El velorio de un niño venezolano y la angustia de una nación

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La familia de Erick Altuve, niño venezolano que a sus 11 años se convirtió en el cuarto infante que murió de cáncer mientras esperaba un transplante de médula ósea, lo homenajeó este martes 28 de mayo durante un velorio que permitió a los visitantes verlo por última vez. En el sitio, los asistentes se preguntaban si esa muerte pudo haber sido evitada.

El pequeño yacía en un ataúd blanco con adornos de color dorado, sobre la tapa de cristal los juguetes enmarcaban su rostro: un par de peluches de pingüinosun pequeño camión de plataforma, colores, dibujos, botellas de plástico que contenían los batidos de vainilla y chocolate que él tomaba para tratar de desarrollar fuerza. Detrás de él había un papagayo con su nombre y un crucifijo de madera, reseñó AP.

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«Compartir con él fue lo mejor», dijo llorando el padre del niño, Gilberto Altuve. «Es difícil saber que ya no está aquí».

El acto fúnebre que se realizó de forma íntima en Petare también forma parte de la angustia de un país que afronta el desastre humanitario que ha destruido la capacidad del sistema de salud de Venezuela para tratar adecuadamente a los enfermos. La muerte de Erick Altuve provocó una amarga disputa entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición en búsqueda de culpables.


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