Los migrantes cuestionan las tardías acciones del gobierno federal para frenar la expansión del COVID-19, así como la escasa información para evitar el contagio. En pocos estados como Nuevo León aplicaron medidas medidas para combatir la enfermedad desde que se conoció el primer caso en el país azteca

México tomó en serio la pandemia por coronavirus hace apenas unos días, cuando el país entró en la fase II de contagio (comunitarios). Antes, las autoridades federales habían minimizado los efectos del virus que ha matado a miles en Europa y Estados Unidos. El presidente Andrés Manuel López Obrador mandó a los ciudadanos a abrazarse cuando ya habían pasado 13 días del primer caso; pidió que no dejaran de salir a los restaurantes cuando ya se contabilizaban 316 casos y dos muertes. Fue este jueves, 26 de marzo, cuando finalmente se suspendieron las actividades públicas y concentraciones mayores a 50 personas.

A la mayoría de los venezolanos migrantes, residentes en el país, la crisis sanitaria no les tomó por sorpresa y optaron por tomar de manera “autodidacta” las precauciones ante el COVID-19. ¿La preocupación común? El impacto en la economía y la posibilidad de que México registre muchísimos casos por la acción tardía del gobierno central.

Karis Machado es venezolana, radicada en la Ciudad de México desde hace dos años. Lo que sabe del coronavirus y de cómo evitar contagiarse, lo aprendió porque tiene información acerca de lo que pasa en Europa y China. Trabaja en mercadeo y al menos dos o tres veces por semana debe salir a reunirse con clientes, pero por iniciativa propia mantiene medidas de higiene y desinfección en su casa y carro. “Uso mascarillas en lugares donde hay muchas personas, me tomo la temperatura siempre. Cuando entramos en la fase II, que fue en donde los demás países se desató la epidemia, me entró un poco de miedo por lo que podría pasar en las próximas dos semanas. Algo que no he podido hacer en la actualidad es mantener el distanciamiento con gente que quiero, ni decirle que no me visite a una amiga que sé que anda solita. En fin, estoy tratando de implementar lo mejor que puedo las medidas”, sentenció.

Por su parte, a Daniel Arias, venezolano, residente en Ciudad de México desde hace cuatro años, le preocupa la situación económica ante la pandemia. Hace unos meses decidió emprender una agencia de viajes y organización de eventos. “Esta situación afecta directamente nuestra forma de ganarnos la vida. Confiamos en que pronto toda esta tormenta pasará. Es imposible realizar en este momento nuestro trabajo. Sin embargo, hemos estado haciendo seguimiento a pagos, actualizando proveedores, preparando todo. La ciudad, sorpresivamente, aún tiene mucho movimiento; en ocasiones hemos ido a un mercado cercano y pareciera que no pasara nada. Hablo con mi familia en Venezuela y aunque les ha tocado difícil en otros aspectos, me comentan que están más conscientes de lo que está pasando y están tomando medidas”, puntualizó.

Ciudad de México es una de las más habitadas del mundo, según la Organización de Naciones Unidas, y frente a la pandemia tomó las medidas que en otros estados ya llevan dos semanas. Refieren los habitantes de la capital que hay gente en la calle, algunos con tapabocas y otros no.

Como si fuese otro mundo

A pesar de que los voceros del gobierno central no han tomado acciones radicales, como en otros países (cierre de aeropuertos), para evitar la propagación del coronavirus, las autoridades estatales sí lo han hecho. Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, es el gobernador de Nuevo León, al norte de México, y desde que se conoció del primer caso en la entidad pidió a los ciudadanos seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud: suspensión de clases en todos los niveles, lavado de manos, distanciamiento social, cierre de establecimientos de entretenimiento y de diversión y cuarentena preventiva.

Gabriel Pereira es venezolano, radicado desde hace dos años en Monterrey y trabaja en San Pedro Garza García, el “Beverly Hills de Latinoámerica”, pero también el municipio de Nuevo León con más casos positivos de coronavirus. Una semana después de la confirmación del primer infectado, en la agencia de publicidad para la que trabaja, aplicaron el teletrabajo. Su dinámica es otra, de cuatro juntas presenciales a reuniones por Zoom, Hangouts o Skype, confinado en su casa.

“Siento que el gobierno mexicano fue muy positivo frente al diagnóstico, rayando en la imprudencia. Me he visto obligado a utilizar herramientas tecnológicas que realmente no conocía para poder estar en permanente comunicación con el resto del equipo de la oficina. Se me hace difícil diferenciar entre sentirme en casa y estar trabajando, especialmente cuando hay niños, que también están en cuarentena y demandan atención. Mi preocupación a nivel laboral es que las empresas para las que trabajamos disminuyan el interés en generar publicidad y eso redunde en la desmejora económica y en el peor de los casos, el despido. Desde el punto de vista de salud, no siento gran preocupación por mí y mi familia porque decidimos aislarnos y resguardarnos; mi inquietud es con respecto a la familia en Venezuela: qué hacen, a dónde fueron, si hay algún conocido con el virus y eso es desgastante”, sentenció.

Jessi Freitez tiene cuatro años en México y la empresa para la que trabaja, una comercializadora de cartón, sigue operando todos los días, por lo que tiene que ir a la oficina. “Mi trabajo se centra en la relación entre los clientes y los proveedores. Vemos cosas administrativas con programas que tenemos instalados en la oficina. Por eso tomaron la decisión de que estemos in situ, al menos hasta que haya medidas más drásticas de aislamiento”, apuntó. Una de sus principales preocupaciones como migrante es la salud porque no tiene un seguro privado y los sistemas públicos generalmente colapsan, y más en situaciones como la actual. 

“Siento que México ha sido muy leve para tomar medidas importantes y a la larga esto puede generar un impacto importante en la salud. También me preocupa el impacto económico que puede traer la pandemia, no solo a nivel personal, sino a nivel nacional y mundial. A la larga México tendrá que tomar medidas más rigurosas, no sé si a tiempo, pero las medidas no están pensadas para no impactar la economía. Algunas se están tomando a la ligera”, sentenció.

Freitez ve a diario cómo Monterrey, una de las principales ciudades industriales del país, ha bajado su ritmo: disminuyó el tráfico y la mayoría de los negocios de comida y servicios están cerrados, agregó la venezolana.

“Tomo todas las medidas que se oyen en los medios de comunicación: me lavo constantemente las manos, siempre estamos en casa. Pero me dijeron que en estos días el centro de la ciudad estaba como siempre: la gente caminando, en multitudes, pegados y sin mascarillas. Siento que la comunicación del Estado no ha sido la correcta para decirle a la gente que hay que resguardarse. Los que están en su casa lo han hecho porque quieren y porque lo han escuchado”, refirió Maritza Lozano, quien tiene tres años como residente en Monterrey, trabaja para una empresa de cítricos en el área de sistemas y desde hace al menos 10 días lo hace a distancia, por prevención al contagio de coronavirus.

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