Caraqueños consumen agua de tomas improvisadas a pesar de los riesgos para la salud

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Caracas.- Durante las últimas semanas, la capital venezolana parece la canción de Simón Díaz que habla sobre Mercedes bañándose en un río. Luego de tres apagones que dejaron a las familias desprovistas de todos los servicios básicos, muchos acudieron a las quebradas que bajan desde el cerro El Ávila para recolectar agua, pero, además, algunos se bañan y lavan la ropa.

A pesar de que el Ministerio de Ecosocialismo dispuso de ocho puntos de aprovechamiento como parte del plan de abastecimiento de agua en medio de la contingencia, las tomas improvisadas siguen llenándose de personas que llegan con botellones y tobos para recolectar el líquido, sobre todo, para hidratarse. El ministro Heryck Rangel advirtió sobre el origen del agua de Caracas y aseguró que debe potabilizarse, aun así, muchas familias la consumen sin hervirla ni purificarla.

Raimundo Patiño es uno de esos. Comenzó a buscar agua en el mes de enero cuando en su casa se agudizó la escasez. Va desde Sabana Grande, parroquia El Recreo, hasta la toma de la Cota Mil a la altura de La Castellana. Cada ocho días va caminando y siempre carga 60 litros, se tarda más de dos horas. En su casa no hierven ni potabilizan el agua y Raimundo asegura que desde que comenzaron a consumir el agua de la montaña, su esposa ha sanado algunos malestares estomacales.

Luego de tres apagones masivos, la falta de agua se agudizó y muchos intentan conseguirla donde sea | Foto: Ronald E. Peña

“Yo no me acostumbro a esto, porque yo no viví así”, expresa Sobeida Espinoza, quien va con su vecina Dulce Torres hasta la quebrada Chacaíto, en la falda del Ávila. Aunque no saben qué tan apto sea el líquido, lo llevan para cocinar, limpiar, bañarse e hidratarse. No confía en la potabilidad de esa agua, pero no tienen opción. Tampoco le gusta la calidad del agua que llega a través de las tuberías. Le tocó buscar agua porque los cinco tanques de 5.000 litros, que le duraron un mes y medio, se quedaron vacíos. Ella asume los riesgos que puedan significar utilizar el agua de la quebrada. Incluso para bañarse, prefiere hervirla.


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El miércoles 27 de marzo, el Ministerio de Ecosocialismo comenzó con el plan de abastecimiento frente a la contingencia; los puntos eran los parques Zoológico de Caricuao, Los Chorros y Generalísimo Francisco de Miranda, además, la Cota Mil a la altura de la avenida Baralt, Sebucán, Altamira, Boleíta y Chacaíto. Una semana después, ninguno de los espacios destinados para la recarga de agua contaba con resguardo policial o guiatura de personal del ministerio que indicara cuál es el uso adecuado del agua. En el Parque del Este, los guardias nacionales solo velaban por el llenado de los camiones cisterna.

Los caraqueños, en medio de la contingencia, han sacado agua de todas partes. La semana pasada, vecinos de la parroquia Santa Rosalía recogieron el líquido de una alcantarilla en el sector El Cementerio. Lisbeth Infante cuenta que el agua se veía clara, porque provenía de un tubo matriz, pero desembocaba en una alcantarilla, lo que la ensuciaba, por eso, ella la recolectó solamente para mantener limpio el baño.

En Caracas, familias acuden a tomas improvisadas. La mayoría provenientes del Ávila | Foto:
Ronald E. Peña

Infectólogos venezolanos han advertido sobre el riesgo de la propagación de enfermedades asociadas al consumo de agua como la salmonella y el cólera. La Red de Sociedades Científicas Médicas Venezolanas estima que anualmente, en los países en desarrollo, mueren cerca de tres millones de menores de cinco años por diarrea asociada a la mala calidad del agua.

El Ministerio de Ecosocialismo insiste en la potabilización del agua, sin embargo, ninguno de los puntos de aprovechamiento estaba resguardado a una semana del anuncio del plan | Foto:
Ronald E. Peña

Mientras tanto, muchos improvisan incluso piscinas dentro de construcciones inconclusas como los túneles que se suponían que conectaría la Cota Mil con La Guaira, en el estado Vargas; y en la calle 10 de Palo Verde. Niños y adolescentes se bañan en aguas turbias, con olores y nadie los vigila.

Foto: Ronald E. Peña
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