Al dueño de la aerolínea Lamia se le perdió el rastro en Táchira

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Foto: Archivo

San Cristóbal.- «Trabajador, muy hablador y agradable», define el actual coordinador regional de Acción Democrática en el Táchira, Miguel Reyes, al dueño de la aerolínea Lamia, Ricardo Albacete. Pese a que hace más de 20 años estaban en el mismo partido, es muy poco lo que recuerda de él, pues lo cataloga más como empresario que como político.
Fue el 28 de noviembre de 2016 cuando el nombre de Ricardo Albacete se conoció mundialmente, justo el día en que se estrelló en Antioquia (Colombia) el avión perteneciente a su aerolínea, Lamia, que transportaba al equipo brasileño Chapecoense, que se disponía a jugar la final de la Copa Sudamericana en Medellín contra el Atlético Nacional. En el siniestro murieron 71 personas y otras seis resultaron heridas.
Mientras Albacete estuvo en el Táchira fue dueño de tres empresas dedicadas a la venta de papelería, resortes, extracción de carbón y transporte de maquinaria pesada. De todas, la más resaltante y controversial fue una librería llamada Luz Quinta, ubicada en una zona comercial de San Cristóbal. Durante años fue el sitio referencial para miles de tachirenses, que en temporadas previas al inicio del año escolar acudían a comprar los útiles. Era una de las más grandes, surtidas y con variedad en el estado.

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“Allí se encontraba de todo. Las ofertas y la variedad era lo que más atraía a los compradores. En San Cristóbal no existía un negocio tan grande para comprar a buen precio y con tantas opciones los útiles escolares de nuestros hijos. Esta ciudad es pequeña, y esa empresa era muy llamativa y siempre estaba llena de compradores”, recordó Gabriel Sayago, un padre de tres hijos que solía comprar los útiles escolares en la papelería.
Luego de 14 años de trabajo ininterrumpido, la librería se transformó por completo, cambió su nombre, su junta directiva y pasó a llamarse Milenio. La modificación del registro de la empresa sucedió tras denuncias sobre retrasos en el pago a sus empleados, hecho que lo llevó a ser demandado. Después de un largo juicio que Albacete perdió, se estableció que debía pagar Bs 1.625.724,08 a una trabajadora llamada Lourdes Díaz, a quien acusó de haber hurtado material administrativo y le negaba la cancelación de vacaciones, antigüedades y prestaciones sociales. Esto consta en el expediente del Juzgado Superior Primero del Trabajo, con fecha del 25 de enero de 2005.
Una amiga de Lourdes Díaz, la demandante, detalló que, por las acusaciones de Albacete, la mujer estuvo detenida y tuvo problemas familiares, de salud y emocionales, pues aunque se le acusó de hurto, nunca se comprobó que hubiese tomado de la librería algo que no fuese de ella.
La amiga de Lourdes Díaz afirmó que al término del juicio y con el pago de las deudas que tenía Albacete, Díaz estuvo una temporada fuera del Táchira y cambió de número telefónico. Al retornar al estado cambió de residencia sin dejar pista alguna, por lo que conocer su versión de lo sucedido no fue posible para El Pitazo.
Esta denuncia fue tan solo una entre varias que debió enfrentar Albacete. Según una persona que trabajó con él y prefirió reservar su identidad, durante el período en que estuvo como senador, este «se dedicó a hacer negocios y a abrir varias empresas, pero por la fama que creyó tener no fue transparente con quienes lo rodeaban. Por eso fue a tribunales, por corrupto«.
Sobre este adjetivo de «corrupto», las pocas personas que le conocieron no coinciden con ello, pues lo catalogan como trabajador. Reyes, su ex compañero en el partido AD, afirmó que “un tribunal penal abrió un expediente en su contra por los delitos de defraudación con uso de mandato falso y apropiación indebida calificada; sin embargo, al gozar en ese momento, año 1994, de inmunidad parlamentaria debido a que era senador, la demanda no procedió.
El dirigente adeco regional también dio estas referencias: «A veces tenía mala actitud; era soberbio y muy hablador de cosas que parecen mentiras; y también era echón, como decimos coloquialmente».

Foto: Archivo

La empresa sobreviviente

Albacete, su esposa e hijas figuraron como dueños de negocios en el Táchira, tales como librerías, empresas de transporte, empresas de carbón y otra de materiales metálicos. En la actualidad tan solo una está realmente operativa.
Guarimetal es una compañía anónima registrada por Ricardo Albacete en el estado Táchira, en una localidad llamada Pueblo Chiquito, en el municipio Guásimos, a media hora de la capital. Durante años fue administrada por él mismo, pero trabajadores que declararon con la reserva de su nombre, afirman que desde hace muchos años no se presenta en las instalaciones de la compañía. Sacapuntas y resortes es la especialidad de Guarimetal, pero en su registro se establece que «podrá prestar servicio de transporte nacional e internacional».
Los empleados reconocen como jefa o encargada a Maritza Dibartolomeo, esposa de Ricardo Albacete, quien además figura como dueña de otras empresas registradas, como Alba Energía, en el estado Mérida; hotel 12 con 12, ubicado en San Cristóbal; y la Industria Técnica Educativa, en Palmira.
Pese a que tampoco la ven con regularidad en la empresa, a Dibartolomeo la recuerdan como la dueña. Ella es además quien aparece en el Registro Nacional de Contratistas (RNC) como la persona contacto de Guarimetal.

