípico comparándolo con el de Argentina y Chile, pues en aquellos países los procesos de “escrache” se dieron luego de la caída de la dictadura, y en el caso de Venezuela, la dictadura recién está dando sus primeros pasos”, afirma Rodríguez.
Leoncio Barrios, psicólogo y analista social, dice que lo más parecido al “escrache” en la jerga popular venezolana es “rayar a alguien”. “Uno dice ‘fulanito de tal está rayado’, y esto ocurre porque alguien ha dicho o hecho algo para afectar la imagen o el prestigio de esa persona”. También explica que el escrache es un acto de venganza y de odio, pues es la manifestación de la rabia que se tiene hacia una persona.
El escrache, dice Barrios, es una forma de perjudicar, de ofender o de pasar factura, que puede  llegar incluso a los familiares por atribuírsele algún tipo de responsabilidad, aunque probablemente no la tengan.
Por su parte, Maryclen Stelling, socióloga y profesora de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab), explica que el “escrache” se define como una acción intimidatoria que se realiza contra otras personas. Stelling comenta que en Venezuela el “escrache” generalmente es en el ámbito político y en contra del chavismo. Asimismo, advierte que este tipo de protesta ejercida por los venezolanos no se limita a los ciudadanos políticos, sino que se extiende a sus hijos y al contexto familiar. Tampoco se limita al ámbito geográfico del país, sino que llega y afecta a los países que han recibido importantes poblaciones de emigrantes venezolanos.
Para Stelling, el “escrache” venezolano es una suerte de linchamiento simbólico. Es una forma de tomar la justicia por la propia mano sobre aquellas personas que se consideran que son ladronas, corruptas, asesinas o torturadoras. “Y si estas personas son inaccesibles, se les linchan a sus familiares”, opina la especialista.
Asimismo, Barrios aclara que el “escrache” es un acto de odio que se expresa a través de lo que se conoce como la caza de brujas. “Ese es un recurso de los ámbitos político y delincuencial que utilizaron históricamente los fascistas y los nazis. Ellos “escrachaban” a la gente y le ponían un sello para identificarlas y exponerlas ante la opinión pública. Es una forma de exponer a la persona al odio público. En este momento nosotros pudiéramos encontrar expresiones de este tipo de ataques o de reacciones de sectores de la oposición”, opina Barrios.

Maripili Hernández, periodista y exministra del gobierno de Hugo Chávez, fue acechada por venezolanos en Barcelona, quienes cuestionaron su parcialidad | Foto: Noticias de Venezuela

Sobre lo anterior, Rodríguez comenta que ese es el peligro que se corre en estos momentos de alta conflictividad y tensión social. “Una de las características de los últimos 18 años es que desde el poder se ha insistido en la deshumanización del otro, del adversario político, de quien pensaba distinto. Esa deshumanización, de alguna manera rompió con el tejido social y, por supuesto, generó una situación de polarización en la que no se ve a un adversario político, sino a un enemigo”. Sin embargo, Rodríguez aclara que él considera que hay expresiones de intolerancia, pero que no las calificaría de fascista
Para Stelling Venezuela actualmente es un país enfermo, y el “escrache” es uno de sus síntomas. “Venezuela es un país que ha perdido el control sobre sus emociones, donde se desbordan las emociones negativas (la ira, la rabia, la cólera, el deseo de venganza) que encuentran su expresión en prácticas políticas. Entonces viene esta suerte de linchamiento simbólico como una modalidad más de confrontar al otro. Es una estrategia de destruir al otro por la vía de la estigmatización”, analiza la especialista.

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Las motivaciones del “escrache”

