En el sector Las Trinitarias, las familias están a merced de enfermedades porque desde hace más de dos décadas no reciben agua por tuberías. Cuentan con tanques para almacenar el líquido, pero a costa de un gran esfuerzo para llenarlos. Todo se pudiera solucionar si Hidrocapital les permitiera conectarse a un tubo matriz, pero repetidas veces han recibido una negativa. «Aquí se han muerto varios y nunca vieron el agua llegar», dice una vecina

Por: Yusmary Coccia | Programa de Nuevos Periodistas

El Hatillo es conocido por su atractivo turístico y crecimiento económico. Sin embargo, hay una comunidad que desde hace más de 20 años no recibe agua potable. Se trata de la urbanización Corralito, del sector Las Trinitarias, la única que no cuenta con el importante servicio. Sus calles de tierra se inclinan hasta lo más alto del municipio y en ambos extremos de la carretera se ven zanjas, tubos y mangueras enterrados en espera de la circulación de agua. El problema es que los vecinos aún no obtienen el permiso para conectarse a la tubería principal.

“Aquí, la mayoría somos viejitos y jubilados. Esto se debería llamar la villa de los viejos. Somos un geriátrico con mucho monte”, comenta con humor la profesora Elinor Cones.

A Las Trinitarias la conforman 30 casas, de las cuales 18 están habitadas y las demás fueron abandonadas por los propietarios debido a las condiciones del lugar. La familia más numerosa la integran 5 miembros y muchos de los hogares solo tienen a un habitante de la tercera edad, que no cuenta con ayuda, porque los familiares están fuera del país o fallecieron.


Gastas medio día buscando el agua, para bañarte máximo 10 minutos y cocinar

Ellans Ferrero, epidemiólogo y vecino del sector

Los vecinos son profesionales que dedicaron su vida al servicio público: profesores, doctores, periodistas, comerciantes, que actualmente se esfuerzan por tener dinero suficiente para cubrir el gasto de agua.

“Vivir sin agua es amargo, duele y sale caro. Implica gastar en bombonas y bombonas para hervir el agua, en botellones; usar gasolina para ir a llenar; pagar cisternas cuando se puede; comprar agua potable, nunca paras. Trabajas o inviertes tu tiempo para bañarte. Gastas medio día buscándola, para bañarte máximo 10 minutos y cocinar. Cuando te enfermas, duele. Duele porque es difícil ir con un fiebrón a cargar agua”, denuncia Ellans Ferrero, vecino, epidemiólogo y cirujano del sector.

En cada rincón de Las Trinitarias, se observan tanques de agua, una estructura cilíndrica azul que se alza hasta tapar parte de las casas. El mínimo es de dos por vivienda y estos cargan de 500 a 4.000 litros. Al mirar de cerca, la referencia cristalina del agua desaparece. Como consecuencia del almacenamiento se tiñe de marrón o verde y, en algunos casos, es un criadero de larvas.

“Por mucho que hierva, el agua que usamos queda un poquito verdecita, pero cómo hacemos si no hay más”, dice María Vega, otra habitante del sector. El líquido sirve para lavar, limpiar y otras necesidades. Añaden los vecinos que a veces es reutilizada: de bañarse en una ponchera a vaciarla en la poceta; de los platos sucios a regar las plantas y así se pasa de una actividad a otra.

Crisis de salud silenciosa

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), “cerca de un millón de personas fallece cada año a causa de enfermedades diarreicas contraídas por la insalubridad del agua, de un saneamiento insuficiente o mala higiene de las manos”.

En Las Trinitarias, la diarrea es una de las enfermedades más comunes que sufren los habitantes. En un entorno con agua contaminada y baja salubridad, los parásitos forman parte de la cotidianidad de las casas. Incluso si el problema estomacal se agrava, sus habitantes admiten que no tienen agua para solucionarlo. Pero esta no es la única enfermedad con la que conviven a diario.

El agua estancada es la principal causa de la proliferación del Aedes aegypti, el mosquito transmisor del dengue, la fiebre amarilla, la chikunguña, la fiebre de Zika y otros virus. En meses anteriores, una vecina de Las Trinitarias estuvo al borde de la muerte por un dengue hemorrágico que bajó sus plaquetas a 30.000, cuando el valor normal para una persona adulta es de 150.000 y 400.000 por microlitro de sangre.


Por mucho que hierva, el agua que usamos queda un poquito verdecita

María Vega, habitante de Las Trinitarias

Asimismo, otra gran preocupación de los habitantes es la aparición de tres casos diagnosticados de Leishmaniasis. Una enfermedad zoonótica con mayor presencia en África que, según la Organización Panamericana de la Salud, tiene una tasa de mortalidad del 90 % en pacientes que no son atendidos a tiempo. Además, puede causar la perforación o desprendimiento de la nariz, la boca o las orejas si se trata de una manifestación mucocutánea.

