La cuarentena obliga a pacientes de diálisis a caminar kilómetros para ser atendidos

Tres pacientes renales cuentan a El Pitazo lo que deben hacer para poder asistir a los centros de salud donde reciben su tratamiento de diálisis debido a que el servicio de gasolina fue suspendido

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Pacientes renales protestan este martes en la Cirunvalación 1 para exigir el surtido de combustible a sus carros. Foto: Cortesía de usuarios

Dos kilómetros camina Humberto Abreu para llegar al Centro de Diálisis de Occidente (CDO). El joven de 27 años reside en el sector Valle Frío y debe recorrer a pie al menos 20 cuadras hasta llegar a la avenida Delicias con la calle 74, donde recibe su tratamiento de diálisis, al noreste de Maracaibo.

Abreu sale de su casa a las 4:30 am, cuando todavía está oscuro y las calles están solas. Caminar es la única opción que tiene para poder llegar al CDO desde que inició el 16 de marzo la cuarentena colectiva en el estado Zulia. La caminata la hace tres veces por semana: lunes, miércoles y viernes, que son sus días de tratamiento.

El transporte público en Zulia está restringido. Desde el jueves 19, cuando se confirmó el primer caso de COVID-19 en Maracaibo, las autoridades prohibieron la circulación de vehículos privados para el traslado de pasajeros y asumieron la movilización de las personas con buses de la Alcaldía y del Metro de Maracaibo.

Las unidades dispuestas por los gobierno municipal y regional laboran de 8:00 am a 5:00 pm. El horario no le conviene a Abreu, quien debe madrugar para tratar de ser uno de los primeros en recibir la diálisis, que debe hacer sin falta tres veces por semana desde hace cinco años.

El joven sale a las 4:30 am con su tapabocas, una botella de agua y algunos desayunos que hace en su casa para vender en el centro asistencial, una actividad que ideó para tratar de conseguir ingresos durante la cuarentena social.

Al menos una hora y 30 minutos tarda en llegar al CDO. «Cuando llego, ya hay gente esperando para la diálisis y me viene tocando como para las 8:30 o 9:00 de la mañana», comentó Abreu.

Las instituciones que prestan el servicio de diálisis redujeron a dos horas el tratamiento, que normalmente es de cuatro horas. La medida la tomaron para tratar de atender a todos los pacientes en el menor tiempo posible, debido a las restricciones del transporte público y por la escasez de la gasolina que impide a los pacientes y personal médico movilizarse con sus propios carros.

El Centro de Diálisis de Occidente atiende a unos 115 pacientes entre el lunes y sábado. Abreu comentó que un usuario no pudo asistir a la diálisis que le correspondía el sábado. «Reside en El Moján, municipio Mara. El sábado no pudo venir porque no consiguió transporte y el lunes se estaba ahogando y lo dializaron de emergencia», alertó el joven sobre los riesgo que corren los enfermos renales.

Suplicando por gasolina

El despacho de combustible se suspendió en Zulia desde el 16 de marzo para disminuir la movilidad y evitar la propagación del COVID-19. Solo algunas estaciones de servicio reciben el combustible para atender a los vehículos que presten servicios de primera necesidad: seguridad, salud, alimentos, agua, telecomunicaciones y electricidad, y deben tener su propietarios un salvoconducto emitido por la Zona de Defensa Integral (Zodi).

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El general Ríos Urbano, jefe de la Zodi Zulia, dijo en reiteradas oportunidades que los pacientes crónicos, como los renales y oncológicos, que requieren traslados, pueden acercarse a las estaciones de servicio con su informe médico para ser atendidos. Pero, este esquema se cumple a medias y sin organización.

Al menos 40 pacientes entre renales y oncológicos acudieron a las 5:00 am de este martes 24 de marzo a la estación de servicio Los Pinos en la Circunvalación 1, donde los atenderían. Ocho horas después no tenían respuesta por parte de las autoridades militares que controlan el surtido de combustible, y la bomba seguía cerrada.

Los pacientes cerraron la avenida para llamar la atención y exigir el surtido de gasolina. Junto a ellos, estaban a la espera médicos y enfermeros de los diferentes centros de salud del estado. El alcalde de San Francisco, Dirwins Arrieta, se acercó y canalizó para que les llenaran de combustible los vehículos en una estación de servicio cercana. Pero, solo 30 litros.
Once horas en una estación de servicio esperó Karina Delgado con su papá Jesús Delgado, de 78 años y quien debe dializarse tres veces por semana, para poder conseguir que les vendieran gasolina.

«El viernes y el lunes lo pudimos llevar porque un vecino me regaló 10 litros de gasolina, pero no tenía para llevarlo mañana», contó Karina Delgado, quien debió llevar a su padre a la cola para que le pudieran beneficiar. «Tengo que traérmelo a él además del informe médico para que me echen».

Delgado rechazó que los pacientes renales deban padecer esta situación. «Mi papá es diabético, hipertenso, ya perdió la vista, y tengo que tenerlo aquí en este sol y calor pa’ que me echen unos litros de gasolina, porque tengo que llevarlo a juro a sus diálisis».

El señor Delgado reside en la Urbanización La Rotaria, al oeste de Maracaibo y es atendido para las diálisis en el centro Juan Bautista Terán, por el sector Indio Mara, a unos 15 minutos en carro.

De la caridad…

Betty Martínez, de 70 años, se movilizaba en taxi hasta el hospital Universitario de Maracaibo para recibir su diálisis. Pero desde que inició la cuarentena, ya no es posible porque los choferes que le prestaban el servicio están sin gasolina.

«He podido ir porque mis vecinos me ayudan y me llevan, pero ya no tienen gasolina. Ayer (lunes 23) me llevó un vecino y mi hija llamó hasta el Hospital Coromoto y consiguió que me trajeran para la casa en una ambulancia», contó.

Martínez está en cama. No camina desde hace dos meses cuando se fracturó el fémur. El hospital, adonde debe ir lunes, miércoles y viernes, le queda retirado, como a unos 20 minutos en carro.

«Yo espero que mañana (miércoles) nos puedan ayudar con la ambulancia del hospital Coromoto, porque si no, mi hija me dijo que me llevaba empujando la silla de ruedas y yo no quiero eso. Con mi fractura, me duele todo cuando me llevan por la carretera».

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