Hasta 1920 las mujeres más encopetadas del mundo lucían sombreros con plumas de garzas, buena parte de ellas exportadas desde este rincón del municipio Sosa, en el estado Barinas. La prohibición internacional de la comercialización de las plumas del ave hizo que a partir de la segunda década del siglo XX comenzara una migración de los pobladores, que parece no tener fin 100 años después. Los garceros se recuperaron a la margen del río Apure. Pero una vez más, por tercera vez en un siglo, en el pueblo olvidado ven a sus vecinos despedirse. Desde 2019 van 400, de una población estimada de 2.237 habitantes

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La joven señora camina despacio escoltada por otras mujeres. Lleva en sus manos unas flores que no son de alegría. Están coloreadas de muerte. Va ella con el peso de la pena sobre sus hombros, siguiendo el paso lento del oscuro féretro bajo el sol llanero, envuelto por la humedad ribereña.

En el interior del cajón se encuentra inerte un hombre de más de 60 años. Murió de un infarto. No dejó hijos. Pero es un habitante que debe descontarse del registro oficial de pobladores de Puerto de Nutrias que contabiliza el Instituto Nacional de Estadísticas. Ya no pueden ser los 2.237 que dice el censo de 2011. Tampoco los 4.500 extraoficiales de los que hoy habla Goyo Escalona, un profesor jubilado y cronista no oficial de este rincón del municipio Sosa del estado Barinas.

Pues no solo son ese hombre muerto y otros vecinos más alcanzados por la enfermedad y la vejez quienes dejan Puerto de Nutrias por causas naturales. Otros se van por razones que se han naturalizado en una Venezuela con 5.500.000 migrantes: hambre, falta de empleo, inseguridad y desesperanza general.

Por eso, quedan las casas muertas, calles y escuelas vacías tras la tercera ola migratoria que pasa por el pueblo en 100 años. De acuerdo con el conteo que organizó Escalona con otros vecinos, unas 400 personas se fueron de Puerto de Nutrias entre 2018 y 2019; es como una cola de 13 autobuses de 32 puestos cada uno partiendo a la vez.


Primero fueron tres sobrinos. Empezaron por irse a Ecuador. Luego se trasladaron a Lima para trabajar en la construcción. Hoy más de 10 miembros de mi familia viven fuera del país

José David Alvarado Guzmán, nutreño

Tener evidencias científicas en una jornada de reportería de 12 horas resulta imposible. Pero escuchar al docente jubilado y comerciante, José David Alvarado Guzmán, y ver los espacios vacíos y desvencijados de su negocio, un centro recreativo para jugar dominó, bolas criollas y apostar en peleas de gallos, dan pistas para comprobar que la cifra de Goyo Escalona no resulta una locura.

“Primero fueron tres sobrinos. Empezaron por irse a Ecuador. Luego se trasladaron a Lima para trabajar en la construcción. Hoy más de 10 miembros de mi familia viven fuera del país”, comenta Alvarado Guzmán, de 54 años, quien dice que no toma la misma decisión, pues no tiene el capital ni la edad para comenzar de nuevo.

Una prosperidad construida sobre plumas

Se repite la historia. Hace un siglo comenzó la primera gran migración de Puerto de Nutrias. Entre 1840 y 1920, narra Escalona, la localidad vivió su mayor periodo de prosperidad económica.

El nacimiento del pueblo se vinculó a Ciudad de Nutrias, capital del municipio Sosa, fundada en 1647. El fácil acceso al río Apure, para el transporte de tabaco, añil, algodón y otros productos, llevó a que los nutreños comenzaran a construir rancherías en una zona más cercana al Apure, pese a que durante las lluvias se inundara todo el lugar. La persistencia de los primeros habitantes trajo consigo que el 2 de diciembre de 1840 se le diera la categoría de parroquia civil.

Ya para el año 1880, Puerto de Nutrias era comercialmente más próspero que Ciudad de Nutrias. Ambas parroquias juntas sumaban 6.691 habitantes, más pobladores que los 3.950 de la Ciudad de Barinas, capital del estado.

Ese crecimiento económico se basaba en el comercio de plumas de garzas para decorar sombreros, vestidos y abrigos en Europa y EE. UU.. Solo a Francia se exportaba 66% de lo que salía del llano venezolano a principios del siglo XX.


