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sábado, 6 marzo, 2021

4 años de una vida suspendida: ¿Dónde está Ricardito?

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Yajaira Alvarado no pierde la esperanza de abrazarlo, reencontrarse con su hijo | Foto: Karol Chiquito
Yajaira Alvarado no pierde la esperanza de abrazarlo, reencontrarse con su hijo | Foto: Karol Chiquito

Por Jhonathan Raúl Segovia
Ricardo Daniel Segovia Alvarado era un niño de nueve años: divertido, cariñoso, era todo un hombrecito. Las horas a lado de su madre Yajaira, y del calor de su hermana estaban contadas; alguien había decidido secuestrarlo. Las causas del plagio son un misterio que se tragó la tierra, sus padres no tenían dinero para cumplir con los criminales.

El terror de la Familia Segovia Alvarado aún sigue presente. Eran las 12:20 a.m. del martes, 4 de octubre de 2011 cuando la mamá del pequeño es sorprendida en su dormitorio por cuatro tipos armados y encapuchados. Con acento un poco confuso exigían dinero, joyas, que mostrará la caja fuerte pero nada de eso había. Todo parecía una confusión.
Los irregulares voltearon la casa, no encontraron nada. Los sujetos no querían irse con las manos vacías. Ricardito era la joya preciada. El niño estaba nervioso no sabía que ocurría, y abrazado a su madre le decía “no dejes que me lleven”; los gritos de aquella súplica retumbaban en la sordidez de los delincuentes: era una orden llevárselo.
Unos 40 minutos duró aquella fatídica escena. Yajaira Alvarado, su hija y otra joven fueron amarradas y sus voces silenciadas para salir de la casa con el niño secuestrado, no sin antes, exigirle que entregará la cédula de identidad de su pequeño hijo. La desesperación la había dejado arrinconada, a su niño, a su corazón, se lo arrebataron de sus brazos.
Cruz a cuesta
Los delincuentes salieron por un boquete después de destrozar las rejas de protección de la casa de su víctima, en la esquina de la avenida 2 con calle El Carmen de Betijoque, municipio Rafael Rangel al oeste de Trujillo, y a unos 625 km de Caracas. Lo grave del caso, que nadie escuchó absolutamente nada.
Yajaira desde entonces carga su cruz a cuesta. Su hijo, a cuatro años de su secuestro aún está en cautiverio. Nadie dice una palabra. El silencio gubernamental envenena el expediente del único plagio de Venezuela aún sin resolverse. Hoy se cumplen 1.460 días de su ausencia, su madre lo llora todas las noches, y pide a Dios fortaleza.
El caso parece no importarle a nadie; desde la Asamblea Nacional al Ministerio del Interior, Justicia y Paz su suplica ha sido escuchada, pero el silencio de las acciones dicen más que mil palabras. El ex ministro Miguel Rodríguez Torres le sacó el cuerpo al caso. El Comando Nacional de Anti extorsión y Secuestro de la GNB y Cicpc ofrecen solo excusas.
Alvarado está indignada frente a la indolencia gubernamental. No hubo esfuerzos para rescatarlo. La última y angustiosa llamada ocurrió el 9 de marzo de 2012, los captores exigían Bs 2 millones por su liberación, pero jamás volvieron a contactarlos. Los plagiarios tenían acento colombiano, desde entonces la comunicación murió.
Trago amargo
Las autoridades dijeron no contar con los recursos tecnológicos para rastrear la llamada. Los secuestradores usaron una línea satelital, y Colombia era el único país que podrían ayudarlos, pero el apoyo nunca fue gestionado. La investigación se cruzó con múltiples tropiezos que dejaron el expediente en el aire y una vida en suspenso.
Con lágrimas en los ojos implora que le devuelvan a su hijo, no aguanta su ausencia. No pierde la esperanza de abrazarlo, reencontrarse y empezar una nueva vida. Yajaira siente a su hijo vivo, no cree en su muerte. Un alto funcionario del Ministerio Público en julio de 2015 le dijo que su niño estaba muerto, pero jamás le mostró evidencia, o su cuerpo.
Ricardito, tiene 14 años. Tal vez otra Navidad estará lejos de casa. El 5 de febrero cumplirá 15 años sin saborear su pastel, jugar con sus amigos. Ya van cuatro cumpleaños sin su familia. Yajaira traga amargo, su ausencia, su silencio estremece el alma. La joven madre pide fuerza a lo alto para seguir esperándolo, y se pregunta dónde está, y con quién.
No hay palabras para describir el dolor, la puntada en el corazón de no saber nada de mi hijo, cómo está; la mujer clama justicia; suplica a las madres en el ejercicio del poder que se apiaden de su dolor, solo exige que le devuelvan a su corazón, que ayuden para que las autoridades del vecino país, donde cree que está levanten la alerta de secuestro.
Aturdido
Trujillo está atónito ante el sufrimiento de Yajaira. Su lucha debe ser la lucha de todas las madres de la región, del país. El gobierno de Trujillo no debe ser insensible frente a una vida, a un niño que fue arrebatado de los brazos de su madre, de su familia. Es un trujillano, a quien le han suspendido los sueños de su niñez.

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