Tras el deslave de Vargas en 1999, el Gobierno de Venezuela ideó un plan de intervención para minimizar el riesgo de aludes torrenciales en el litoral central. Así surgió el Plan Vargas 2005. Las lluvias excepcionales registradas entre octubre y noviembre de 2022 revivieron miedos y evidenciaron la necesidad de políticas de recuperación de esas obras

Las lluvias de octubre y noviembre de 2022 encendieron las alertas en los vecinos de los sectores La Veguita, La Guzmania y las calles José María España e Isabel La Católica de Macuto. El sonido del agua y el olor a tierra mojada de la cuenca, así como la sedimentación que se desprendía por la saturación de los suelos, revivió los miedos que se guardan en el alma de muchos sobrevivientes de la tragedia de Vargas en 1999.

Y aunque el río no se desbordó, los vecinos sintieron la necesidad de ir aguas arriba para ver cómo estaban las presas y las obras que construyó la hoy extinta Corporación para el Desarrollo del estado Vargas (Corpovargas), creada tras las lluvias excepcionales de hace ya 23 años, para dar protección ante posibles eventos futuros.

“Lo que vimos fue impresionante. Entre las obras de protección que se construyeron está una estructura que nosotros llamamos ‘el tenedor’, porque es una presa con pilares para detener cualquier roca. Esta estructura está completamente saturada. Ya el agua no pasa por los espacios entre los dientes, sino que se abrió paso por un costado. Esa presa ha hecho su trabajo. Ha mantenido a salvo a quienes vivimos en La Veguita, pero nos preocupa que nadie ha venido a hacer mantenimiento. No se trata de limpiar solo los cauces. Hay que hacer mantenimiento a las obras de riesgo”, explica el vecino Juan Carlos Santos.

Cuando Santos se refiere “al tenedor”, lo hace para hablar de una presa abierta de unos 12 metros de altura, realizada en concreto armado y reforzamiento, que es una de las 62 obras de control y mitigación de riesgo realizadas en 25 cuencas del litoral central venezolano entre los años 2002 y 2008.

Lo visto por Santos y los vecinos que lo acompañaron se replica en las presas de otras cuencas, como Naiguatá y Camurí Grande (Naiguatá), Tanaguarena, San Julián y Camurí Chico (Caraballeda), El Cojo y Macuto (Macuto), Osorio (La Guaira), Piedra Azul (Maiquetía), Curucutí (Carlos Soublette), Tacagua y Mamo (Urimare – Catia La Mar), entre las más conocidas. 

Todas las obras de mitigación de riesgo mencionadas registran el mismo problema: la falta de mantenimiento y, lo que es más grave, la ausencia de un ente público que lo asuma como una de las funciones inherentes a su despacho. 

“A quién le corresponde esta responsabilidad. Quién debe venir a limpiar este cauce. Quién debe terminar la canalización inconclusa. La Alcaldía dice que no le corresponde; la Gobernación, que son obras muy grandes y el Gobierno nacional no viene para acá. Entonces es como si las cuencas y las presas no tuvieran dolientes”, se pregunta y después afirma con angustia Yorvi Salazar, quien vive en el sector Los Conucos.

“Aquí el río creció y esto se puso feo —continúa Salazar—, pero las máquinas solo están limpiando la desembocadura y atendiendo la emergencia de la avenida La Playa; sin embargo, a la zona alta de El Teleférico y El Cojo también nos afectó el río. Las presas de más arriba están saturadas y uno teme, porque si con la presa haciendo su trabajo se desbordó el río, cómo será si la presa ya no cumple su trabajo”.

Cuestión de competencias

La interrogante de Salazar sobre la competencia para el mantenimiento de las obras de minimización de riesgo en Vargas tuvo respuesta clara hasta el año 2010. Hasta esa fecha, el mantenimiento era competencia de la Corporación para la Recuperación y Desarrollo del Estado Vargas (Corpovargas), ente suprimido por orden del entonces presidente Hugo Chávez y que fue creado para realizar obras macro postragedia de 1999. 

En la Gaceta Oficial en la que se suprime Corpovargas en febrero de 2010, se indica que sus bienes, instalaciones y competencias se transferirán al Gobierno regional de la entidad costera, dirigido para ese momento por el gobernador Jorge García Carneiro. Sin embargo, atender las obras de minimización de riesgo nunca fue prioridad del hoy fallecido mandatario.

