Solo una fachada queda del Periférico de Coche tras un año cerrado

El 8 de noviembre de 2018 el hospital Periférico de Coche fue desalojado por una explosión, que forzó a una remodelación de la que se desconocen responsables, montos y fecha de culminación

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Las instalaciones están custodiadas por funcionarios de la Guardia Nacional | Foto: Jesús Barreto

Caracas.- Pilas de sacos con escombros, una fachada a medias, áreas tanto médicas como administrativas desmanteladas y un estacionamiento lleno de huecos es lo que queda del hospital Dr. Leopoldo Manrique Terrero. El centro de salud, también conocido como Periférico de Coche por su ubicación en el suroeste de Caracas, fue cerrado el 8 noviembre de 2018 por una remodelación, ordenada luego de que explotara uno de los transformadores que surtía de energía eléctrica a la edificación.

Originalmente, las obras debieron culminar en marzo, pero los reiterados cambios de directiva y la opacidad con la que se ha manejado su ejecución ocasionaron que los trabajos fueran pospuestos cinco veces. Hasta la fecha de la publicación de este trabajo no existe siquiera un lapso tentativo de entrega de las labores que garantice la reapertura. 

La denuncia fue realizada por Zuleika Pérez, dirigente sindical del Periférico de Coche y quien hasta el día del forzado cierre trabajó como enfermera por más de diez años ininterrumpidos en esa institución. Pérez rechaza el retraso y la falta de celeridad en la rehabilitación de las áreas derribadas de forma injustificada, según afirmó. 

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«No se justifica que hayan demolido casi todas las áreas del hospital, cuando la explosión ocurrió en el sótano», recriminó. Ni camas ni mobiliario ni equipos médicos quedan dentro del centro asistencial, que es el único en su tipo en la zona y en el que se atendía a unas 2.000 personas por día. 

«La remodelación empezó con retraso, un mes después de la explosión. Sin previo aviso el antiguo director mandó a sacar el mobiliario, los suministros y los equipos y nunca se nos informó a dónde se llevarían. No hay ningún departamento apto para recibir pacientes. Todo es escombros», relató. 

El hospital fue cerrado después de una explosión, cuyas causas nunca se esclarecieron| Foto: Jesús Barreto

Sin dirección 

Para el momento de la evacuación, realizada por un equipo de Protección Civil, el director del Periférico era Earle Siso, quien actualmente ocupa la dirección interina del Hospital Clínico Universitario. En febrero fue designado como director general Miguel Rangel. Al mes de asumir el cargo, Rangel prometió en reunión con los trabajadores que en un plazo de 90 días, es decir, el 6 de junio, el hospital sería reabierto, recordó Mauro Zambrano, dirigente del Sindicato de Clínicas y Hospitales.

Zambrano enfatizó que los cambios administrativos se dieron a la par de las modificaciones en el cronograma de entrega. No obstante, nunca se esclarecieron formalmente las circunstancias que causaron la explosión, principal razón esgrimida para el desmantelamiento de los pisos 2, 3 y 4 y de los espacios de la cocina. 

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«Supimos extraoficialmente que la explosión se produjo presuntamente por la sobrecarga de los circuitos del sótano debido a las tomas ilegales que hacían los vendedores informales que están instalados fuera del hospital. Pero esto nunca fue confirmado por un peritaje o un informe técnico de Corpoelec o los bomberos», señaló el dirigente. 

El sindicalista sostuvo que una semana después de efectuado el desalojo de pacientes hospitalizados y la suspensión total de los servicios, los trabajadores advirtieron su temor de que la clausura se extendiera por tiempo indefinido. Doce meses después han comprobado con pesar que el miedo no era infundado. 

Opacidad total 

Pérez y Zambrano denunciaron que todo el año que ha transcurrido desde el cierre, ni la comunidad ni los trabajadores conocen el nombre de las tres empresas que han realizado trabajos ni los montos aprobados para la realización de las reparaciones, que han incluido desde reemplazo de cerámicas hasta repavimentación del piso del estacionamiento. Todos en fase preliminar. 

«Al principio se conoció que eran tres empresas a las que se les asignaron espacios diferentes, supuestamente para agilizar los trabajos. Dos de esas han suspendido varias veces las obras por falta de pago. Nunca hemos sabido sus nombres ni de cuánto es la inversión», indicó Pérez. 

Al estacionamiento le fue removida la carpeta asfáltica hace más de tres meses | Foto: Jesús Barreto

Esta omisión contraviene lo dispuesto en el artículo 172 del Reglamento de la Ley de Contrataciones Públicas, en el que se estipula la obligatoriedad de que los nombres de las empresas y fondos asignados sean de conocimiento público mediante la instalación de vallas. «Todas las entidades político- territoriales y las organizaciones de base del Poder Popular deberán garantizar la instalación de vallas que faciliten la identificación de los proyectos de obras aprobados», estableció la referida norma.

El objetivo de las vallas, que deben instalarse en los primeros diez días hábiles luego de iniciado el trabajo, es «garantizar la contraloría social y la supervisión de los proyectos», como dispuso el reglamento, publicado en la Gaceta Oficial N° 40.603. 

En lugar de la valla con el nombre del contratista, el número de contrato y la descripción de los trabajos, está una vieja ambulancia inservible, parada al lado de unos sacos con escombros. El recinto es vigilado por funcionarios de la Guardia Nacional, quienes se encuentran en el que alguna vez fue el centro hospitalario de tipo III más importante del sector.

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