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lunes, 21 septiembre, 2020

15 años de relación tóxica culminaron con 12 tijerazos en su espalda

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Caracas.- De 12 tijerazos un hombre mató a la mujer con la que convivió por 15 años. Ese fue el final de Melissa Sidney Arcilla Ruiz, la protagonista de una relación tormentosa, que cuando cuando decidió ponerle fin, la ira de su expareja le pasó factura en la entrada de su apartamento, ubicado en Los Jardines del Valle, municipio Libertador.

Melissa, de 38 años y José Gregorio, de una edad similiar, iniciaron su relación en 2004. A comienzos de 2018, la dama decidió separarse de él y denunciarlo ante las autoridades, pues «las humillaciones, escenas de celos y golpizas eran más», así lo cuenta su madre, quien pidió omitir su identidad.

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Diana Rusell, precursora del movimiento feminista, define el feminicidio como “los asesinatos de mujeres por parte de los hombres, motivados por el desprecio, el odio, el placer o el sentido de propiedad sobre ellas”. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud lo describe como «el asesinato intencional de una mujer, por el simple hecho de ser mujer». La madre y familiares de Melissa consideran que su homicidio forma parte de esta reseña, pues perdió la vida a manos de un hombre «acosador, celópata, que no entendió que su relación había acabado».

La última vez que la madre tuvo información de Melissa fue la noche del 19 de mayo, cuando, a través de una llamada que duró un par de minutos, le dijo que tenía un «mal presentimiento». Lo que no sabía la dama, es que ese sexto sentido le advertía sobre una situación que se generaría en menos de 24 horas afuera de su apartamento 12-02, en el edificio Unep.

Después de las 7:00 a.m. del lunes 20 de mayo, Melissa intentaba abrir la reja de su vivienda; había salido de su casa hasta planta baja para llevar a sus hija de 12 e hijo de 7 años al señor del transporte escolar, quien diariamente se encarga de llevarlos a un colegio en Santa Mónica. Esa era su rutina todas las mañanas, luego se vestía y se iba a una peluquería a trabajar como manicurista.

Tras subir en el ascensor, y llegar nuevamente a su piso, sacó sus llaves e introdujo una de ellas en la reja; mientras la pasaba fue sorprendida por José Gregorio.

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Al verlo, la mujer intentó abrir la reja y lograr entrar a su apartamento para ponerse a salvo. No pudo, en el forcejeo partió la llave. Segundos después, el victimario la amordazó y cuando su fuerza se impuso agarró una tijera y la hirió en 12 ocasiones.

Los gritos hicieron que los vecinos salieran. El hombre escapó. La mujer fue trasladada al Hospital Clínico Universitario, pero ya había muerto desangrada.

José Gregorio apareció minutos después en el apartamento de una tía, ubicado en la calle La Matanza del mismo sector caraqueño. Cuando vio a sus familiares confesó su delito: «la maté». Luego de delatarse, se despidió y saltó al vacío a través de una ventana. El apartamento se encuentra en un piso 14, y la caída provocó su muerte instantánea.

En duda la labor del Estado

La Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (Cedaew) detalla que los Estados podrían ser responsables por los actos de violencia contra la mujer cometidos por particulares “si no adoptan medidas con la diligencia debida para impedir la violación de los derechos o para investigar y castigar los actos de violencia e indemnizar a las víctimas”.

La madre de Melissa responsabiliza a los tribunales y al Ministerio Público venezolano del asesinato de su hija. Cuenta que no fueron una, ni dos, ni tres, sino asistieron juntas más de seis veces a organismos del Estado para lograr una medida de alejamiento que pusiera en protección a la dama, pues «ella no se quería ir de su apartamento, ni vivir conmigo en Bello Monte, porque mi apartamento es muy pequeño. Ella decía que en su casa estaba cómoda, que los niños tenían su cuarto. Que tenía miedo, pero no iba a incomodar a mis nietos».

Melissa había sido víctima en su relación de maltratos físicos y verbales. La gota que derramó el vaso fue a comienzos del 2018, cuando en menos de dos meses, José Gregorio le partió la nariz en dos ocasiones en discusiones ocasionadas por ataques de celos.

Con la nariz fracturada y moretones, la mujer dejó a un lado el miedo y decidió pedirle la separación. Logró sacarlo de la casa. A los meses se volvieron a ver en una de las reuniones organizadas por la Unidad de Atención a la Víctima y mientras eran atendidos por una psicóloga, el hombre le hizo una seña (pasó su dedo índice por su cuello) de «te voy a matar».

A pesar de las reuniones, Melissa nunca recibió una orden de alejamiento en físico. «Llegábamos a los tribunales y nos decían que se perdió el documento. Otro día nos decían: ‘traigan un pendrive, traigan hojas’. A mi hija no me la ayudaron. Ojalá y con otras lo hagan, que ayuden a las mujeres. La muerte de mi Melissa se pudo evitar».

El victimario, además de agredir a su pareja, tenía prontuario por otros delitos. Hace seis años fue detenido por el asesinato de su hermano y luego de unos meses fue puesto en libertad.

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