La mala alimentación es un factor determinante en el contagio de la enfermedad y es la principal causa del aumento de los casos en el estado Monagas. Actualmente, el Servicio de Neumonología del hospital solo garantiza tratamiento para 100 nuevos pacientes

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La gravedad de la crisis médica y alimentaria en Venezuela que expuso en su informe Michelle Bachelet, alta comisionada de la Organización de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, se refleja en lo que ocurre en Monagas con el aumento del número de pacientes con tuberculosis pulmonar.

Diariamente, el Hospital Universitario Dr. Manuel Núñez Tovar diagnostica 18 personas con esta enfermedad y solo 5 de ellas acuden a la consulta del programa antituberculoso, donde se le entrega el tratamiento todos los días durante seis meses.

Mariela Velásquez, jefa del programa, asegura que el incremento está asociado con la mala alimentación y la desnutrición. “Si no hay un sistema inmunológico fortalecido se puede contraer la enfermedad fácilmente al tener contacto directo con alguien enfermo”, explica.

Velásquez hace referencia a un aumento de 10 % sobre los 302 casos registrados en 2018. Al cierre de ese año, en Monagas se detectaban 25,16 casos mensuales, el equivalente a 1,25 por día. “Siempre ha habido tuberculosis, la diferencia es que ahora la gente no se alimenta bien”, expone.


La última vez que el Ministerio de Salud publicó cifras sobre casos de tuberculosis fue a finales de 2016. En esa oportunidad se registraron 43 casos.


De esos 302 positivos, 181 correspondían a Maturín, el municipio con mayor afectación por esta enfermedad que para 2016, era la décimo segunda causa de atención médica en el país, según el boletín epidemiológico de ese año.

Los casos actuales, en su mayoría, provienen de comunidades donde viven familias de bajos recursos económicos, que apenas comen dos veces al día con porciones limitadas de proteínas porque el sueldo básico de 18.000 bolívares soberanos solo alcanza para comprar yuca y sardina. Para finales de marzo, una familia de tres personas necesitaba por lo menos 70.000 bolívares soberanos para cubrir el almuerzo de una semana en Maturín.

Boquerón es una de esas comunidades. Las enfermeras que entregan el tratamiento aseguran que de allí es de donde proviene la mayoría de los casos en la capital de Monagas. Pero también hay en La Pica, Las Cocuizas y Los Godos, en zonas donde la pobreza es extrema y el hacinamiento es abundante.

Otros factores que inciden en el aumento de casos

En el aumento de los casos de tuberculosis influyen otros dos factores: la falta de apoyo de la red ambulatoria y el abandono del tratamiento. En el estado Monagas existen 231 ambulatorios y consultorios populares de los cuales 91 están en Maturín.

Velásquez sostiene que en el municipio capital es donde más se necesita el apoyo de los médicos y las enfermeras para detectar la parte sintomática. La enfermedad avanza al no existir una evaluación temprana y el paciente acude al hospital cuando presenta dolor.

Pero la realidad de la red ambulatoria en Maturín es precaria. Por ejemplo, el consultorio popular del sector 2 de Viboral, parroquia Boquerón, está abandonado. Mauris Márquez reside en esa comunidad y asegura que en el dispensario falta hasta el personal de limpieza. Solo hay un médico que pasa consulta de lunes a viernes.

“Aquí el tensiómetro medio sirve, tampoco hay un termómetro para medir la fiebre y si alguien llega con fiebre tampoco hay medicamentos para bajarla. El traslado de las emergencias es difícil porque ni siquiera hay una ambulancia”, denuncia.


En el segundo corte semestral de 2018, de 133 enfermos evaluados 11 abandonaron el tratamiento en el hospital.


Sobre el apoyo de la red ambulatoria municipal, Velásquez indica que funciona más ordenado que en Maturín. Desde allá se remiten los casos y, al ser evaluados en consulta, se les indica el tratamiento; las pastillas de los primeros tres meses son entregadas a la enfermera encargada del programa.

Abandonar el tratamiento convierte a la persona en un foco de infección capaz de contagiar a cualquiera con quien entre en contacto. En el segundo corte semestral de 2018, de 133 enfermos evaluados 11 lo abandonaron.

Uno de esos pacientes es Jorge Silva, en cuyo expediente médico consta que ha abandonado la medicación cuatro veces desde que fue diagnosticado. Actualmente, ingiere sus pastillas porque una de las enfermeras lo mantiene vigilado.

Silva vive desde hace un mes en los pasillos externos del Hospital Manuel Núñez Tovar, después de que lo desalojaron de la emergencia a finales de febrero junto a otro dos hombres. Contrajo la enfermedad en 2017, cuando estuvo recluido por robo agravado en los calabozos de la Policía del estado Monagas, donde el año pasado murieron cuatro detenidos por esa misma causa.


El medicamento que llegó después de cuatro meses de espera solo es suficiente para 100 nuevos pacientes.


En Venezuela, 34 presos fallecieron por esta infección durante el primer semestre de 2018. La cifra corresponde a la Organización no Gubernamental Una Ventana a la Libertad (UVL), quien la divulgó en su boletín número 13. La cifra se obtuvo luego de monitorear 12 centros de detención preventiva del país en los que detectaron, además, un hacinamiento de 271 %.

En el tiempo que estuvo hospitalizado, Jorge vio morir a un niño con tuberculosis y desnutrición: Eliécer Plaza, niño warao de 6 años que estuvo recluido durante un mes en pediatría y que falleció durante una intervención quirúrgica a la que fue sometido por una obstrucción intestinal. Su padre, Eleazar Plaza, recibe actualmente tratamiento para la enfermedad, que contrajo en la población indígena San José de Buja, ubicada en la zona sur de la capital de Monagas.

Un país sin cifras y sin medicinas

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa y altamente contagiosa de la que no hay cifras. La última vez que el Ministerio de Salud las publicó fue a finales de 2016 a través del boletín epidemiológico correspondiente a la semana 52. En esa oportunidad se registraron 43 casos.

Los números del ministerio reflejan que el acumulado de ese año era de 3.817 casos, 496 más del total de 2015. La mayoría de los afectados, 19 en total, tenían edades comprendidas entre los 25 y 44 años. El otro grupo etáreo más afectado era el de 45 a 59 años, con 8 casos.

El servicio de Neumonología del hospital de Monagas afronta una realidad: el medicamento que llegó después de cuatro meses de espera solo es suficiente para 100 nuevos pacientes. El personal de enfermería no está seguro de cuándo volverá el otro suministro.


Diariamente en el Hospital Universitario Dr. Manuel Núñez Tovar se diagnostican 18 casos con tuberculosis.


Este es el plan B: se entregarán las pastillas de un paciente que haya abandonado el tratamiento. Para eso existe un protocolo: las enfermeras del servicio explican que esperan hasta un mes por la persona y si esta no acude, entonces reservan las pastillas para quienes sean regulares con el tratamiento; las distribuyen hasta que se agote el inventario.

“Aquí se le hace seguimiento a ese paciente, incluso se le llama. La idea es que cada quien cumpla con los seis meses de tratamiento y que al tercer mes se someta a una prueba para ver si hay o no resistencia al fármaco”, insiste Mariela Velásquez, jefa del programa.

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