Laura y Eugenia relatan a El Pitazo sus historias de abuso en ámbitos laborales en los que de estos temas no se habla mucho. Ambas relataron sus historias en redes sociales, ya que las consideraron una ventana para expresarse. La psicóloga clínica Magdymar León señala que Twitter se ha convertido en un espacio válido para estas denuncias, que generan motivación emocional

La ola de denuncias sobre abusos sexuales y acoso que se han conocido en los últimos días en Venezuela llegó a terrenos poco mencionados: la política y el periodismo. Algunas de esas denuncias han tenido repercusiones a nivel interno en varias organizaciones políticas. Otras han sido ignoradas.

La historia de Laura, nombre ficticio a petición de la víctima, es la historia de muchas mujeres que se desenvuelven en ambientes que “socialmente” son de hombres, como el de la política. El Pitazo conversó con esta mujer para escuchar su historia de acoso, una muy común en estos espacios donde las relaciones de poder tienden a ser desiguales.

En 2014, Laura militaba en una organización política. Sus planes y aspiraciones eran muchos, pero en un punto todo se vino abajo. Ese punto fue conocer a un hombre que tenía poder por el cargo que ocupaba, y trabajar con él. Laura comenzó a ser acosada por esta persona, que le hacía comentarios ofensivos, lo que fue convirtiendo el ambiente de trabajo en uno hostil y hasta frustrante para ella.

“Siempre me quejaba y traté de hablar con personas de mayor rango, pero me salían con comentarios machistas y cómplices como ‘¡Ay, qué tanto!’ o ‘solo te está echando los perros’. Eso me frustraba y me molestaba mucho”, dice. A raíz de lo que vivió, Laura confiesa que se desencantó de la política partidista y dejó de militar en la organización.


La realidad, por nuestra experiencia, es que las mujeres quieren denunciar

Magdymar León, psicóloga clínica

La revictimización

Laura está consciente, como mujer, de los niveles de impunidad que existen en el país cuando se denuncian delitos de índole sexual. “Cuando la denuncia se trata de acoso, eso se multiplica, pues los funcionarios no te toman la denuncia o se burlan. Es una sensación de indefensión muy grande. En ese momento, me sentí vulnerada, pero ahora, al ver cómo se toman decisiones políticas contra disidentes con todo esto, siento que si denuncio con nombre y apellido se tomará una postura política y no de justicia”, expresa.

Para algunas, el proceso ha sido muy duro. Para otras, incluyendo a Laura, hay una sensación compleja entre querer justicia y que esta se concrete por las razones adecuadas y no porque sus abusadores disientan del gobierno de Nicolás Maduro.

“En las instituciones es muy raro tener justicia. Es una revictimización y hay un sabor agridulce. Por un lado, es liberador poder contar tu historia, sentirte apoyada y liberarte de esa sombra, pero también es triste porque no puedes dar mayores detalles”, explica Laura.

Alzar la voz libera

Para esta víctima y otras que vivieron situaciones similares, el movimiento Yo Te Creo Vzla fue espontáneo, y las redes sociales como Twitter e Instagram, una oportunidad para hacerse escuchar, aunque también han tenido que lidiar con las críticas y cuestionamientos de quienes consideran que estos espacios virtuales no son la vía para exponer esas denuncias.

“Para mí fue liberador, sanador el hecho de poder expresarme y sentirme escuchada y creída por mujeres que no conozco o personas que sufrieron abusos similares”, aclara Laura.

–Luego de tus denuncias, ¿se comunicaron contigo desde la organización política?

–L: Sí. Lo hicieron. Recibí apoyo y entiendo que tomarán decisiones internamente, pero no me compete a mí decirlo.

–¿Cómo te sientes con todo esto?

–L: Pues, una justicia tardía no es justicia. Esta persona ya no ejerce liderazgo político y mucha agua ha corrido. Se que no fui la única, porque se han comunicado conmigo muchísimas muchachas.

–Dices que “justicia tardía no es justicia”. ¿Qué sería justo para ti en este momento?

