Desde hace cinco años los vecinos de Barrio Nuevo, en Petare, no veían brotar el agua de sus tuberías, pero el proyecto Lata de agua llegó para cambiarlo todo y ofrecer la posibilidad de que dos escuelas y un consultorio médico de la zona tuvieran el recurso con una idea ecoamigable: reutilizar el agua de lluvia

El niño remoja sus manos, toma el jabón azul que cuelga de una malla amarilla y lo restriega sobre sus dedos. Se distrae un poco jugando con la espuma que brota de entre sus manos, para luego acercarlas a la tubería azul de la que emana un hilo de líquido transparente.

“Está un poquito fría”, dice mientras ríe con picardía. Lavar las manos nunca había sido tan sencillo para este pequeño de cinco años, los mismos que tiene el Barrio Unión sin recibir agua potable.

Durante media década los vecinos de esta comunidad, ubicada en el sector San Blas de Petare, no vieron brotar el agua por sus tuberías, pero el proyecto Lata de Agua llegó para cambiarlo todo y ofrecer la posibilidad de que dos escuelas y un consultorio médico de la zona tuvieran el recurso gracias a una idea eco amigable: reutilizar el agua de lluvia.


Solo queremos aportar soluciones en la vida cotidiana y en las comunidades en las que podemos impactar

Roiman Nadal

La idea de recoger el agua de lluvia en grandes envases para luego conducirla a través de tuberías hasta el consumidor es de Laurencio Sánchez, un arquitecto convencido del diseño sustentable de espacios y de bajo impacto ambiental. Otro actor importante fue la fundación Rayiluz, dedicada a asistir a los niños en zonas vulnerables. Y así, en alianza, aplicaron con Lata de agua al concurso Proyectos Innovadores de la Sociedad Civil y Coaliciones de Actores 2020 de la embajada de Francia, y al resultar ganadores, obtuvieron los recursos que necesitaban para materializar la idea.

En septiembre de 2020 comenzaron los trabajos, y 9 meses después, el 24 de junio de 2021, un agua cristalina e indetenible humedeció las esperanzas del Barrio Unión, hasta ese momento resquebrajadas por la indiferencia gubernamental. Las latas de agua que tantas veces subieron el cerro, de ahora en adelante se sumarían en un solo esfuerzo para beneficiar a unos 450 niños y a 1.200 personas de la comunidad petareña.

¡Qué llueva!

Lata de agua ganó el apoyo de la embajada de Francia entre 300 proyectos que aplicaron como iniciativas sociales para apoyar a los venezolanos por su sustentabilidad y por la posibilidad de ofrecer una solución a un tema que en la cotidianidad afecta a miles de caraqueños: la falta de agua.

La embajada francesa celebró el Día de Francia en Petare. “Solo queremos aportar soluciones en la vida cotidiana y en las comunidades en las que podemos impactar”, declaró en su intervención el embajador Romain Nadal, al ratificar el respaldo a proyectos como Lata de agua.

Para muchos que viven en Barrio Nuevo, la lluvia es una bendición. La poca agua potable que llega a la comunidad alcanza a surtir apenas las casas que están al ras de la calle. Al resto les toca subir baldes hacia el cerro o improvisar unos canales sobre sus techos de zinc para intentar recoger el agua de las lluvias.

Venezuela se ha convertido en un depósito gigante de agua. Así lo revela el Observatorio Venezolano de los Servicios públicos en su último informe de enero de 2021: 44,2% de los encuestados de 12 ciudades del país deben almacenar agua por la deficiencia en el suministro y 9,1% obtiene el agua de la lluvia.

Por eso, cuando se inició el trabajo en septiembre de 2020 en las instalaciones que comparten el Centro de Educación Inicial Nacional Fermín Toro y la Escuela Básica Nacional Pedro Felipe Camejo, la comunidad se sumó convencida. Los vecinos convocaron a su consejo comunal, al gobierno del estado Miranda e incluso al Distrito Sanitario N°9 de la región, pues el agua también llegaría al ambulatorio Las Casitas.

Desde el 24 de junio pasado, cuando inauguraron el sistema, el agua de la lluvia que se recoge pasa por cinco etapas de filtrado para garantizar un agua óptima para su uso. Cada una de estas etapas da al agua diferentes cualidades de higiene. Una vez finalizado el proceso, el líquido queda listo para utilizarse en al menos 85% de las actividades.

Los miembros de Lata de agua trabajan actualmente para instalar, en las escuelas, los filtros que permitirán potabilizar el agua y hacerla apta para el consumo. Para ello se dispondrán de unas tinajas artesanales.

La socia de Arqbiental y coordinadora de Lata de Agua, Ana Babic, indicó que el proyecto mediante el cual Barrio Nuevo puede recoger al año 270.000 litros de agua, es un sistema sustentable y replicable en cualquier comunidad. Iniciativas semejantes se ejecutan en países como México y Australia.

Aprender del chaparrón

Para acercarse a la comunidad, Lata de agua hizo el trabajo en dos vertientes: la elaboración del sistema de saneamiento de agua de lluvia y la educación y concientización de la comunidad, sobre todo de sus niños, sobre el ciclo del agua y la importancia de un buen uso de este recurso.

La parte educativa fue afianzada por la fundación Rayiluz, quienes idearon una caja de herramientas a la que llamaron Nube Creativa y que dieron a varios de los alumnos del preescolar para que desde sus casas trabajarán en un proyecto que mostrará la condensación, precipitación y evaporación del agua y que los ayudara a entender a ellos y a sus representantes cómo se haría apta para el uso el agua de la lluvia que cayera en el techo de la escuela.

Stéphanie Marcelot, quien dirige Rayiluz, contó que los resultados fueron positivos, pues que los niños se llevaran a casa la Nube Creativa, con contenido que explicaba lo que haría Lata de Agua, sirvió para que las familias enteras se involucraran en el proceso.


Fue un trabajo maravilloso en una comunidad que se puso a trabajar para tener agua… Incluso los niños ayudaron porque hicimos un grupo ameno de gente que sabía que lo que estaba haciendo era para mejorar, para vivir mejor

Yasmil Carvallo

Por eso el montaje, la pintura y hasta el mural con el que cerraron la remodelación en la escuela se hizo con apoyo de representantes y maestras, casi todas mujeres, que se hicieron parte del cambio que llevó Lata de Agua a la comunidad de Barrio Nuevo.

Gracias al proyecto, los niños le dicen adiós a las jarritas de agua que debían llevar consigo como requisito para entrar a la escuela, cuenta Yasmin Carvallo, vecina de la zona.

“Fue un trabajo maravilloso en una comunidad que se puso a trabajar para tener agua… Incluso, los niños ayudaron porque formamos un grupo ameno de gente que sabía que lo que estaba haciendo era para mejorar, para vivir mejor”, relata Yasmin, quien destacó que incluso algunos vecinos han podido llevar agua desde estos tanques de almacenamiento a sus hogares.

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