Venezolanos relataron a El Pitazo cómo la bicicleta se convirtió en su medio de transporte para ir a sus lugares de trabajo durante la cuarentena nacional por COVID-19. Aunque adaptarse les llevó semanas, desde sacerdotes hasta reporteros gráficos ahora prefieren ejercitarse que invertir dinero de más en combustible

Con textos de Lisbeth Barboza, María Gabriela Danieri y María Eugenia Díaz.
Con información de Jesymar Añez

El uso de la bicicleta aumentó progresivamente en Venezuela con la llegada de la cuarentena por COVID-19. Sin embargo, la causa no es tanto el riesgo de contagio por coronavirus sino la falta de gasolina para abastecimiento de vehículos y motocicletas debido a su escasez desde hace meses, incluso años en algunos estados del país, y a las restricciones en su suministro impuestas durante el confinamiento.

Durante los primeros días de la cuarentena se observaban a ciudadanos caminando con ropa deportiva y equipos especiales para este tipo de actividad, pero con el paso de las semanas la cantidad de bicicletas que circulaban por distintos estados y municipios del país fue incrementando. Su uso ya no es exclusivo en deportistas y aficionados. La bicicleta se ha convertido en un medio de transporte para un grupo de venezolanos.

Pero a nivel mundial también se usa con más frecuencia. Por el temor a trasladarse en el transporte masivo, en ciudades como Bogotá, París, Berlín, Londres, Nueva York, Lima y Milán, este vehículo de dos ruedas sigue en aumento, según lo han reportado el diario La República de Colombia, El País de España, France 24, entre otros portales web.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió un comunicado el 25 de abril recomendando andar en bicicleta o caminar para cumplir con la distancia física, pero en Venezuela el incremento del uso de la bicicleta no es impulsado por el deporte, ni el distanciamiento social, sino por la falta de gasolina y su actual precio. Ciudadanos de diversos estados del país relataron a El Pitazosus historias a pedal.

Sacerdote va en dos ruedas por el barrio más grande de Maturín 

Vestido de negro y con su listón clerical blanco en el cuello que lo identifica como sacerdote, el padre Gustavo Ulloa Suárez, párroco de la Iglesia Cristo Resucitado, ubicada en el barrio Los Guaritos, el más grande de la ciudad de Maturín, estado Monagas, se traslada en bicicleta para cumplir con sus actividades eclesiásticas.

Aprendió a manejar bicicleta de pequeño y como todo niño venezolano lo hizo por curiosidad y entretenimiento, sin imaginar que se iba a convertir en su medio de transporte, como ha ocurrido desde hace 80 días en medio de la cuarentena por COVID-19. Ante la escasez de combustible no tuvo otra opción que dejar su vehículo estacionado y aventurarse a darle al pedal de su bicicleta, adaptando su cuerpo a esta nueva realidad.

“Confieso que al inicio fue incómodo y cuesta arriba, sobre todo cuando hay cuestas. También a las bajadas les tengo cierto respeto, pero me he ido acostumbrando y considero que es un medio de desplazamiento no solo ecológico, sino también económico y saludable”, relata.


Confieso que al inicio fue incómodo y cuesta arriba, sobre todo cuando hay cuestas. También a las bajadas les tengo cierto respeto, pero me he ido acostumbrado

Gustavo Ulloa, sacerdote

Aunque ahora lo ve como una oportunidad de hacer ejercicio, considera la inseguridad vial y física como una desventaja del uso de la bicicleta, porque los conductores de vehículos no respetan al ciclista, ni las señales de tránsito. Por otro lado, los delincuentes aprovechan la situación para hacer sus fechorías.

“Otra desventaja es la falta de seguridad a la hora de resguardar la bicicleta para entrar a un comercio. Son casi nulos los comercios que disponen de vigilancia para las bicicletas”, señala.

Con el reciente aumento del precio de la gasolina, el sacerdote Ulloa Suárez no piensa bajarse de la bicicleta. Espera que los venezolanos que las usan como medio de transporte lo sigan haciendo, para cooperar con la descontaminación ambiental.

Milagros Loaiza recorre en bicicleta 100 kilómetros para vender su arte 

Cuando la vida solo te da limones, aprendes a hacer limonada. Esa es la premisa de Milagros Josefina Loaiza Amaya, una coriana de 58 años de edad que descubrió que montada en una bicicleta podía demostrar su capacidad de aguante, al trasladarse desde su lugar de habitación hasta su trabajo, un taller de confección de tejidos, y despejar su mente de los problemas.

Jubilada de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (Unefm), con 25 años de experiencia, Milagros aprendió a la edad de 12 años a montar bicicleta. En ella recorre cerca de 100 kilómetros –dos horas para ir y dos horas para regresar– desde Coro hasta su casa en el caserío La Aguada, municipio Colina, colindante con el municipio capital del estado Falcón.

Durante la cuarentena por el coronavirus se le dificultó movilizarse en transporte público. No quería perder horas en una parada de autobús, por lo que decidió desempolvar su vieja bicicleta y poner en práctica su resistencia física a su edad.