–L: Lo justo sería que los partidos se reformen. Que se implementen mecanismos de denuncia y atención y que tengan responsabilidades quienes cometan estos abusos y que haya sanciones. Que se den espacios de participación en igualdad y también en protección para las mujeres.

–¿Cómo ha sido tu proceso de sanación durante todos estos años?

–Mucha introspección, resiliencia, mucho escucharme a mí misma. Esas han sido las mayores herramientas de sanación para mí.

Hoy me veo talentosa, que soy más que un género, y el tiempo cura muchas heridas. Eso quedó en el pasado. Aunque sí, al principio tuve mucha ira y me dolió mucho y sentí que tenía que retirarme. Después de eso se me han abierto muchas puertas y, pues, eso resume mi proceso.

–¿Qué le diría la Laura de hoy a su victimario?

–L: Que él solo se restó al atacar a las mujeres. Le restó a su liderazgo dentro de la organización.

–¿Y qué le dirías a otras víctimas en el ámbito político?

–L: Jamás duden de sí mismas, de sus capacidades y de lo que pueden lograr. Defínanse por sus capacidades, por sus aspiraciones, pero no dejen que las definan por un género y menos como el “género débil”.

Una de las capturas de pantalla que Eugenia publicó para comprobar el acoso por parte de Nunes | Cortesía

Unos sí y otros no

En la historia de Laura se omitieron datos para no identificarla a ella, a la organización o al agresor porque, como señaló, no quiere que su caso se convierta en algo político. Pero hay otras víctimas que han denunciado con nombre y apellido a su agresor y aún no reciben justicia. Tal es el caso de Mafer Villalobos, una joven que denunció el 15 de junio de 2020 el acoso del cual fue víctima.

¿Su agresor? El dirigente político y hoy diputado electo el pasado 6D, Bernabé Gutiérrez. Mafer narra, con detalles y fotos, las conversaciones que sostuvo el dirigente con ella cuando era menor de edad.


No me parece válido que por un temor de que esto sea tomado políticamente se permita que continúe la vulneración de los derechos de las mujeres (…). Si se cometió un delito, debe ser castigado

Magdymar León, psicóloga clínica

Ante esta denuncia, hecha por Twitter, el fiscal Tarek William Saab no se ha pronunciado públicamente hasta ahora, como sí lo hizo con casos recientes en los que desde una cuenta anónima se señaló a dos periodistas: César Bátiz, director de El Pitazo, y Víctor Amaya, director de TalCual, sin ofrecer pruebas.

A propósito de esta denuncia y de cara a este trabajo, tratamos de contactar a “Reportera15”, nombre con el que se identifica quien está detrás de la cuenta desde donde salieron ambas denuncias, para escuchar su relato. Hasta la fecha no se ha obtenido respuesta.

En Twitter se conocieron otras denuncias contra dirigentes políticos como Rogelio Díaz, vicepresidente de comunicaciones de Copei, quien emitió un comunicado dos días después de hacerse estas públicas, en el que anunciaba su separación de todos sus cargos.


Creen que la víctima está en condiciones de igualdad con su agresor y no es así. Son figuras públicas

Magdymar León, psicóloga clínica

A raíz de estos hechos, partidos como Voluntad Popular, Primero Justicia, Copei y Encuentro Ciudadano emitieron comunicados solidarizándose con las víctimas y condenando la violencia sexual, psicológica o verbal. La tolda naranja además destacó que tenían el deber de “construir mecanismos institucionales para prevenir y detectar estos casos”.

El partido Acción Democrática no se ha pronunciado, pese a tener dirigentes señalados. Una fuente cercana al partido, que prefirió el anonimato, indicó que el tema se está abordando desde las seccionales juveniles, que plantean trabajar en protocolos de denuncia y protección.

En el periodismo también hay secretos a voces

“Eugenia” es el nombre ficticio de una periodista que narró cómo fue víctima de acoso durante un año por parte de Ricardo Nunez, trabajador de una agencia de noticias internacionales, cuando ella tenía 22 años.

