Jugar rugby ha cambiado la vida de niños que viven en el barrio El Trompillo, ubicado en Barquisimeto. A través del Proyecto Madiba, de la mano de la Fundación Flor de la Esperanza, ocho entrenadores enseñan cada sábado, no solo el deporte, sino también los valores fundamentales como integridad, pasión, solidaridad, disciplina y respeto

Logros: innumerables. Uno de los más recientes es haber llevado tres jóvenes a la Selección Nacional de Rugby, donde vistieron la franela Vinotinto para su participación en los Juegos Suramericanos de la Juventud sub-17 que se realizaron en Argentina, en abril de 2022

La rudeza del rugby se transforma en habilidades para la vida de los niños que viven en el barrio El Trompillo, al norte de Barquisimeto, ciudad ubicada a 365 kilómetros de Caracas. Edward Gómez, de tan solo 11 años, veía a su primo jugar cada sábado en la cancha de la comunidad y quiso integrarse al equipo, aunque tenía temor porque creía que era un juego muy violento.

Aprendí a jugar en equipo, a escuchar, a ser mejor persona”, dice con seguridad al preguntarle sobre su participación en el Proyecto Madiba, uno de los programas sociales ejecutados por la Fundación Flor de la Esperanza, donde ocho entrenadores voluntarios enseñan cada sábado, más que el deporte, sus valores principales: integridad, pasión, solidaridad, disciplina y respeto.

Ponemos los valores por delante del aprendizaje del deporte, de manera que sepan respetar al árbitro, al rival y entiendan que se juega como equipo. Siempre les decimos que el rugby es una familia y queremos que lo aprendido en la cancha lo pongan en práctica en su vida cotidiana: escuela, liceo y casa”, explica Enrique “Kike” Bermúdez, exjugador de este deporte y fundador del Proyecto Madiba.

El cupo máximo es de 50 jugadores, a quienes aceptan desde los 10 años de edad. El primer requisito es cursar primaria en la Escuela Monseñor Romero, de Fe y Alegría, en El Trompillo. Para ello, el personal de la institución forma parte importante de la organización y selección de los niños que inician en el deporte.


Ponemos los valores por delante del aprendizaje del deporte. Siempre les decimos que el rugby es una familia y queremos que lo aprendido en la cancha lo pongan en práctica en su vida cotidiana

“Kike” Bermúdez, exjugador de rugby y fundador del Proyecto Madiba

También colaboran algunas madres de los jugadores, como Herminia Pérez, a quien los muchachos la bautizaron como “mamá Madiba”. Ella prepara o entrega los alimentos que donan cada semana a los niños, para que coman después de sus prácticas sabatinas.

Es una experiencia muy linda. Yo he aprendido mucho, a compartir más, a ser más humilde… a ser más mamá”, cuenta con voz entrecortada y lágrimas en sus ojos.

Herminia es madre de Santiago, quien ahora tiene 10 años y pertenece al equipo de Rugby.

Después de mencionar cada uno de los valores aprendidos, Santiago dice: “Me gusta jugar con mis compañeros. Ahora mi sueño es representar a Venezuela, pero no solo yo, sino todo el equipo, como nos dicen nuestros entrenadores”.

Menos deserción escolar

El Proyecto Madiba inició en el año 2017. Cinco años después, los niños que empezaron ahora son bachilleres o están a punto de recibir su título. Aunque no llevan estadísticas de deserción escolar, al entrevistar a los jugadores, se hace evidente que la mayoría no hubiese continuado su educación formal.

El lugar donde entrenan, El Trompillo, es un barrio donde un alto porcentaje de sus habitantes viven en pobreza extrema. Antes de ser seleccionados para jugar rugby, había niños con problemas de comportamiento, pero como ellos mismos contaron, su actitud y su forma de ver la vida dio un giro positivo.

“No me llamaba la atención ningún deporte, pero empecé a venir cuando tenía 12 años y me gustó. Yo había empezado a trabajar y si no fuese por el rugby hubiese dejado de estudiar. Ahora quiero hacer una carrera universitaria”, afirma Yoneiber Machado, de 17 años.


