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martes, 27 octubre, 2020

Dylan: el bebé que sobrevivió al COVID-19 luego de 43 días hospitalizado

El bebé de poco más de un año de nacido pasó casi mes y medio en dos hospitales con pronóstico reservado. Del primer centro de salud fue remitido por deficiencia de personal y de insumos, que impidió controlar una complicación ocasionado por el virus

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Caracas.Una disnea y una fiebre persistente ocasionaron angustia en el hogar de Dylan Cárdenas. El bebé de 13 meses de nacido pasó la semana entre el 5 y 11 de mayo con síntomas parecidos a los del nuevo coronavirus. La sospecha fue confirmada la tarde del martes 19 de mayo en el Hospital Universitario de Caracas (HUC), donde sus padres acudieron tres días después de detectados los primeros malestares.

Ese día Venezuela cumplía poco más de dos meses en cuarentena, una drástica medida que se implementó para contener la propagación del virus. La orden de restringir el tránsito y acceso a medios de transporte masivo, como el Metro de Caracas, fue el primer obstáculo que debieron sortear los padres del bebé. Dylan fue uno de los primeros niños contagiados con COVID-19 en el país, condición para la que ningún hospital estaba preparado.

Esta situación la constataron sus familiares menos de una semana después, relató personal del HUC a El Pitazo, quienes pidieron resguardar sus identidades. El 19 de mayo, once días después de practicada la prueba de coronavirus en el HUC, el bebé no mostraba ninguna mejoría. El déficit de personal especializado en Pediatría las 24 horas, no le garantizaba una atención diferenciada. Los médicos disponibles se turnaban entre los distintos servicios.

Luego de confirmado el caso, el bebé fue aislado en un área que compartía con otros pacientes de COVID-19. No obstante, él era el único menor de 15 años. Pese al esfuerzo de médicos y enfermeras, para el cuadro de Dylan no se hallaba un tratamiento efectivo. A las dificultades para respirar y la fiebre, que no cedía, se sumó una retención de líquidos. Todo sugería el advenimiento de una nueva complicación.

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Evolución peligrosa

A comienzos de junio la evolución de la enfermedad en su organismo lo puso al borde de la muerte. A Dylan se le detectó una insuficiencia renal. Por su historial médico se asoció el padecimiento a las complicaciones del coronavirus. El nuevo trastorno forzó una opción que los médicos habían sugerido días antes; el bebé debía trasladarse al Hospital de Niños José Manuel de los Ríos.

Ahí tendría acceso a un abordaje acorde a su edad y necesidades. Gracias a la gestión de las directivas de ambos hospitales se agilizó el traslado, que realizaron funcionarios del Cuerpo de Bomberos del Distrito Capital, reconocieron enfermeros del J. M. de los Ríos. Por la falla en el funcionamiento de sus riñones, el niño debió someterse a terapia de sustitución renal en tres de las cuatro semanas que pasó el centro pediátrico. Para esto fue necesario una intervención que permitiera la instalación de un catéter.

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Con poco más de un año de vida, Dylan había adquirido un virus pandémico, que lo llevó a ser dializado, padeció las consecuencias de la crisis por el éxodo de médicos del país y tenía un pronóstico reservado. A todo sobrevivió. A diferencia de los otros 10 niños con los que compartía diagnóstico de coronavirus, a Dylan se le aisló en un área especial del centro infantil.

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Contra todo pronóstico

El tratamiento diferenciado surtió efectos positivos en la cuarta semana de hospitalización. El 16 de junio, los síntomas graves de coronavirus habían cedido. Ahora solo le restaba cumplir 14 días más de aislamiento obligatorio, como indica el protocolo de atención a pacientes de COVID-19, que elaboró el Ministerio de Salud.

Al mediodía de este 1° de julio, rodeado de globos y aclamado entre vítores, Dylan recibió el alta médica. La cuarta prueba de COVID-19 que le hicieron en mes y medio dio negativo. Enfermeras, camilleros, médicos, obreros y personal de seguridad escoltaron con emoción al bebé a su salida del J. M. de los Ríos.

El bebé, que se convirtió en el símbolo de una gesta contra tantas adversidades, iba en brazos de su padre. El festejo se sintió en varios pisos del hospital en donde niños con patologías tan complicadas con la de Dylan esperan revertir sus diagnósticos. Era un final feliz, por primera vez en meses, y un atisbo de esperanza a toda prueba.

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