“Me sentía perseguida. Ricardo me llamaba varias veces al día para preguntarme dónde y con quién estaba, sobre todo después de que un fotógrafo empezó a trabajar en la misma compañía. Él me hizo sentir como una basura, como una persona inútil (…). La gente no entiende el daño que puede generar en una persona el abuso psicológico. Después de nueve meses de parálisis absoluta, mucha terapia y apoyo de mis amigos, decidí denunciar, legal y públicamente”, relata Eugenia.

–¿Por qué decidiste denunciarlo por redes sociales y cómo te sientes después de haber hablado?

–E: Decidí hacerlo por redes sociales porque quiero que entendamos la importancia de la denuncia y concientizar sobre lo grave del abuso psicológico. Varias mujeres con las que hablé me dijeron que ‘ese era su carácter’, que ‘él era así’. El problema es que lo normalizamos. Desde que lo denuncié me siento libre. Antes de poner la denuncia me sentía culpable por no haberlo hecho; sentía que yo también estaba perpetuando el abuso al no acusarlo.

–Como víctima, ¿Cuál crees que ha sido el papel de las redes para que muchas mujeres levanten la voz y qué les dices a quienes desvirtúan las denuncias por estas vías?

–E: Creo que las redes son una herramienta para que no nos sintamos solas, que no nos culpemos a nosotras mismas y dejemos de naturalizar el abuso y el acoso. Esta ola de denuncias nos ha hecho entender que además no son casos aislados; que lamentablemente todas tenemos una historia que contar.

A las personas que desvirtúan las denuncias, les digo que el porcentaje de casos falsos es muy bajo. Denunciar a alguien, asumirse como víctima, es muy complicado, muy duro. Yo creo que muy pocas personas son capaces de hacer eso por alguna razón incorrecta.

–¿Cómo te cambió esta experiencia y cómo has logrado recuperarte?

–E: Esta experiencia me dañó de muchas maneras, sobre todo mentalmente. Necesité mucho apoyo psicológico y psiquiátrico para sentirme mejor. Lo más importante fue sin duda el apoyo de mis amigos, en especial mis amigos del medio periodístico, que creyeron en mí y han estado ayudándome a difundir la información. Creo que hay demasiado silencio por parte de la gente del medio; eso me decepciona mucho. Somos muy buenos señalando a los demás, pero cuando el abuso pasa “en casa”, guardamos silencio. Creo que si no eres parte de la solución, eres parte del problema.

–¿Por qué el anonimato?

–E: Porque lamentablemente en Latinoamérica sigue siendo un estigma el denunciar. Sobre todo laboralmente. Las empresas te ven como una persona “problemática”, como una mujer con la que es “difícil trabajar”, y yo no quería que además de todo el daño que ya él hizo, también tuviese el poder de perjudicar mi carrera.

Cuentas anónimas y venganza política

La psicóloga clínica Magdymar León, coordinadora de Avesa, es muy tajante al expresar su desacuerdo en no denunciar por tratarse de figuras políticas adversas al gobierno. “No me parece válido que por un temor de que esto sea tomado políticamente se permita que continúe la vulneración de los derechos de las mujeres (…) Si cometió un delito, debe ser castigado”, sentencia.

Para ella la utilización de cuentas anónimas, por otro lado, para denunciar es una medida de seguridad y protección, más al tratarse de agresores con perfiles altos. “Creen que la víctima está en condiciones de igualdad con su agresor y no es así. Son figuras públicas”, dice.

¿Cómo y a quién acudir?
El Método Wom posee un formulario especialmente diseñado para denunciar casos de acoso sexual en espacios públicos. El movimiento Yo te creo Vzla posee una alianza con la Asociación Venezolana para una Educación Sexual Alternativa (Avesa), que posee una línea de atención psicológica gratuita y a la que se puede acceder llamando a los números (0424) 165 9742 y (0212) 414 5114.
El Ministerio de la Mujer también permite que las víctimas de violencia denuncien a sus agresores llamando al 0800-mujeres (0800 685 3737)

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