Leche materna: verdades y mitos del “oro blanco”

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En el marco de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2019, que se celebra del 1 al 7 de agosto, El Pitazo se suma al apoyo de esta importante práctica a través de la consulta a fuentes expertas en el tema, con el fin de contar las verdades y algunos de los mitos que hay sobre esta práctica

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¿Por qué la leche materna es el mejor alimento para los bebés? La respuesta puede parecer obvia, pero asumir en lugar de explicar es la causa de muchos mitos, tabúes y silencios en torno a temas tan importantes como este. 

La leche que produce cada mamífera está diseñada específicamente para sus crías, por lo que las fórmulas lácteas creadas para niños nunca sustituirán todos los componentes que contiene la leche producida por mujeres, llamada por algunos como el “oro blanco” de las madres.

La composición de la leche humana difiere mucho de la que tienen las fórmulas elaboradas para bebés. Estas últimas son producidas a partir de modificaciones que se hacen a la leche de vaca, salvo las que son preparadas a base de soya. Estos cambios, perfeccionados con el tiempo, buscan que las fórmulas se asemejen cada vez más a la leche materna, pero nunca será un sustituto exacto.


Si un bebé amamantado se enferma, la leche que produce su madre tendrá más anticuerpos para ayudarlo a sanar rápidamente


Las explicaciones científicas sobre los componentes de la leche humana son amplias y detalladas. Principalmente, la leche que producen las mujeres contiene más de 70 ácidos grasos poli-insaturados diferentes de cadena larga, que son de gran importancia para el desarrollo del sistema nervioso humano. Algunos de ellos se incorporan a ciertas fórmulas para lactantes, pero no todos. 

Asimismo, la leche humana contiene componentes bioactivos específicos (moduladores de crecimiento, enzimas, hormonas y células, principalmente leucocitos) que no se encuentran en las fórmulas lácteas procesadas ni en las leches producidas por otras mamíferas. Además, la leche materna, al ser un fluido vivo, cambia de acuerdo a las circunstancias específicas de cada bebé, sus requerimientos nutricionales e inmunológicos, e incluso varía durante el día aportando elementos distintos en las horas diurnas y en las nocturnas. 

Por todo esto, si un bebé amamantado se enferma, la leche que produce su madre tendrá más anticuerpos para ayudarlo a sanar rápidamente. Del mismo modo, la leche que produce una mujer durante los primeros días del postparto (llamada calostro) y la que producirá en lo sucesivo (leche de transición y luego leche madura) cambiará su composición notablemente, aportando los nutrientes y componentes que necesita su hijo en cada etapa de su crecimiento y desarrollo. 

Si bien la leche humana es el alimento ideal para los bebés, en los casos donde una mujer no pueda amamantar, el sustituto adecuado es la fórmula láctea diseñada para niños de acuerdo con su edad. En ningún caso se recomienda la alimentación con otros tipos de leche no procesada para bebés. Tampoco se recomienda la introducción de otros alimentos antes de los seis primeros meses de vida. Si un bebé se alimenta exclusivamente de leche materna, está contraindicado incluso darles agua.


Si un bebé se alimenta exclusivamente de leche materna, está contraindicado incluso darles agua


Beneficios físicos y psicológicos en el bebé amamantado

Distintos estudios han comprobado que los bebés alimentados exclusivamente con leche materna durante sus primeros seis meses de vida tienen menos probabilidades de sufrir náuseas, diarreas, gastroenteritis, gripes, resfriados, infecciones de oído y pecho, y hasta candidiasis. Asimismo, los niños que son amamantados sufren menos de gases porque la succión directa del pecho inhibe la acumulación de aire que sí ocurre en las mamilas de los teteros o biberones. Esto ayuda a reducir también los llamados cólicos del lactante.

Otras investigaciones científicas han determinado que los bebés amamantados tienen 50% menos probabilidades de sufrir el síndrome de muerte súbita del lactante, en comparación con los niños alimentados con fórmula.

En cuanto al sueño, contrario a lo que muchas personas creen, los bebés amamantados duermen mejor porque la leche materna les transmite hormonas y nucleótidos que ayudan a desarrollar ritmos circadianos saludables. Si bien muchas madres aseguran que los bebés que toman fórmula duermen por más tiempo, las razones de esto no son hormonales. 