Para el doctor Ellans Ferrero, epidemiólogo y cirujano, en Las Trinitarias están en medio de un área endemo-epidémica con todos sus riesgos. “Una comunidad sin agua lleva todas las de perder desde el punto de vista epidemiológico”.

Además de estas enfermedades, la mayoría de los vecinos ha sufrido en repetidas ocasiones de sarna e infecciones urinarias por las dificultades de aseo.

En búsqueda del agua

“Si el agua no llega, hay que buscarla”, explica Marilú Gutiérrez. Ella y su esposo tienen seis tanques de agua, en principio eran dos, pero los vecinos que se fueron del sector les regalaron sus recipientes. Estos los llenan exclusivamente con agua de lluvia y deben durar seis meses. Al momento de la entrevista, la pareja de adultos mayores tenía disponibilidad de agua para menos de mes y medio.

Otros vecinos prefieren llevar sus botellones de agua al llenadero de Las Trinitarias. Sin embargo, este trayecto no puede ser continuo porque daña los carros y requiere de gran cantidad de tiempo.


Una comunidad sin agua lleva todas las de perder desde el punto de vista epidemiológico

Ellans Ferrero, epidemiólogo y vecino del sector

Elinor Cones, de 61 años, fue una de las vecinas que se quedó sin carro durante 3 años. “Yo agarraba 2 botellones, los ponía en un carrito de mercado y me iba hasta arriba, al Samán, a ver quién me hacía el favor de llenarlos, a muchos vecinos no les gusta. Después llegaba y me montaba el botellón aquí (señala su hombro) para vaciarla en el tanque, de ahí quedé con bursitis”

En cuanto a las cisternas, las definen como “tema complicado”. Estos camiones cobran 40 dólares para dotar de agua a cada casa y muchas veces se niegan a ir por las condiciones de la calle. “Tiene que haber por lo menos 4 días de sol para que suban, si llueve no lo hacen y si hay mucha sequía tampoco”, explican los vecinos. De igual forma, dicen que no es algo constante y algunos pueden pagar el servicio cada 3 o 4 meses.

Una gestión que tiene casi dos décadas en espera

La primera reunión con Hidrocapital para instalar la red de aguas blancas en Las Trinitarias se realizó en 2006, según consta en acta. Sin embargo, hasta 2013, la institución tuvo varios cambios de gerentes y esto retrasó el trámite. En 2014 se aprobó el proyecto Distribución de Agua Potable del Sector Las Trinitarias, El Samán, de Carlos Corrales, ingeniero de la Universidad Simón Bolívar.

Después de 18 años de gestión y 10 con el proyecto aprobado, una conexión de 5 metros de tubo separa al sector del servicio de agua. Ya tienen todo el material necesario. Sin embargo, requieren de un permiso por escrito para conectarse a la tubería principal. “No podemos conectarnos hasta que nos den la autorización y, para eso, Hidrocapital tiene que venir, hacer la inspección y darnos el permiso para conectarnos. Solo es mirar, decirnos que sí, y ya, ahí mismo nos puede llegar el agua, no falta nada”, dice Elinor Cones.

A diario, Cones recibe la misma llamada de Hidrocapital: “¿Resolvieron el problema?, ¿ya tienen agua?” y ella siempre debe dar la misma respuesta: “No, porque ustedes no han venido”. Además, cuando Saúl Cruz va hasta las sedes de Hidrocapital en Sabana Grande y Maripérez, le informan que los papeles del proyecto de agua se perdieron, pese a tener varios informes con el sello de recibido por cada institución.


Aquí varios se han muerto y nunca vieron llegar el agua

Marilú Gutiérrez, vecina

Hasta el momento, todas las reuniones e inspecciones con la institución han sido suspendidas de forma inesperada. El 30 de abril, El Pitazo asistió a la comunidad para presenciar una reunión con representantes de Hidrocapital, pero esta fue cancelada 30 minutos antes de la hora pautada a través de un mensaje de texto que decía “reunión pospuesta hasta nuevo aviso”.

Los vecinos no tienen una explicación para las evasivas. No obstante, recuerdan que hace pocos años algunos grupos aliados del Gobierno mostraron interés por quedarse con el terreno de Las Trinitarias.

La tubería ya llega a cada una de las 18 casas habitadas de Las Trinitarias, pero permanece seca, mientras los habitantes esperan el día en el que puedan cambiar el agua de sus tanques de manera semanal. “Aquí varios se han muerto y nunca vieron llegar el agua”, concluye Marilú Gutiérrez.

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