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viernes, 25 septiembre, 2020

Los niños venezolanos: el rostro más vulnerable de la emergencia humanitaria

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Caracas.- La crisis humanitaria no es “juego de niños”. Mayo ha sido uno de los peores meses desde que se está denunciando la emergencia sanitaria producto de la escasez de medicamentos e insumos en hospitales y hasta clínicas privadas.

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La muerte de cuatro niños, de un grupo de 30, que esperaban un trasplante de médula ósea, ha conmocionado al país.

Giovanni, Robert, Yeidelberth y Erick no han sido los únicos. A ellos se les sumaron Yoider, quien tenía un tumor, y Nicole, una bebé de meses con meningitis.

Pero los niños no sólo están muriendo en hospitales. Ni tampoco están muriendo a causa de enfermedades. La desnutrición continúa llevándose infantes.

Este 30 de mayo le tocó a Daisha, una bebé de ocho meses, que presentaba un cuadro de desnutrición desde recién nacida. De hecho, falleció pesando lo mismo que pesó cuando nació.
Daisha nació con espina bífida, además.

Marianella Herrera, de la Fundación Bengoa, no oculta sentirse afectada por el caso. La vio hace dos meses y relata que Daisha era una niña que no podía pasar “inadvertida, según los parámetros convencionales de peso- talla, pero cuando se compara con la edad, es el indicativo de que algo no está bien”.

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Recuerda además que era una bebeé “pequeñita”, según la describía la propia madre, Daniela. Una joven de 22 años.

Berenice Moreno colabora con el Proyecto Nodriza, impulsado por dirigentes comunitarios y diputados y con el que han abierto varios comedores en zonas populares.

Proyecto Nodriza no solo se basa en darle comida a niños en zonas vulnerables, sino también realiza jornadas médicas y de despistaje, así como ofrece cursos y talleres a madres.

Precisamente, en una de estas jornadas, el 6 de abril, llegó Daniela con su bebé y tres niños más. Daisha cumplía con los requerimientos para ser acogida en el proyecto.

Berenice recuerda que cuando vieron a Daisha, era una bebé que “parecía más una muñequita. Estaba muy apagadita y no emitía casi sonidos. Con el tiempo, llegó a estar más animada y hasta intentaba hablar”, dice.

Daniela había pedido ayuda en muchos lugares sin obtener respuesta. Daisha pudo recobrar 200 gramos en dos meses.

La diputada Manuela Bolívar, quien participa en este proyecto, relata que Daisha presentaba un cuadro viral y diarreico que también le jugó en contra.

“Llegó de ocho meses y muere por un paro respiratorio”, dice Bolívar.
No era la única. Su madre, Daniela, también presenta un cuadro de desnutrición. Daniela vive con su madre y su padrastro, que es el único que trabaja.

Daniela y Daisha son sólo una muestra de miles. Cientos de casos con características similares y desenlaces parecidos. Son demasiados casos.

Herrera señala que “se ha perdido la educación en salud, la educación nutricional. Aunque la vieron los mejores especialistas y tuvo el apoyo al detectarla, ya venía con daño in útero”.

Son nombres e historias que engrosan listas y cifras. Son nombres e historias a quienes se les acaba el tiempo en esta carrera contrarreloj que se llama emergencia humanitaria.

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