El psicólogo Barrios explica que el “escrache” en Venezuela está inmerso en una espiral de violencia. Es la respuesta a la represión que ha vivido la oposición venezolana los últimos 50 días, pero también por toda la rabia acumulada en los últimos 18 años. Asimismo, agrega que el apoyo a estos hechos se debe a que internamente también hay mucha rabia, odio y descontento, que lleva a gran parte de la población venezolana a aplaudir estos hechos.
“A mi modo de ver esta es la primera manifestación clara y sostenida que pareciera que es producto de una estrategia. No es casual que ocurran estas protestas en diferentes sitios de manera muy semejante, casi que paralela en el tiempo. Parece que los actos están sincronizados, y si están sincronizados es porque hay una línea de información que dice hay que hacer esto, esto y esto”, comenta Barrios.
Asimismo, explica que hay dos tipos de emigración venezolana. Unos que se fueron por razones económicas y de calidad de vida y otros que se fueron por razones políticas, por estar vinculados o ser acusados de participar en la organización de las manifestaciones de los años 2002, 2011 y 2014. Comenta que ese sector es muy aguerrido y tienen mucha rabia.
Sobre esto Stelling comenta que el exilio político es un exilio que probablemente no es espontáneo, sino que obedece a razones políticas. “Puede haber expulsiones judicial y administrativa, pero hay un exilio político que busca huir de algo, busca un futuro mejor. Ese exilio político se hace con dolor, con miedo y con inseguridad, sentimientos que van en contra de quienes se consideran que son los culpables de que yo me tenga que ir de mi país”, explica la especialista.
Una de las razones del miedo a emigrar, explica Stelling, es el hecho de que Venezuela, tradicionalmente, no era un pueblo de personas que emigran, sino receptores de inmigrantes durante muchísimos años.
Stelling agrega que otro de los motivos de la rabia es que el sector de la población que emigra es normalmente gente de clase media acostumbrada a unos patrones de vida que pueden perder al emigrar. “Ese exilio está ajustándose a una nueva forma de vida. Este exilio probablemente trabaje en actividades que no tiene nada que ver con lo que hacía aquí ni con su profesión. A eso se le suman elementos afectivos: el abandono de la familia, la culpa por haber dejado a sus padres solos, el odio político, etcétera. A esto también se le añade esta conflictividad social fuerte y grave que tenemos en estos momentos. Una guerra a muerte que en un principio fue simbólica, mediática, electoral, y que hoy es un conflicto de calle que ha dejado muertos, heridos, detenidos”.
Asimismo, la socióloga aclara que el odio de la oposición, la rabia y la impotencia se han volcado en una nueva modalidad que son estos actos intimidatorios (el “escrache”) que tienen que ver con agredir o insultar a personas cara a cara o con el hecho de informar dónde viven las personas y cómo se llaman.
“Hay una suerte de degradación moral, de ruptura de valores que antes eran fundamentales para los venezolanos. Hay una situación social que yo la llamo hiperanomia, donde hay una ruptura de normas, hay un quiebre muy profundo donde todo vale. Aquí hay una permisividad absoluta. El escrache contra los familiares de los funcionarios se inserta en esta situación de hiperanomia”, explica la socióloga. Además, aclara que en otro contexto de país esas acciones intimidatorias serían muy mal vistas, castigadas y sancionadas moralmente. Sin embargo, actualmente no hay sanción moral por parte del mismo bando político. Stelling dice que más bien se lleva casi a la calidad de héroe o heroína a las personas que acosan a los hijos de los chavistas.

Los límites del “escrache”

Rodríguez, defensor de los derechos humanos en Venezuela, afirma que no existe un marco regulatorio para este tipo de actividades, salvo los tipo penales y las legislaciones de cada país que prohíban acoso directo o de agresiones contra personas.
Sin embargo, Rodríguez aclara que si el “escrache” rompe la frontera de actividades no violentas y se convierten en actividades violentas donde se golpean personas y se invade abiertamente la integridad del núcleo familiar, cambiaría el escenario. En esos casos pudieran estar involucrados otros delitos que pueden ser penados de acuerdo con la legislación de cada país.
Asimismo, advierte: “Hay una situación que también preocupa y es cuando esta técnica de “escrache” no solamente se dirige contra represores, corruptos o personas a las que se les puede demostrar que tienen una clara responsabilidad con lo que está sucediendo en el país. Cuando empiezan a señalarse a personas comunes y corrientes que en algún momento apoyaron el chavismo, entra la defensa de la identidad política. El que se identificó con el chavismo tiene el mismo derecho que quien se identificó con el bipartidismo. El escrache a una persona por ser chavista es el mismo hecho que hemos cuestionado en estos últimos 18 años: cómo se ha criminalizado el derecho a la identidad política, al hecho de formar parte o ser militante de una ideología”.
 

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