Los bebés amamantados duermen mejor porque la leche materna les transmite hormonas y nucleótidos que ayudan a desarrollar ritmos circadianos saludables


Evelyn Niño, médico pediatra y gastroenterólogo infantil, indica que la razón por la que algunos bebés alimentados con fórmula duermen más horas corridas que los que toman solo pecho radica en que la leche de fórmula cuesta más para digerir. Esto se debe principalmente a que los niveles de caseína (proteína no líquida de la leche de los mamíferos) son más altos en la leche de vaca, que además no contiene lipasa, enzima que favorece la digestión y que se halla en la leche materna fresca.

Además de los beneficios nutricionales y físicos de la leche humana, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés) aseguran que el acto de amamantar favorece el desarrollo sensorial, cognitivo, psicomotor, emocional y social del bebé, beneficios que tendrá a lo largo de toda su vida. 

A nivel emocional, la lactancia materna ayudar a fomentar las bases para una buena relación entre la madre y su hijo, creando un poderoso vínculo afectivo, señala Unicef. Asimismo, distintos estudios han comprobado que, lejos de aumentar la dependencia del niño con su madre, la lactancia materna estimula su independencia y capacidad de autorregulación, ya que es el bebé quien decide cuánto comer, cuando la madre espera a que sea él quien decida cuándo soltar el pecho.

Finalmente, el pecho de la madre también cumple funciones tranquilizantes en el bebé. La llamada succión no nutritiva ocurre cuando el niño utiliza el pecho de su madre para calmarse cuando está irritado, siente dolor o no puede conciliar el sueño. Estudios recientes han comprobado incluso que la succión del seno de su madre ayuda a los niños a aliviar los efectos colaterales de las vacunas.

Beneficios para la madre: más salud y bienestar emocional

La mujer que da pecho beneficia su salud física y emocional en muchos aspectos. Estudios científicos han demostrado que amamantar reduce el riesgo de padecer diabetes de tipo 2, enfermedades cardíacas y algunos tipos de cáncer, como el de mama, útero y ovarios. También mejora la mineralización de los huesos, reduciendo las posibilidades de desarrollar osteoporosis en la vejez, e incluso mejora el coeficiente intelectual de las mujeres. 

Tras el nacimiento del bebé, sea por parto natural o por cesárea, la madre comienza a liberar oxitocina, conocida como la “hormona del amor”. La liberación de oxitocina, que ocurre luego cada vez que el bebé succiona el pecho, cumple distintas funciones en la madre: ayuda a disminuir la pérdida de sangre tras el parto (reduciendo las posibilidades de sufrir anemia ferropénica), a bajar la presión sanguínea, a reducir el estrés y las posibilidades de desarrollar depresión postparto, e incluso ayuda a aumentar el umbral del dolor.

Aunque los obstetras recomiendan usar otros métodos anticonceptivos para prevenir embarazos no deseados, la lactancia materna exclusiva (LME) suprime la ovulación. Las madres que solo alimentan a su hijo con la leche que ellas producen no tienen ciclo menstrual durante el período que mantenga la LME. Durante ese tiempo estarán protegidas hasta en un 98% de quedar embarazadas nuevamente.

Condiciones físicas o biológicas que impiden la lactancia materna

Si bien el mejor alimento para un bebé es la leche que produce su mamá, no siempre es posible amamantar por razones físicas o biológicas de la madre o de su hijo, aunque estas sean poco comunes. 

En el caso de la madre, está contraindicado que dé pecho si es portadora de VIH o si está infectada por el virus linfotrópico humano de células T de tipo 1 o 2, conocido con los acrónimos VLHT-I y VLHT-II. Este virus puede causar leucemia y linfoma y se transmite a través de la leche materna, al igual que el VIH. 

Amamantar también está contraindicado en madres con tuberculosis activa bacilífera no tratada o con lesión activa en las mamas causada por el virus del herpes simple (VHS). En este último caso, “la lactancia sólo estará contraindicada si hay lesiones en las mamas, pudiendo incluso amamantar del pecho que no tenga lesiones”, indica la Asociación para la Promoción e Investigación científica y cultural de la Lactancia Materna (Apilam).