ESE CRECIMIENTO ECONÓMICO SE BASABA EN EL COMERCIO DE PLUMAS DE GARZAS… SOLO A FRANCIA SE EXPORTABA 66% DE LO QUE SALÍA DEL LLANO VENEZOLANO A PRINCIPIOs DEL SIGLO XX


Una sola pluma de chusmita, una especie de garza, llegó a costar en la primera década del siglo XX hasta 1.000 dólares, según el registro bibliográfico de Roberto Franco, citado por el investigador colombiano Carlos Augusto Martínez en el texto “La experiencia de los inmigrantes extranjeros del viejo continente a los llanos del Casanare a comienzos del siglo XX”.

El comercio de las plumas atrajo a 30 firmas comerciales, así como que, a diferencia de otras partes del país, la parroquia tuviera sedes consulares de Europa, Italia y Países Árabes.

“De esa época provienen los apellidos franceses e italianos. Por ejemplo, aquí en Barinas apellidos muy comunes son Novellino, Gilitt, Sectary, Maguan, Gorrín… ese mismo Gorrín grandote que está allá en Caracas, el dueño de Globovisión, el abuelo era de aquí: Gregorio de Gorrín Aspargen”, expone Escalona.

Puerto de Nutrias tuvo el primer surtidor de combustible de los llanos, el que aún se encuentra de pie con sus colores rojo y amarillo de la Shell, aunque inservible, al lado de la que fue la casa de Tomás Novellino, comerciante y cónsul de Italia.

Yolanda Pacheco Troconis, profesora de la Universidad Central de Venezuela, cuenta en un ensayo titulado “El tráfico fluvial en los llanos venezolanos y las políticas de los cuarenta” que en solo un año, antes de 1920, se llegaron a exportar a Nueva York 1.538.000 plumas de una sola especie de garzas.


EL 26 DE JUNIO DE 1917, EL GOBIERNO VENEZOLANO DE JUAN VICENTE GÓMEZ, PROHIBIÓ LA MATANZA DE GARZAS PARA QUITARLES SUS PLUMAS


Sin embargo, esa prosperidad se sostenía sobre la matanza de las aves. Unos 500 gramos de plumas chusmita se acumulaban luego de matar 560 aves. Los hombres se lanzaban a cazar a esos pájaros en los garceros, lugares donde reposaban y criaban cerca del río. Su exterminio no solo puso en riesgo a la especie, sino que también evitaba el control sanitario del ganado, que moría enfermo a causa de los parásitos.

Dice Carlos Augusto Martínez que en 1915, a consecuencia de la Primera Guerra Mundial, la demanda de plumas de garza bajó y con ello cayó en 80% el precio del producto.

Dos años después, el 26 de junio de 1917, el gobierno venezolano de Juan Vicente Gómez prohibió la matanza de garzas para quitarles sus plumas. Tres años más tarde, en 1920, EE. UU., tras la presión de los ecologistas, prohibió la importación de plumas de garzas y por más que Venezuela presentó un informe al Consejo Central Ejecutivo de la Alta Comisión Interamericana (predecesor de la Organización de Estados Americanos), la veda jamás se levantó.

Como resultado se inició la decadencia de Puerto de Nutrias y la migración de las primeras familias más ricas, aunque regresaron las aves que hoy no corren peligro de extinción.

La carretera que se llevó a la gente

Pese a que desde 1920 descendió la comercialización de las plumas de garzas, los barcos llegaban desde Ciudad Bolívar a buscar y traer mercancía. Rememora Escalona los tiempos que se fueron como flor silvestre que flota en el río, esas épocas de prosperidad en las cuales la Compañía Fluvial y Costanera de Venezuela, propiedad primero del general Román Delgado Chalbaud y luego del dictador Juan Vicente Gómez, contaba con una sede en Puerto de Nutrias.

Con el tiempo, agrega el docente enfundado de su labor de cronista no oficial, el río Apure comenzó a sedimentarse, a secarse en algunos recodos y a llenarse de caramos, árboles arrastrados por la corriente que conforman barreras naturales.

