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sábado, 28 noviembre, 2020

AUDIO | Delincuencia infanto juvenil en aumento y sin control

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Plaza Venezuela, Sabana Grande y Chacaíto son los lugares preferidos por niños y adolescentes a la hora de delinquir | Foto: Griselda Acosta

Caracas.- «En todo el bulevar de Sabana Grande y en Chacaíto los pueden ver. Andan en grupos de seis y ocho y tienen entre seis y 15 años. No le tienen miedo a nada. De vez en cuando se acercan a pedirnos algo para comer. Los he visto fumando yerbas. Ellos no tienen consideración con nadie cuando andan haciendo de las suyas», comentó un vendedor de perros calientes que trabaja en la zona y pidió no ser identificado.
El perrocalentero los conoce. Ve cómo se refugian en la droga para soportar su vida en la calle, sin un hogar y una familia que los apoye. “Muchos duermen de día, sobre las estructuras amarillas que tienen las estaciones del metro y, aunque son desalojados cada dos días por la policía, vuelven a colocar sus colchones y cajas. En estos refugios improvisados tienen hasta sexo”, relató.

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Para los taxistas de la zona, los niños y jóvenes que deambulan en el bulevar son unos azotes porque roban a las personas, les arrebatan celulares y bolsas. Muchos de sus clientes los han visto con punzones, navajas y metales filosos. «Ya actúan a cualquier hora, cuando ven la oportunidad, pero en la noche se ven más”, aseguró el trabajador del volante.

Gloria Perdomo, docente consultada y creadora de la Fundación Luz y Vida, ubicada en Petare. Foto: elucabista.com

Rita Ramírez, quien caminaba por el bulevar de Sabana Grande, se mostró pesimista sobre una posible solución para estos casos de jóvenes involucrados en hechos delictivos. «La policía poco puede hacer, ya que son menores de edad; por otro lado, los consejos de protección del niño, niña y adolescentes, los responsables de la Misión Negra Hipólita y las autoridades competentes no se ponen de acuerdo y dejan solos  a estos muchachos con sus problemas, sin medir las consecuencias para la sociedad”, dijo.

Carmen de Materán vive en Chacao y frecuenta el bulevar de Sabana Grande. En su opinión, cada día se observan más niños que piden en la calle, en negocios y panaderías de plaza Venezuela, Sabana Grande y Chacaíto, ya que son espacios con gran afluencia de personas a toda hora. Hace dos años Materán fue víctima de cuatro de ellos. Contó que eran alrededor de las 8 de la noche y salía de la estación del Metro de Sabana Grande cuando le arrebataron una bolsa que llevaba. “Me asusté. Uno de los niños tenía una navaja. Había uno alto, como de 13 años, y a los demás les calculo como 10 años. Solté rápido la bolsa, grité y abracé a mi hija de 10 años. La niña no entendía lo que había pasado porque ella creía que los niños se acercaban a pedir».

Faltan programas de apoyo

Para Gloria Perdomo, docente y especialista en derechos de la niñez, el problema de los jóvenes que delinquen no es solo responsabilidad de los padres ausentes, sino del Estado que carece de programas de apoyo, educativos y recreativos para ayudar a los muchachos que están en la calle y proteger a los que están en escolaridad. Perdomo forma parte de la Fundación Luz y Vida y durante muchos años ha trabajado el tema de la violencia infantil. En su opinión, son muy pocos los casos que se ven de niños asesinos.

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“Tampoco es correcto pensar que los niños nacen asesinos o que han aumentado estos casos. Estas conductas se dan más en jóvenes a partir de los 15, 16 y 17 años, cuando ya han superado trabajos y encomiendas delictivas. Es un proceso que van aprendiendo de acuerdo con lo que ven en su barrio y en su familia», explicó la docente.

En la parte superior de estas estructuras amarillas de las estaciones del Metro se refugian niños y jóvenes en situación de calle. Foto: Griselda Acosta

Por su parte, el criminólogo Fermín Mármol García señaló que hay bandas que están usando a los niños para actos delictivos, como arrebatar celulares o sacar objetos de algún lugar. Sin embargo, advierte que “es errado pensar o decir que en el país hay niños sicarios, porque eso implica que estos lleguen, asesinen y salgan de un lugar en una moto o carro. Esto se ha visto en jóvenes mayores de 15 años».
Mármol García coincide con la profesora Perdomo en que son pocos los casos de niños asesinos. Explicó que por su contextura física y su inmadurez no actúan solos. Para minimizar esta debilidad, los menores forman bandas para “trabajar” en conjunto.
«Los niños en la calle, con un jefe o jefa cruel, pueden asesinar; por ejemplo, en el caso más reciente, el de la banda de Los Cachorros, fue una niña de 15 años la que los incitó al crimen y a robar para comprar comida o drogas. Pero de 12 bandas de niños en situación de calle, una o dos adoptan por cuenta propia el asesinato. Los jóvenes con más tiempo en la delincuencia sí asesinan, pero después de superar trabajos pequeños para pasar de nivel”, explicó el criminólogo, quien insistió en que la manipulación por parte de adultos es la que incita a la violencia en los más pequeños.

