No es la falta de lluvia lo que mantiene deprimida la producción de la tierra de esta región central del país, hasta hace unos 20 años, una de las más prósperas

Redacción: Paula Bauer

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En “terapia intensiva”se encuentra la agricultura en el eje occidental carabobeño (Bejuma, Miranda y Montalbán). Las zonas que por décadas fueron prósperas y donde se cultivaban diferentes tubérculos, frutas, verduras, café, cacao, entre otros productos que no solo ayudaba al abastecimiento de sus pobladores, sino a los mercados  nacionales, hoy en su mayoría se encuentran desoladas.

Al llegar a Chirgua, valle papero hasta hace cinco años atrás, se pueden observar las tierras que por años plantaron este tubérculo, solas o sembradas de otros cultivos.

El agricultor Andrés Cabrera explicó que la situación de la producción agrícola en el eje occidental es totalmente crítica, como en el resto del país. 


En terapia intensiva se encuentra la agricultura en el eje occidental carabobeño


Dos décadas de déficit 

Los trabajadores del campo desde hace dos décadas vienen sorteando toda clase de obstáculos, entre ellos la pérdida de la propiedad privada,  expropiaciones y lo más grave, la escasez de los insumos necesarios para la actividad agrícola. “Con la promulgación de la Ley de Tierras perdimos las garantías jurídicas y por ende la propiedad de nuestras fincas; no pudiendo así hacer ninguna transacción con las entidades financieras”, acotó Cabrera.

El productor Marcos León recordó que con la nacionalización y expropiación de las empresas destinadas a vender los  insumos agrícolas, como Agro Isleña, se generó la escasez en estos rubros.

La falta de semillas certificadas, abonos, herbicidas, plaguicidas, fungicidas, que sólo pueden conseguir los productores en el mercado negro y a precios inalcanzables, ha hecho cuesta arriba las labores del campo, incluso, quien se atreve a sembrar lo hace bajo el riesgo de pérdida, según explicó León.

A la falta de insumos para producir, se le suma la ola delictiva que viene azotando a los agricultores. Muchas veces quienes producen frutas y verduras como maíz, plátanos, tomate, pimentón, ají dulce, cambures, lechosa, entre otros, se ven en la obligación de  sacar la cosecha antes de tiempo para evitar el hurto de las mismas.


La nacionalización y expropiación de empresas destinadas a vender insumos agrícolas,  como Agro Isleña, impulsó la escasez de distintos rubros


Quienes crían aves, cochinos  y ganado también enfrentan el mismo panorama. En cualquier oportunidad, en especial en horas de la madrugada, los maleantes aprovechan no solo para cargar con los animales, sino también con las herramientas de trabajo.

Marcos León aseguró que desde el momento en que el entonces presidente Hugo Chávez  dijo en cadena nacional que justificaba el robo por hambre, empezó una ola delictiva que nos ha perjudicado.

Detalló que en su caso particular tuvo que deshacerse del ganado que tenía en su finca. “Todas las semanas se robaban dos toros, tuve que salir de ellos y así han hecho varios productores”.

Añadió que hay mucha impunidad,  pues si la policía detiene a los maleantes, los sueltan posteriormente. Esta situación les ha causado grandes pérdidas.

Paperos sin papa 

En los valles altos carabobeños existían alrededor de 100 productores de papa, a quienes desde hace cinco años les ha tocado reinventarse y explorar otros cultivos para poder sobrevivir, ya que dejaron de importar la semilla para sembrar este tubérculo.

Aldemaro Ortega, presidente de la Federación de Productores de Papas y Hortalizas de Venezuela (Fenaphort), explicó que hace cinco años se eliminó el dólar preferencial que les otorgaba el Gobierno nacional para importar la semilla desde Canadá. Ahora, de su propio bolsillo deben costear la adquisición y a precio de dólar libre, lo que eleva el costo de producción. “Para comprar semilla tenemos que depositarle al Banco Central los bolívares y esperar que el banco apruebe las divisas, pero nunca pudimos reunir entre todos los paperos el dinero necesarios para importarlas; hay un problema de liquidez. Hicimos varios intentos para traer semilla de papa, pero no pudimos, por lo que se dejó de traer”.

Ortega dijo que en Carabobo 120 productores de papa ahora siembran leguminosas, tomate, pimentón y hortaliza asiática (monte chino). “Nos atrapó la crisis país, y eso hizo que nos volviéramos inventivos. Tenemos maquinarias exclusivas para el cultivo de papa, bombas y tuberías  para riego aéreo, por lo que necesitábamos sembrar un cultivo que fuera compatible con este sistema y vimos que la caraota encajaba, es un cultivo más rápido, silvestre y que genera tanto o igual ingreso que la papa. Esto nos dio una especie de respiro, aunque soñamos con volver a sembrar papa, pero se ha vuelto un cultivo muy costoso”.

Estos productores han intentado buscar en el ámbito nacional semilla, pero por los momentos solo la hay  en Mérida, en donde tienen un centro de reproducción de semilla para cultivar papa amarilla la cual no es compatible para esta zona que solo produce papa blanca por su tipo de suelo y clima. Ortega añadió que han querido reproducir la semilla que ellos requieren de manera in vitro, pero igualmente es un proceso caro. 