Aunque son excepciones, otras condiciones físicas o biológicas de la mujer podrían implicar la suspensión temporal o definitiva de la lactancia, pero siempre será el pediatra quien deba indicar el procedimiento a seguir tras una evaluación médica que se le haga a la madre.

En el caso de los bebés, solo se ha demostrado que no pueden ser amamantados si padecen galactosemia, una rara enfermedad hereditaria que impiden la digestión de la galactosa. Esta patología se detecta mediante la prueba del talón que debe hacerse al recién nacido en sus primeros días de vida.

Sin embargo, la mayoría de las causas que impiden la lactancia materna no son físicas ni biológicas. Mitos, falsas creencias y desinformación constituyen importantes barreras, pero muchas veces son las condiciones externas (familiares, sociales, económicas y de políticas públicas) las que impiden una lactancia materna exitosa.


Mitos, falsas creencias y desinformación constituyen importantes barreras, pero muchas veces son las condiciones externas las que impiden una lactancia materna exitosa


Apoyar y no juzgar cuando una madre no amamanta

La pediatra Evelyn Niño asegura que es muy raro que una madre decida no amamantar por no querer hacerlo. “Es muy difícil encontrar una mamá que no haya querido amamantar. Generalmente quienes llegan a tomar esa decisión es por algo negativo que les pasó o por desinformación. Muchas sienten temor porque les han dicho que eso duele”, indica quien además es especialista en lactancia humana y fundadora y jefa del servicio Mi Gota de Leche del Hospital de Niños J.M. de Los Ríos, el único en su tipo en el país.

“Hay casos donde debes usar fórmula y eso no te quita ser una buena madre”, asegura Niño. A su juicio el rol del personal médico y de salud en estos casos, al igual que con las madres que sí dan pecho, es apoyarlas y asesorarlas, pero nunca discriminarlas ni juzgarlas. “El personal de salud debe apoyar también a aquellas mamás que no amamantan, guiándolas en cómo preparar y dar correctamente la fórmula al bebé, además de dar el apoyo psicológico y emocional que requieren esas madres para establecer un vínculo afectivo con su hijo”.

La decisión sobre cómo alimentar a sus hijos debe ser tomada por la madre y debe ser respetada por los demás. Sin embargo, el objetivo de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2019 es justamente lograr la construcción de un ambiente idóneo para que la lactancia materna sea posible, a través de la sinergia entre todos los componentes relacionados con este tema, desde el núcleo familiar de la madre y su hijo hasta los actores sociales, políticos y económicos de los países. En síntesis, que la decisión de amamantar o no hacerlo no sea el resultado de desinformación, falta de apoyo o de condiciones necesarias para lograrlo.


Hay casos donde debes usar fórmula y eso no te quita ser una buena madre


Cinco mitos comunes sobre la lactancia

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“El bebé no se llena”. Este es quizá el mito más extendido y por el cual muchas madres recurren a fórmulas lácteas para alimentar parcial o totalmente a sus bebés. Otras dan alimentos que son altamente perjudiciales para un bebé, como leche de otras mamíferas o aguas de cereales o legumbres. 

La gran mayoría de las madres tiene la capacidad biológica para producir la cantidad de leche que su hijo o hijos necesitan. Solo en casos muy excepcionales ocurren las llamadas hipogalactia o agalactia, que son la baja producción o falta de secreción de leche. Estas condiciones físicas pueden ser temporales o, en casos muy específicos, permanentes. 

Evelyn Niño explica que muchas veces las madres creen que el bebé no se llena por los siguientes motivos: se pega al pecho muy seguido, duerme corrido por pocas horas, llora constantemente o se lleva las manos a la boca con frecuencia. 

En cuanto a lo primero, los bebés obtienen del pecho de su madre no solo alimento, sino seguridad, bienestar y tranquilidad. Por ello, cuando un bebé quiere estar succionando el pecho de su madre con frecuencia no necesariamente sea porque tiene hambre. Sin embargo, en ocasiones la succión continua ocurre porque el bebé necesita aumentar la producción de leche de su madre porque está pasando por alguno de los llamados “brotes de crecimiento”, que suelen ocurrir entre los 15 y 21 días de nacido, a las seis semanas y a los tres meses. En cualquier caso, dar el pecho y no sustituirlo por chupones o biberones será siempre la elección adecuada para mantener la lactancia.

