CLAVES | Rapidez en desarrollo de vacunas contra el COVID-19 no comprometen su confiabilidad

En Estados Unidos, el proceso de desarrollo de las vacunas contra el COVID-19 contó con el acompañamiento y la asesoría de la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA), agencia que es la encargada de otorgar las autorizaciones de emergencia para el uso de los fármacos

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Foto: EFE

Caracas.- El rápido desarrollo de las vacunas contra el COVID-19, algo que quizá para muchas personas es un factor de duda sobre la seguridad y confiabilidad de los fármacos, no es un elemento que comprometa su eficacia, como lo ha señalado la Administración de Medicamentos y Alimentos en Estados Unidos (FDA) y diversas autoridades estadounidenses en materia sanitaria.

De acuerdo con Univisión, en ese país la FDA es la agencia que, junto con un consejo de expertos independientes, se ha encargado de supervisar todo el proceso de desarrollo de las vacunas para poder otorgar las autorizaciones de emergencia, por lo que son seguras.

Asimismo, en Estados Unidos la FDA desarrolla un monitoreo constante del proceso de vacunación, por lo que en caso de cualquier novedad informarán de manera oportuna.

Todas las vacunas disponibles en Estados Unidos se han probado en ensayos clínicos con al menos 30 mil personas, a lo que se suman los millones que ya se han vacunado en todo el mundo.

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Usualmente, crear una vacuna tarda entre 10 y 15 años, sin embargo, como lo destaca un reporte especial de Univisión, en este caso diversos factores aceleraron el proceso: ya existían conocimientos previos sobre las epidemias de Sars y Mers provocados por coronavirus similares; las técnicas utilizadas en cada vacuna llevaban años bajo investigación y, en Estados Unidos, la FDA asesoró a la industria en todo el proceso para acelerar el desarrollo de las vacunas.

Las fases para el desarrollo de una vacuna son cuatro: la preclínica, en la que se prueba con animales la seguridad y la eficacia; la fase I, en la que se evalúa con voluntarios, de entre 20 a 100 personas sanas, para saber si hay reacciones adversas con el aumento de las dosis; la fase II es en la que participan centenares de personas con distintas dosis para medir efectos secundarios; la última fase, la III, es en la que participan miles de personas, unas reciben la vacuna y otras un placebo, para medir la eficacia de los fármacos.

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En el caso de las vacunas contra el COVID-19, los ensayos clínicos de la fase I y II se iniciaron casi de forma simultánea y la fase III se inició antes de tiempo, con el mantenimiento, en paralelo, de distintas etapas de ensayos clínicos.

«El proceso de la velocidad no comprometía en absoluto la seguridad ni la integridad científica. Fue un reflejo de los extraordinarios avances científicos en este tipo de vacunas, que nos permitieron hacer en meses lo que antes nos llevaba años», explicó Anthony Fauci, director del Instituto de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos.

Con información de Univisión.

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