Las especialistas Siboney Pérez y Aura Sofía Díaz destacan la importancia de que los venezolanos tomen la frustración, el orgullo o la indignación y las conviertan en acciones para transformar las circunstancias que generaron estas respuestas anímicas

“Sí, hay mucha frustración, mucha rabia, mucha indignación y mucha tristeza. Esos son los sentimientos que imperan en los venezolanos y en su cotidianidad”. El diagnóstico lo da la psicóloga Siboney Pérez, especialista en Psicología Cognitiva, quien coincide con su colega Aura Sofía Díaz, doctora en Desarrollo Humano, al decir que ni estas, ni ninguna otra emoción puede ser catalogada como positiva o negativa, pues todas son necesarias y motorizan la acción en los seres humanos.

En entrevista concedida a El Pitazo, ambas especialistas destacaron la importancia de que los venezolanos tomen emociones como la frustración, el orgullo, o la indignación y las conviertan en acción para generar cambios en su vida y en las circunstancias del entorno que las generó.

«Las frustraciones diarias sin resolver llevan a la rabia, y la rabia sin resolver puede terminar en violencia. Por lo tanto, aprende a apreciar hasta las cosas más sencillas que tienes, que recibes, que logras… Reconoce tu frustración y sánala. Todos tenemos frustraciones, lo interesante es no quedarse en ellas. Busca algo que sí puedas hacer: un ‘yo puedo hacer, por pequeño que se'», es la recomendación de Díaz para los venezolanos.

En esta entrevista, Siboney Pérez, también magister en Coaching Psicológico, explica cómo conducir eso que sentimos por las vivencias que nos rodean:

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–¿Qué son las emociones?

–Son estados anímicos que manifiestan una gran actividad orgánica que se refleja en los comportamientos externos e internos, y tiene tanto una activación fisiológica a nivel de sistema nervioso, una conducta expresada a nivel facial y una sensación subjetiva que experimenta la persona. Son reacciones afectivas inmediatas de mucha intensidad y corta duración.

–¿Es posible conducir las emociones?

–Sí, las emociones forman parte del mundo afectivo y tienen una función que es asegurar la supervivencia del organismo.
Como son estados que sobrevienen súbita y bruscamente, es necesario aprender a gestionarlas, a manejarlas. De allí viene lo que se conoce como inteligencia emocional.

–¿Cómo influye el entorno en las emociones?

–Como las emociones involucran condiciones, actitudes y creencias que usamos para valorar una situación concreta van a influir en el modo en el que afrontamos una situación.
Las emociones son parte del equipo con el que venimos, tienen una función adaptativa hacia el ambiente, por ello la sociedad y la cultura influyen en cómo las manejamos y por eso se puede aprender a canalizarlas.

–¿Hay algún mecanismo para transformar las emociones positivas en negativas?

–Lo que es positivo o negativo es el resultado, la consecuencia generada por las emociones, no las emociones en sí. Lo que se puede transformar es la expresión de la emoción, dependiendo del contexto, el tiempo, el lugar y la circunstancia, para poder manejarlas.

Es bueno saber que las emociones tienen razón de ser; no podemos estar en alegría permanente, en tristeza permanente, no podemos estar en rabia permanente. Son estados intensos de corta duración.

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–¿Es saludable controlar las emociones?

–Es saludable gestionarlas, más que controlarlas, porque tienen una función adaptativa. Cuanto más hábiles somos socialmente, mejor vamos a controlar las señales que emitimos.

–¿Cómo se manifiesta la indignación?

–Se manifiesta como rabia. Ayuda a poner límites, a decir hasta aquí. Ayuda a la supervivencia porque es productiva cuando energiza sobre la función de recuperar el control perdido.

La indignación va a movilizar la energía hacia la autodefensa caracterizada por vigor, por fuerza, por resistencia. La indignación es un ingrediente de la rabia. Cuando nos sentimos indignados es porque tenemos que defendernos, poner límites y demostrar lo que nos molesta para confrontar e inducir cambios.


Lo interesante es no quedarse en ellas. Busca algo que sí puedas hacer: un ‘yo puedo hacer, por pequeño que se’

Aura Sofía Díaz, doctora en Desarrollo Humano

–¿Qué puede hacer una persona que está indignada por las injusticias que lo rodean para ayudar a los otros?

–La parte positiva de la indignación es movernos a la acción, hacer cosas justamente para tratar de eliminar y reducir esa emoción.

El comportamiento es la manifestación de una emoción y la estructura de la emoción es la causa. Yo expreso indignación cuando siento que, a nivel de mis valores, de mis creencias, de la identidad que tengo, hay algo que está mal. Para canalizarla adecuadamente debo hacer cosas que me hagan percibir que estoy reduciendo la injusticia que veo.

–¿Cómo percibe usted la frustración en los venezolanos?

–Hay una alta dosis de frustración por muchas razones que todos padecemos. Porque estamos en una crisis sostenida en el tiempo y eso va agotando nuestros recursos, nuestras estrategias de afrontamiento.

Los venezolanos perciben una situación limitante, de carencias, una situación de dificultades, donde no hay las cosas básicas para sostener la calidad de vida y, ante eso, experimentamos una emoción y esa emoción nos lleva a actuar, lo que trae consecuencias. Aquí lo esencial es la interpretación que hacemos de nuestros recursos y de las demandas diarias.

–¿Cómo podemos lidiar y superar esa frustración?

–Reconocer que me siento frustrado. Pensar qué puedo hacer para cambiar mi estado subjetivo interno. No depende de mí cambiar el transporte, o las carencias en el sistema de salud, lo que sí está bajo mi control es lo que pienso y hago, y en la medida en que accione de una manera diferente me ayudará a superarlo.

Lo contrario nos podría hacer caer en el triángulo de la manipulación, a victimizarnos. No me puedo quedar en el papel de víctima porque eso me va a inutilizar y no me va a dejar ver opciones. Hay que pasar de víctima a ser responsable de las cosas que siento y hago.

—¿Hay ejercicios mentales que ayuden con el manejo de las emociones?

—Hay pasos que se pueden seguir:

1) Sentir la emoción, reconocerla, validarla e identifícarla, dándole un nombre preciso.

2) Traducir la información e incorporarla a nuestro mapa. Mientras haya un repertorio más amplio se podrá manejar mejor cada emoción.

3) Si es necesario, pasar a la acción y dejar que fluya, canalizándola.

4) Saber que frente a determinado estímulo hacemos una interpretación y que existe la libertad de elegir la respuesta más adecuada a los fines que se desean conseguir.

5) Incorporar nuevas formas de expresar las emociones de acuerdo a cómo te quieras sentir con respecto a cada una. Hacer un repertorio emocional y responder de manera distinta a ciertas emociones.

6) Determinar qué quiero lograr y lo que necesito hacer para eso.

7) En lo conductual es posible cambiarlas haciendo las cosas que he dejado de hacer y que me gustan. Ensayar qué puedo hacer ante cosas que me incomodan.

8) En lo fisiológico, hay que aprender a relajarse, respirar más lento y hacer cosas distintas para experimentar cosas distintas.

–¿Ayudar o participar en alguna buena causa contribuye a que nos sintamos mejor?

–Está comprobado a través de la neurociencia que participar en buenas causas y hacer algo por los demás estimula regiones cerebrales distintas. Porque, además de que no nos estamos enfocando en nosotros, nos sentimos útiles al ayudar a otros.

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