¿Cómo se hacen delincuentes?

Entre las causas que determinan las conductas violentas de los niños, Mármol García y Perdomo destacan la ausencia de los padres, falta de amor, carencia de valores, sufrimiento por  situaciones inhumanas, tristezas, penurias y el hambre que pasan en la calle. Por otro lado, está el ejemplo de violencia y delincuencia que ven en el barrio o en la familia. Estos muchachos van creciendo sin esperanzas y van alimentando su alma de odio y resentimiento.
«Al niño o al joven que está inmerso en este círculo delictivo le va a parecer más bien extraño no hacer lo mismo que hacen sus padres o amigos, por lo que asumen esto con mucha naturalidad y normalidad «, recalcó la profesora Perdomo.
Según los especialistas, estos jóvenes solo quieren pasarle esa factura a todo el que vean en la calle con buenos zapatos, celulares, dinero  o carro. La delincuencia es para ellos una válvula de escape para cobrarse lo mal que les va en la vida.

Más de 22.000 jóvenes imputados

Según el informe elaborado por el Ministerio Público, en el año 2016 se presentaron ante los tribunales a 13.873 jóvenes; 22.066 muchachos fueron imputados; 10.713 fueron acusados y 4.207 resultaron condenados por delitos comunes, tales como homicidios, robos, hurtos y lesiones personales, entre otros.

Fermín Mármol García, abogado criminólogo, investigador de la delincuencia en Venezuela. Foto: semana.com

Para los especialistas consultados, estas cifras no son alentadoras. Ellos proponen hacer un censo nacional y dar a conocer estos datos a todos. Comentaron que existen casos que no son revelados ni considerados por el Ministerio Público. A manera de ejemplo mencionaron pequeños delitos como arrebatones, secuestros exprés, aguante de drogas, cantos de zona y marcaje de víctimas. Estos delitos, según dijeron, no son registrados en las estadísticas, porque no son denunciados.
«En la escalera del delito estos son los trabajos pequeños que se les asignan a los más jóvenes cuando comienzan a delinquir, cuando se inician en bandas o megabandas. Estos casos no son denunciados por las personas por temor a ser asediadas o por encontrarse, al momento de hacer la denuncia, con la misma voz de la persona que las ruleteó por varios cajeros automáticos de la ciudad», explicó el abogado criminólogo e investigador de la delincuencia en Venezuela.
Mármol García reveló que cada vez es más frecuente la presencia y participación de funcionarios policiales en hechos delictivos. «Las bandas y megabandas criminales están formadas cada vez más por  jóvenes. Podemos decir que nacionalmente, en las 1.500 parroquias, existen 150 bandas y  megabandas con más de 80 integrantes bien armados”.

En la búsqueda de soluciones

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Mármol García explica que, considerando el punto de vista sociológico, hay que atender el problema desde estas tres aristas: familia-escuela-creencias religiosas. Plantea la creación de albergues municipales para atender a los niños  y ofrecerles educación, alimentación y apoyo psicológico. En su opinión, estos programas pueden hacerse de manera conjunta con el sector privado.
“Si no buscamos soluciones efectivas a esta problemática, la delincuencia infanto juvenil va seguir siendo una de las amenazas más potentes para la ciudadanía, al menos para los próximos 10 años. Más vidas caerán de mano de ella. El Estado, el Gobierno, sigue sin propuestas firmes para esta generación que ve en los delitos la solución de su vida. El Estado no ofrece protección a agresores ni a víctimas. De los 21 planes de seguridad del Estado, pocos han sido efectivos», concluyó el especialista.

Programa Aulas Comunitarias

En Petare, la Fundación Luz y Vida creó el programa Aulas Comunitarias para preparar a los niños que, por distintas razones, han desertado de la escuela. «Por lo menos existen 20 mil niños que están excluidos de la escolaridad formal. Otros llegaron hasta el tercer grado, crecen en los barrios y se convierten en analfabetas funcionales sin la capacidad para conseguir un buen empleo», indicó la docente. Acotó que en la fundación les ofrecen a los niños y jóvenes herramientas esenciales para que estén preparados para tener un empleo.
Otro de los programas que tiene la fundación es la Defensoría de Niños y Adolescentes. “Es un servicio gratuito donde se atienden casos de niños sin partida de nacimiento, que no han sido reconocidos por el padre o que están pasando por una situación difícil”, explicó, igualmente, la educadora.
Perdomo recomienda hacer un trabajo conjunto entre el Gobierno y la empresa privada para implementar programas que ayuden a los niños, tales como la recuperación de centros de recreación y guarderías en las distintas parroquias.
 

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