El negocio inconcluso

Según el RNC, a nombre de Ricardo Albacete hay un hotel llamado «12 con 12», ubicado en la carrera 12 con calle 12, Barrio Obrero, en la ciudad de San Cristóbal, justo el sitio donde anteriormente funcionaba la famosa librería Milenio. Sin embargo, el terreno donde se encontraría la instalación no es más que un depósito de contenedores.
En el espacio donde debería estar el hotel, actualmente hay al menos 20 contenedores, cuyo precio, según estimaciones de quienes utilizan este tipo de embalaje, podría oscilar entre los 12 y 25 millones de bolívares. Pese a que Guarimetal tiene permiso para el servicio de transporte, no opera con la dirección en San Cristóbal, sino con la del galpón en Pueblo Chiquito. En el depósito de contenedores no hay vigilancia o trabajadores.
Las razones sobre la cancelación del inicio de la obra del hotel son desconocidas; sin embargo, Antonio Mazuera, dirigente político de Acción Democrática, aseguró que Albacete y su familia se fueron del Táchira sin pensarlo, buscando mejores negocios.
«Ellos tienen su vida hecha en Mérida. Él siempre alardeó sobre unos aviones que iban a funcionar y serían hasta mejores que los de Conviasa, pero parece que tuvo problemas con eso. Estas pequeñas empresas en el Táchira están más por tradición, o por tener un ingreso, que por verdadera necesidad de la familia Albacete. Ese hotel sería una maravilla, según él, pero no fue así, porque ni siquiera lo empezaron a construir. Y ahora con estos problemas con el avión de su pertenencia que se estrelló, menos volverá al estado o a Venezuela», aseveró Mazuera.

Foto: Univisión

El adiós indefinido

Albacete constituyó empresas en el Táchira, representó al estado en el Senado y militó en distintos partidos políticos, pero una vez que salió a Mérida para establecerse allí junto con su familia, su ausencia no se sintió.
«Ricardo Albacete era un hombre muy ambicioso, pero él abandonó al Táchira para irse a Mérida con un proyecto para construir un aeropuerto y tener sus propios aviones, según lo que recuerdo. Pero mientras estuvo aquí, en Táchira, no le preocupó hacer amigos, compañeros o cuidar a su partido político. Yo muy poco lo recuerdo, pese a que cuando estuvo en Acción Democrática, yo también hacía vida política. Pero como prefirió irse de independiente, menos lo extrañaríamos. Él se fue y ya; nuestra vida no cambió porque realmente él no era importante en el estado», aseveró Mazuera.
Los empleados de Guarimetal no tienen esperanza de volver a verlo, no solo porque suponen que no está en Venezuela, sino porque su presencia no es importante para ellos. «Trabajamos felices, cómodos, tranquilos y con nuestros buenos pagos. Ricardo Albacete no ha venido, y dudo de que lo haga debido a tantos problemas por las muertes de miembros del equipo Chapecoense. Sin embargo, esta empresa funciona perfectamente sin él al mando», dijo un trabajador de Guarimetal que no se identificó.
Albacete vivió junto a su familia en San Cristóbal. Su hija Loredana Albacete Dibartolomeo asistió a uno de los mejores colegios privados del estado, pero cuando estaba en noveno grado de bachillerato, la familia se mudó al estado Mérida. Allí establecieron sus vidas y negocios.
Los viajes al exterior eran constantes en la rutina de Ricardo Albacete. Salió de Venezuela rumbo a Madrid el 19 de octubre. Justo en el período en que hacía ese viaje sucedió el accidente de aviación en el que murieron 73 personas, entre ellas el equipo de fútbol Chapecoense.
Desde España, Albacete declaró a los medios de comunicación y dijo sentirse “afectado” por el siniestro. Volvió a Venezuela cuatro meses después en un vuelo de Conviasa, pero no por mucho tiempo.
En España, según el medio digital El Confidencial, se le vincula a un empresario chino multimillonario de nombre Sam Pa, declarado persona non grata por el Departamento del Tesoro de EEUU, debido a su apoyo a la dictadura de Zimbawe. Albacete y el magnate millonario se reunieron con representantes de la comunidad autónoma de Galicia para establecer una línea aérea que viajara entre Santiago de Compostela y Luanda (Angola).
El 3 de febrero de 2017, Albacete ingresó por última vez a Venezuela, pero tan solo por cinco días, pues salió en un vuelo chárter desde Maiquetía rumbo a El Salvador. Desde entonces no volvió a ingresar a Venezuela, según información de migración a la que tuvo acceso El Pitazo. La última vez que estuvo en el estado Táchira fue de manera transitoria; su finalidad fue llegar hasta Cúcuta, Colombia, el 21 de agosto de 2016.

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