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sábado, 28 mayo, 2022

AUDIO | A pocos metros de La Mariposa funciona una popular toma de agua

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Alvin Ávila (47) y Maricruz Torres (43), ambos habitantes del sector Turmerito, se encargan de prestar colaboración a las personas que acuden al punto de agua. | Foto: Hirsaid Gómez

Caracas.- Turmerito se convirtió en un punto de referencia al sur de la capital. Un chorro de agua natural emana de una montaña, justo frente a la comunidad, entre la planta de transferencia de basura Las Mayas y el embalse La Mariposa. Decenas de personas se congregan frente a la toma entre las 4 de la mañana y las 12 de la noche. «Esto no para, mami. Claro que da miedo, pero es la necesidad», contó Maricruz Torres, quien vive frente a la mayor atracción de la localidad y atestigua las visitas.

Desde que la crisis en la distribución de agua se acrecentó en Caracas, la mujer de 43 años observa aún más visitantes foráneos. Llegan en carros, camionetas y pick-ups con decenas de potes vacíos para aprovechar la «bendición», como la llama Torres. No hay día que la acera improvisada de la vía no tenga potes vacíos.
Fila de envases a la espera de ser llenados en punto de agua de Turmerito. | Foto: Hirsaid Gómez.

Con su chaleco anaranjado fluorescente, se ufana del líquido: «Hay personas acá que han criado a sus hijos con esta agua y están bien». A diferencia de la capital, la comunidad de Turmerito, a pocos metros del embalse La Mariposa, no tiene servicio de agua de Hidrocapital. Nunca lo ha tenido. La localidad sobrevive con el chorro de agua de manantial.
Un cartel de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) contradice a los locales y visitantes. «Agua no apta para el consumo humano», reza el anuncio del comando de zona 44 de Miranda. Hace aproximadamente tres meses, los habitantes tuvieron un encuentro con los militares que terminó en amenazas. «Han intentado cerrar la toma por intereses de negocios», denuncia Alvin Ávila. Torres lo complementa: «Querían apropiarse del agua. La comunidad no dejó que se la quedaran».
Pancarta de la Guardia Nacional en donde se reseña que el punto de agua de Turmerito no es seguro para el consumo humano. | Foto: Hirsaid Gómez.

Después del hecho, otro grupo instaló el cartel que desentona con el sitio, junto a un paraguas de Malta Caracas y un radio viejo pero funcional. El uniforme fluorescente de Ávila delata, además de conocer la zona, que ha bebido el líquido incontables veces. «Me van a venir a decir ahora que no, que el agua es mala. Me imagino que vinieron por la demanda de agua y la crisis que hay», informa quien se desempeñó como licenciada en riesgo hace años.

No apta para la Guardia, sí para locales y visitantes

Héctor Rondón se presentó este lunes 11 de junio con 15 botellones vacíos. Se ríe al señalar los suyos, todos ordenados de tres en tres, para paliar la falta de agua que agobia a San Agustín del Sur, donde reside con su familia. Cuenta que tiene que pararse a las 7 de la mañana si quiere bañarse con agua de Hidrocapital. Hasta las 7:30 tiene ese privilegio, si no cortaron el suministro en la zona. «Y a veces la ponen otra vez a las 8 de la noche, pero no es seguro», explica.
Puede pasar días sin que una gota salga de su grifería, pero desde el año pasado acude cada dos semanas al chorro de Turmerito, a ocho kilómetros del valle capitalino, para surtirse. Desde hace aproximadamente dos meses nota un incremento en la cantidad de individuos que visitan el lugar. «Siempre hay cola, pero ahora hay más», dice risueño, a la espera. Rondón puede aguardar hasta dos horas para llenar todos sus envases, que luego monta en la camioneta de su tío.

Embudo improvisado por los colaboradores del lugar para llenar los envases. | Foto: Hirsaid Gómez.

El joven de 19 años explica que la usan directamente para tomar. Pedro Velásquez no se fía del todo. El hombre de 54 años hierve los dos potes que llena cada quince días. «Pero es buena. Le hicimos una prueba por una semana y el agua no dejó partículas, tampoco deja un olor ni un sabor desagradables», comenta Velásquez, quien afirma que es incluso mejor que la que corre por las tuberías de su edificio en Palo Verde, al este de Caracas.
Bajo el sol de mediodía, Ávila usa una botella de plástico cortada como embudo para no perder gotas en el traspaso. Si no es con los brazos, trasportan los botellones con carretillas. «Es una bendición que tengamos esta agua gratis aquí», dice el hombre de 47 años. Ahora, con su chaleco amarillo, confiesa que resuelve con el agua que emana frente a su casa: «La crisis me obligó a hacer esto. Uno no puede inventar mucho. Y mira, en casa de herrero, cuchillo de palo. Tenemos La Mariposa al lado».
Las personas se acercan desde cualquier parte de la ciudad para recolectar agua. | Foto: Hirsaid Gómez

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