En los años 40, como seguían las inundaciones, los pobladores vivían en casas construidas sobre horcones, parecidas a los palafitos zulianos. “Andábamos en canoas de una casa a la otra y se hacían puentes de una esquina a la otra para poder pasar”, responde Lucio Paiva, al preguntarle por el tiempo pasado que recuerda a sus 81 años.

Cuarenta años después del declive de la comercialización de las plumas de garzas, en 1960, el gobierno de Rómulo Betancourt concluyó la carretera nacional y, por ejemplo, Nazar Cristóbal Sánchez, quien prefiere presentarse como “Varilla”, dejó de escuchar el pito que anunciaba la llegada de los bongos con mercancías.


En la Cuarta República hubo mucha plata, había de todo. Nadie sufría, nadie se moría y si se morían era porque era su hora de llegar. Ahora no, ahora nos estamos muriendo de hambre, de enfermedades, sin nada

Nazar Cristóbal “Varilla” Sánchez, nutreño

Gracias a la carretera, familias, pese a sus pocos ingresos, comenzaron a enviar a sus hijos a estudiar a la capital del estado o a Caracas. De acuerdo con una selección bibliográfica realizada por Escalona y otros docentes de la parroquia, en 1961 quedaban 565 habitantes. La segunda ola migratoria dejó casi aniquilado al pueblo.

Una nueva repoblación de Puerto de Nutrias sucedió cuando en el año 1990 se inició la descentralización en Venezuela. Ricardo Alvarado, docente, exdirector de la Escuela Básica Sosa, poeta y compositor de música venezolana, fue el primer alcalde que tuvo el municipio Sosa. “Eso fue cuando aquella famosa Copre (Comisión Presidencial para la Reforma del Estado), cuando se implementaron las alcaldías en el país”, resalta quien ganó las elecciones en diciembre de 1989 y se mantuvo hasta 1992.

Alvarado afirma que junto al gobernador Rosales Peña realizaron obras en Puerto de Nutrias, que generaron que pobladores de caseríos vecinos del municipio Sosa se trasladaran y repoblaran el pueblo. Según el censo de 1990, para ese momento eran 1.463 habitantes solo en el casco central de la parroquia.


¡Nada! Usted sale de Barinas para acá y lo que encuentra es oscuridad, un rosario de huecos por todas partes, totalmente abandonados, los pueblos en tinieblas, totalmente oscuro

José David Alvarado Guzmán, nutreño

Bibliotecas, asfaltado de calles, ambulatorio y servicios de agua y electricidad tuvo la localidad en esos años de los gobiernos adecos y copeyanos.

“En la Cuarta República hubo mucha plata, había de todo. Nadie sufría, nadie se moría y si se morían era porque era su hora de llegar. Ahora no, ahora nos estamos muriendo de hambre, de enfermedades, sin nada. No hay recursos. Esto es un dolor que tenemos. Esto no hay quien lo arregle”, comenta un desesperado Varilla al frente de la triste plaza Bolívar del pueblo.

El exalcalde pasa una rápida revista a las gestiones chavistas y su conclusión es que los gobernadores Hugo de los Reyes Chávez, Adán Chávez y Argenis Chávez, actual gobernante, padre y hermanos del fallecido expresidente Hugo Chávez, no han hecho nada por Puerto de Nutrias. Del balance de los ocho alcaldes en 20 años de oficialismo, el resultado es el mismo.

“¡Nada! Usted sale de Barinas para acá y lo que encuentra es oscuridad, un rosario de huecos por todas partes, totalmente abandonados, los pueblos en tinieblas, totalmente oscuro”, resalta Alvarado.

¿Dónde están los millardos de dólares?

Olga de Paiva, esposa de Lucio, trabajó 30 años como bedel del ambulatorio de Puerto de Nutrias. Por sus manos arrugadadas no solo pasaron los cepillos, coletos y paños para limpiar. Más de una vez tomó la tensión y hasta una inyección puso para ayudar a los médicos y enfermeras del centro de salud donde, asegura, todos los pacientes se iban atendidos.

De ese establecimiento solo quedan ruinas. En Puerto de Nutrias no ha ocurrido ningún temblor, pero el ambulatorio muestra huellas de la destrucción. “Tenía una incubadora portátil. Había camas ginecológicas, se atendían partos”, narra de Paiva.