A la falta de insumos para producir, se le suma la ola delictiva que viene azotando a los agricultores del occidente de Carabobo


Adiós a la naranja valenciana

La enfermedad conocida con el nombre de “dragón amarillo”  llegó hace unos tres años a la zona carabobeña. Ha devorado gran parte de la plantación de cítricos de los valles altos y, al paso que va, los citricultores estiman que la producción terminará por desaparecer.

Marcos León explicó que para contrarrestar esta enfermedad deben mantener los cultivos en óptimas condiciones, pero la falta de fertilizantes, insecticidas y herbicidas lo hace imposible. “Nosotros mismos hacemos un abono con humus de lombriz californiana, pero hace falta urea, que pese a que se produce en el país y está bajo el control de los militares, no se consigue. No sabemos qué hacen con ella”.

Para paliar un poco la enfermedad, los productores preparan un té de nim que espanta a la plaga pero no es suficiente, es un método muy casero y según detalló León, lo ideal es hacer una fumigación aérea en las zonas afectadas, con el apoyo del gobierno. 


120 productores de papa ahora siembran tomate, pimentón y hortaliza asiática por la falta de semillas del rubro originario


León contó que la maleza la sacan con pico y machete como hace 50 años atrás. “No tenemos los elementos para convivir con la enfermedad. Hay fincas que han desaparecido en la zona, otras cuya producción ha caído en un 80 por ciento; nosotros en un 50 por ciento. Estamos condenados a la desaparición”, aseveró.

Al igual que los paperos, los citricultores están migrando a otros cultivos como el café, plátanos y maíz. Otros han sacado las naranjas y se dedican a la ganadería. “Esto significa nuevas inversiones, grandes sacrificios. Yo pensaba que teníamos una finca consolidada, y podíamos vivir o sobrevivir de  ella por mucho tiempo, pero hoy nuestro destino es incierto”, comentó León.

Esta situación toca además a las industrias dedicadas a la extracción de jugo de naranja, las cuales  tendrán que ir pensando en hacer jugos de otras frutas ya que, según explicó León, la producción de naranja ha mermado considerablemente y no da para abastecer la demanda.

Desempleo, escasez e inflación

El desempleo en el campo y en el sector industrial es grave, según señaló León. “Hay alrededor de 100 mil empleos en la zona que están en riesgo si se deja de producir cítricos”.  Explicó que la naranja está escaseando e incrementando su valor; al paso que va, el año que viene podría costar más de lo que vale una manzana.

Aldemaro Ortega recordó que la papa generaba 1.500 empleos directos y  3.500 indirectos; cada productor contrataba entre 80 y 90 personas para la recolección manual, más los caleteros, los que picaban semilla, entre otros. Eso generaba un impacto económico muy significativo, “al punto de que manejábamos más que el presupuesto asignado a las alcaldías de los tres municipios Bejuma, Miranda y Montalbán. Eran millardos de bolívares que se manejaban”, aseguró.

Ortega señaló que el consumo de papa cayó por el costo final del producto. “El valor de producción se dolarizó, el abono que necesitamos, que es el que contiene nitrógeno, fósforo y potasio, no lo hay  y en el mercado negro se consigue al triple de su precio. Lo mismo pasa con los premergentes y herbicidas, aunado a que la mano de obra aumentó, ya los obreros no trabajan por dinero sino por comida. Es muy estresante para el productor”. Un kilo de papa en la zona está entre los 22.000 y 30.000 bs.  “La gente prefiere comprar una harina”, exclamó.


El “dragón amarillo”  desde hace unos tres años devora gran parte de la plantación de cítricos de los valles altos carabobeños


Con respecto a la caraota, que es lo que está suplantando los cultivos de papa en Chirgua,  pese a que el gobierno está subsidiando a varios productores a través del programa Semillas Híbridas de Venezuela (Sehiveca) y se está produciendo en la zona, en el mercado se encuentra a precios exorbitantes y sube constantemente su valor. Un kilo de caraota ya ronda los 60.000 bolívares.

La explicación que da Ortega sobre el alto precio de este grano es que el costo de la producción se calcula basado base en el dólar para no descapitalizarse, pero además los intermediarios, una vez que se llevan la caraota, le colocan un precio que es bárbaro, y ganan más que el propio productor que es quien hace la inversión mayor.

“La caraota se volvió el dólar negro de la agricultura, los distribuidores  hacen y deshacen con el precio. Hay una aberración económica y hace falta control”, acotó Ortega.

Andrés Cabrera agregó que debido a la gran depresión del campo, el sector primario ha dejado de ser uno de los más importantes empleadores del país. “Como ejemplo puedo citar lo que actualmente vive la gente del Valle de Chirgua, una zona que era pujante, dónde gozaban de buena calidad de vida gracias a la actividad agrícola de la cual dependían casi en un cien por ciento,  hoy ésta misma gente vive en la precariedad y en su mayoría se han visto en la necesidad de dedicarse a otras actividades, o a trasladarse hacia otras partes del país e incluso a emigrar por el mundo, tratando de sobrevivir”, describió Cabrera.

El descontento y la desesperanza se sienten entre la mayoría de los agricultores vallealtinos, quienes pese al panorama aseguran que seguirán trabajando la tierra hasta que la situación país se los permita.

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