El Pitazo consultó al actual gobernador de Vargas (entidad que el oficialismo llama La Guaira desde el año 2019), José Alejandro Terán, sobre la responsabilidad del Gobierno regional con el mantenimiento de estas estructuras. 

El mandatario indica que la limpieza de las cuencas está siendo atendida por su despacho. “Nosotros reconocemos que este es un estado de vulnerabilidad permanente ante la lluvia. Por eso tuvimos un plan previo. Si no lo hubiésemos hecho, lo que ocurrió en el río El Cojo hubiese sido mucho peor”.

Pero un asunto es la cuenca y otro, las presas. “Sabemos que hay obras, como la presa de La Veguita, que están saturadas. Estamos elevando un informe nacional en busca de apoyo para poder intervenir, pues se trata de trabajos de mayor envergadura”, asegura Terán. 

El informe referido habría sido enviado al Ministerio de Interior y Justicia para ser analizado por el Viceministerio de Riesgos y Administración de Desastres. Fuentes del Gobierno regional aseguran que el documento fue remitido a mediados del mes de noviembre, pero a la fecha no ha recibido respuesta. 

Este no sería el primer informe sobre el estado de las obras de minimización de riesgos en Vargas elevados a la Comisión Nacional de Riesgos que no obtienen respuesta. Ya en 2014 un amplio informe, en el que participaron organismos nacionales, regionales y universidades, fue levantado. El informe estimaba que, para ese momento, el 47 % de las presas de la entidad estaban saturadas. Lo mismo ocurrió en 2019. Ya en esa ocasión se determinó que 70 % de estas obras estaba comprometida “por saturación o daño”. Sin embargo, no se ha diseñado ninguna posible intervención. 

Acciones inmediatas 

“La única garantía de protección que tiene Vargas ante futuros deslaves es dar mantenimiento a presas y canalizaciones. Hay que reconocer que se hicieron grandes obras para la minimización del riesgo, y también reconocer que han cumplido con su objetivo ante lluvias extraordinarias, como las de estos últimos meses. Pero también es evidente que ha faltado mantenimiento, que no debe ser visto como la acción ante hechos puntuales, sino como una política sostenida del Estado”, explica el docente universitario José Luis López.

López es ingeniero civil, con máster y doctorado en ingeniería hidráulica e hidráulica fluvial, quien ha estudiado el proceso en las cuencas del litoral central desde hace 22 años. Además ha desarrollado sus investigaciones con el Instituto de Mecánica de Fluidos de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela (UCV). 

Al ser consultado sobre un posible plan de acción, López indica que es necesario comenzar por “recuperar las vías de acceso a estas obras y trazar acciones que permitan que las rocas y el material más grueso pueda ser recuperado por empresas especializadas para lograr su despeje. Hay daños estructurales importantes que deben ser resueltos”. Otra acción implica la construcción de presas menores que refuercen las que ya están levantadas. 

Quien fue presidente de Corpovargas, ingeniero Alejandro Volta Tufano, hoy en el retiro tras 30 años de servicio militar en la Guardia Nacional, coincide con esta visión. En conversación telefónica con El Pitazo explica que se deben construir más presas y culminar las obras que no se realizaron, pues nunca se aprobó la continuidad del Plan Vargas 2005, denominado Plan Vargas II.

“Toda la estructura que construyó Corpovargas fue realizada con la visión de dar garantía de unos 50 años de protección. Las presas no fueron hechas para ser limpiadas, sino para recibir mantenimiento, especialmente en los cauces, con la finalidad de garantizar la trayectoria del agua. Hay un proceso que se da en temporada de sequía, cuando se compactan los sedimentos naturales. Claro que debe haber una vigilancia constante que deben cumplir los organismos competentes”, indica brevemente Volta Tufano. 

Y mientras las instancias determinan quién y cómo se intervendrán las obras de minimización de riesgo, vecinos de La Veguita, como Juan Carlos Santos, piensan en “el tenedor” y lo mucho que los ha protegido… hasta ahora. Solo piden que la intervención no sea demasiado tarde. 

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