Ahora de ese lugar no quedan ni las paredes, por eso cada vez que enferma un habitante de Puerto de Nutrias, debe ir a Bruzual, en el estado Apure, al otro lado del río, con el riesgo de que no lo atiendan.

Eso ocurre en un pueblo al cual, desde 1999, Hugo Chávez ofreció miles de millones de dólares en inversión para el puerto, carreteras y un complejo petroquímico.


El presidente Chávez era muy amante de Puerto de Nutrias por lo pintoresco de este pueblo

Pedro Hernández, síndico del municipio Sosa

“El presidente Chávez era muy amante de Puerto de Nutrias por lo pintoresco de este pueblo”, recuerda Pedro Hernández, síndico del municipio Sosa, uno de los funcionarios de confianza del alcalde Wilfredo Guevara.

Todas esas promesas se anotan en la lista de incumplimientos en 20 años de oficialismo, sobre todo el complejo petroquímico, el cual, en 2009 fue prometido para 2013. El gerente del proyecto petroquímico de Puerto de Nutrias era Giovanni Brito, quien en mayo de 2009 anunció que cuatro años después estaría lista la planta de úrea y amoníaco, con una inversión de $4.500 millones.

La primera piedra de esa obra la colocó el papá de Chávez y gobernador de Barinas, Hugo de los Reyes Chávez, en septiembre de 2007, luego de que el gobierno nacional expropiara las tierras a un ganadero de origen italiano.

“Era un predio de 600 hectáreas en promedio. Esos eran ejidos que la municipalidad le da en calidad de comodato por 50 años a la empresa Pequiven”, resalta el síndico procurador.

Pero después de esa piedra nada más se hizo. Las tierras fueron invadidas. Asegura el síndico procurador que solo es 40% del terreno lo que se encuentra ocupado ilegalmente y que Pequiven lo custodia.

Turbio río

Desde el puente que une a Puerto de Nutrias con Bruzual, solo se ve un manto marrón que corre raudo y turbio, para hacer playas de barro en las orillas de ambos lados. En una de ellas, al norte, se observan rastros de otra promesa, la recuperación del puerto que nunca se concretó.

Ese mismo río que arrastró el bote en el cual quedó el cuerpo de un famoso faenador ribereño que murió solo, Olivo el Pescador, ya no trajo más el progreso. Solo refleja en su turbulencia el olvido del pueblo que en el pasado vivió sus glorias gracias a hallarse tan cerca del Apure.

Hoy no tiene policías, en época de sequía el servicio de agua falla, la electricidad se va a cada rato y para comprar comida ya no cuentan con una bodega. Solo Movistar funciona porque los vecinos se encargan de cuidar las instalaciones de la empresa de telecomunicaciones.


No podemos decir lo que se podía decir en aquel tiempo de esta era, cuando se decía que el Puerto de Nutrias de hoy es el resultado del Puerto de Nutrias del ayer, y un preámbulo al Puerto de Nutrias del mañana. No podemos decir eso hoy, porque el pueblo está totalmente sumergido en el olvido

Ricardo Alvarado, nutreño

“Todo lo que está aquí lo hizo la Cuarta República”, puntualiza el cultor popular y exdirector de la biblioteca del pueblo, Alirio Machado, quien recuerda que el gobernador, Argenis Chávez, después que ganó no ha regresado al pueblo.

Puerto de Nutrias no solo está olvidado, sino que de a poco se queda sin memoria. Escalona comenta que la mayoría de las personas que guardaban la historia viva de la parroquia murieron y a los más jóvenes no les interesa hablar del acervo histórico local. “Yo estoy por editar un libro que se llama ‘Puerto de Nutrias y su gente’, donde hemos recopilado el testimonio de 80 personas de diferentes oficios. La mayoría de ellos ya no vive aquí”.

A Ricardo Alvarado casi se le quiebra la voz cuando lanza un sentencia final: “No podemos decir lo que se podía decir en aquel tiempo de esta era, cuando se decía que el Puerto de Nutrias de hoy es el resultado del Puerto de Nutrias del ayer, y un preámbulo al Puerto de Nutrias del mañana. No podemos decir eso hoy, porque el pueblo está totalmente sumergido en el olvido”.

Esta crónica contó con la colaboración de Marieva Fermín, corresponsal en Barinas

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