En cuanto al tiempo que pasa entre una toma y otra, Niño explica que los bebés alimentados exclusivamente con leche materna tienen un proceso digestivo más rápido, que es el acorde con su edad, por eso comen más seguido que los niños alimentados con fórmula. Esto se debe a que la leche humana forma micelas pequeñas y blandas en el estómago del bebé, las cuales permiten que el tiempo de vaciamiento gástrico sea mucho más rápido, aproximadamente de una hora y media.

Por su parte, la caseína de la leche humana es menor a la que contiene la leche de vaca, principalmente porque el tamaño de una cría humana es mucho menor a la de un ternero, y esta proteína se produce para satisfacer las necesidades de cada especie mamífera. Los bebés que toman fórmula consumen una cantidad mayor de caseína. Esto hace que se formen en el estómago coágulos más grandes y de difícil digestión, por lo que el vaciamiento gástrico tarda aproximadamente cuatro horas. Esta es una de las razones por la que algunos bebés alimentados con fórmula, de forma exclusiva o mixta, duermen más horas corridas que los que solo toman leche materna.

Otra de las causas de la creencia de que el bebé no se llena con leche materna es la limitación del tiempo que pasa en cada pecho, explica Niño. “La leche materna se compone de tres fases que no se mezclan en el seno, sino que el bebé las va consumiendo una por una. Cuando se limita el tiempo que el niño permanece en el pecho se corre el riesgo de que no logre consumir las tres fases de la leche, lo que hará que vuelva a tener hambre más rápido”.

Finalmente, algunas madres confunden el llanto del bebé o el que se lleve constantemente las manos a la boca con hambre. En cuanto al llanto, Niño explica que es la única forma de comunicación que tienen los recién nacidos. “Los bebés lloran no solo cuando tienen hambre, sino por sueño, dolor, frío, calor, necesidad de que le cambien el pañal o por cualquier otra razón que le cause molestia”. Por otra parte, el llevarse constantemente las manos a la boca no siempre es señal de hambre. Los bebés aprenden a relacionarse con su cuerpo y su entorno a través de su boca, porque están en su fase oral, indica la pediatra.

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“Ya no produzco suficiente leche”. Esta creencia suele ocurrir sobre todo a partir del tercer mes del bebé, cuando la lactancia ya ha sido establecida y el pecho de las madres deja de ser almacén y pasa a ser fábrica, produciendo solo la leche que su hijo necesita y en el momento que la necesita. Es por ello que los senos de la madre ya no lucen tan recrecidos como durante las primeras semanas del postparto, pero en ningún caso significa que la mujer ya no esté en capacidad de producir la cantidad de leche que su hijo necesita.

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“Algunos alimentos aumentan o disminuyen la producción de leche”. La producción de leche humana es un proceso celular que ocurre desde el embarazo y aumenta tras el nacimiento del bebé, sea por cesárea o parto natural, cuando ocurre la llamada “bajada de la leche”. Posteriormente, la producción se mantendrá gracias a la succión que el bebé haga en los pezones. A mayor succión, mayor producción, y viceversa.

Ningún alimento que consuma la madre incide en su producción de leche ni tampoco en su calidad. Incluso las madres desnutridas producirán leche con todos los nutrientes que necesita su bebé. Solo en casos donde la madre padece desnutrición severa la leche producida tendrá un poco menos de ácidos grasos.

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“Algunos alimentos que yo ingiera pueden causar cólicos o indigestión al bebé”. La producción de la leche materna no ocurre en el aparato digestivo de la madre ni hay ningún conducto que traspase a la leche que ella produce los componentes de los alimentos que consume. Lo único que pasa a la leche materna es aquello que ingiere la madre y va al torrente sanguíneo, pero la mayoría de esos componentes que llegan a la sangre no son perjudiciales para el bebé, solo que algunos no deben ser consumidos en exceso.

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“No puedo amamantar si estoy embarazada nuevamente”. Muchas madres suspenden la lactancia cuando saben que están embarazadas nuevamente. La pediatra Evelyn Niño explica que sí es posible mantener la lactancia durante un nuevo embarazo, incluso hasta después de que nazca el otro bebé. “Lo único que va a cambiar un poco es el sabor de la leche, pero el bebé más grande no la rechazará por ello. Seguirá tomando y la madre será capaz de producir leche para sus dos hijos”, explica.

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