Aprendí a jugar en equipo, a escuchar, a ser mejor persona

Edward Gómez, 11 años

Richard Solano, con 16 años, cuenta que su vida sería muy diferente si no practicara rugby.

“Yo no hubiera seguido estudiando. Me portaba mal, no respetaba a los profesores, pero cambié mi actitud, soy más puntual, soy diferente, el rugby me cambió la vida. A los amigos que conozco y tomaron otro camino, siento que les hace falta algo que los motive”, opina Solano.

Mauricio Cordero, con 18 años, es el mayor del grupo. Entró a los 14 años al equipo, pero había dejado los estudios, porque tiene un hijo que cuidar y mantener.

“Por cómo está la situación dejé de estudiar por un tiempo, pero los profesores estaban pendientes, porque no quieren que uno se descarrile. Yo cambié mucho, antes no escuchaba a mi mamá, que siempre decía que estudiara, que tuviera un oficio y ahora entiendo lo importante de sus palabras”, cuenta Mauricio.

Vestir la Vinotinto

Enrique “Kike” Bermúdez sonríe al decir que su mayor satisfacción es que los niños y jóvenes del Proyecto Madiba hayan continuado sus estudios y que ahora, quienes son bachilleres, deseen continuar una carrera universitaria.

“A esto le sumamos haber llevado a tres de nuestros muchachos a la Selección Nacional de Rugby, que representó a Venezuela en los Juegos Suramericanos de la Juventud (sub-17), que se realizaron en Rosario, Argentina, en el mes de abril de este año”, precisa Bermúdez.

Para este logro, doce muchachos entrenaron durante semanas para participar en la selección que hizo la Federación Venezolana de Rugby. Cuatro jóvenes de El Trompillo fueron escogidos: Juan David Miranda, Yoneiber Machado, José Cordero y José Daniel Prado, pero este último no pudo viajar porque no tenía pasaporte.


Es una experiencia muy linda. Yo he aprendido mucho, a compartir más, a ser más humilde… a ser más mamá

Herminia Pérez, madre de uno de los jugadores de rugby y colaboradora del Proyecto Madiba

“No soñaba con representar a Venezuela ni ponerme la camisa Vinotinto. Mi familia está orgullosa de mí. Ya soy bachiller y ahora quiero estudiar ingeniería mecánica”, cuenta José Cordero, de 17 años.

Yoneiber Machado, también de 17 años, recordó la alegría que vivieron cuando supieron que representarían a Venezuela y no dejo de agradecer a los profesores que los motivan cada día a ser mejores y a no dejarse amilanar por los problemas.

Gracias a este logro alcanzado, los más pequeños quieren seguir ese modelo.

“Ellos ahora son representantes del proyecto y de la comunidad. Los niños ven en ellos un ejemplo de que esforzándose sí se pueden lograr los sueños”, señala con énfasis Enrique “Kike” Bermúdez, quien ve la labor que realiza como un compromiso social para devolver el favor al deporte que les enseñó valores durante sus años de práctica.


No me llamaba la atención ningún deporte, pero empecé a venir cuando tenía doce años y me gustó. Yo había empezado a trabajar y si no fuese por el rugby hubiese dejado de estudiar. Ahora quiero hacer una carrera universitaria

Yoneiber Machado, de 17 años

“Cada semana es un reto distinto, aprendiendo poco a poco y capacitándonos para enseñar a los niños”, manifiesta Bermúdez, quien fue invitado por Andreína Suárez, presidenta de la Fundación Flor de la Esperanza, a ser parte de este programa.

“La educación es el gran motor del desarrollo personal”, dijo en una oportunidad el líder surafricano Nelson Mandela, también recordado como Madiba. Una frase que se pone de manifiesto en los niños y jóvenes de El Trompillo, quienes deciden enfocarse en la cancha y en sus pupitres, para ser mejores personas y soñar en grande, por ellos y por su futuro.

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