Lo que se aprende no se olvida, y el montar en bicicleta y tejer son dos cosas que aún no olvido

Milagros Loaiza, artesana

Las primeras veces que se trasladó en bicicleta hasta su puesto de artesanía en el mercado municipal de Coro, las piernas le temblaban al bajarse, pero solo pasó una semana cuando, según dice, ya era una práctica que se le hacía fácil. “Lo que se aprende no se olvida, y el montar en bicicleta y tejer son dos cosas que aún no olvido”, asegura con orgullo.

La pandemia la obligó, como a muchos otros, a ver las cosas de distinta manera, a valorar más lo que tiene: su familia, sus amigos y los placeres, de allí que no deja su pasión: confeccionar zapatos, ropa, bolsos tejidos. Loaiza es referencia en la ciudad de Coro y entre quienes adquieren sus creaciones para obsequiarlas en el extranjero.

Esta artesana manifiesta que, a pesar de la flexibilización de la cuarentena, seguirá montada en su bicicleta para ir y venir desde La Aguada hasta Coro. Lamenta que aún las personas no entiendan el peligro de contagio por COVID-19 que existe en el transporte público. Ella prefiere seguir recorriendo los 100 kilómetros en bicicleta, poco a poco, sin prisa y sin pausa, mientras la tendencia de contagio se mantiene en alza, para así cuidar de ella y de los suyos.

Reportero gráfico sortea cuestas y desniveles para llegar a su trabajo

A la cámara y su bolso con lentes, memorias y cargadores, se sumaron nuevas herramientas. Jhonny Parra, 39 años, conocido como “Molotov”, va por las calles de San Cristóbal haciendo fotografías en bicicleta. 

El docente de inglés, que se estrenó como reportero gráfico en diario La Nación y en la agencia internacional EFE en septiembre de 2019, decidió huirle a la falta de gasolina, a su compra en el mercado negro y a la búsqueda de efectivo para el transporte público, optando por este medio de traslado en dos ruedas.

En la adolescencia Parra fue amante de los deportes extremos, prácticas que dejó hace años, pero que decidió retomar comprando una bicicleta a finales del año pasado. Le costó 150.000 pesos colombianos (unos 50 dólares). A partir de ahí comenzó a trasladarse en ella.

Entre 2.200 y 2.900 metros recorre diariamente desde su casa, ubicada en el barrio San Carlos, hasta la sede de diario La Nación en La Concordia. La ruta más corta es agotadora, insegura y sola. Los conductores de vehículos y motocicletas no respetan al ciclista, y la vía está en malas condiciones, por lo que no la usa siempre.


Si voy a gastar cuatro pasajes de 500 pesos (colombianos), prefiero comprar un pan, y para irse a pie uno se cansa. La bicicleta aligera muchísimo

Jhonny Parra, reportero gráfico

Sorteando entre el mal estado de las vías y las calles empinadas características de la capital tachirense, se traslada a protestas por fallas en servicios públicos, ruedas de prensa, entre otros eventos noticiosos.

“No se dispone cien por ciento de pesos para pagar el pasaje, si no tienes bolívares. Si voy a gastar cuatro pasajes de 500 pesos, prefiero comprar un pan. Para irse a pie uno se cansa. La bicicleta aligera muchísimo”, confiesa.

En su bolso ahora no solo tiene cámaras, también lleva herramientas para reparar cadenas, tacos para cambio de frenos y una bomba para echarle aire al par de neumáticos que lo llevan y lo traen.  Lo más difícil para él ha sido la falta de cultura ciudadana, pues tanto el motorizado como el chofer de vehículo van por la vía completa, y no respetan el paso del ciclista.

Sin embargo, “Molotov” seguirá en su “caballito de hierro”, como le llama a su bicicleta. No piensa comprar gasolina a los nuevos precios decretados en Venezuela.

Un tapicero en bicicleta que no se detiene 

Algunas personas no pueden detenerse, ni siquiera en medio de una pandemia. Eso pensó Gerardo Gutiérrez, quien desde hace un mes se traslada a su taller de tapicería en bicicleta. Tiene una moto, modelo 150. Se la compró con sus ahorros, con el esfuerzo de su trabajo. Sin embargo, este vehículo no avanza sin gasolina, y este combustible es un lujo cada vez más inalcanzable para los tachirenses.

Los primeros días conseguía uno o dos litros, en dólares, pero desde principios de abril fue imposible. Decidió parar, cumplir con la cuarentena, pero la necesidad de generar recursos lo impulsó a continuar.

Un hermano de la iglesia, amigo cercano a su familia, lo vio caminando y decidió prestarle el vehículo a dos ruedas. “Él no la usa y también tiene otra”, dice el tapicero, de 42 años, residente del sector Morón, como se le conoce a la Urbanización Monseñor José Humberto Contreras del municipio Valera, estado Trujillo.

Gerardo sale todas las mañanas, entre las ocho y las nueve, para dirigirse a su taller, ubicado en la avenida 13 con la calle 16, diagonal al cementerio municipal. Luego hace el mismo recorrido de regreso, antes de las cinco de la tarde. Un trayecto de cinco minutos en moto pasó a ser de 30 a 40 minutos. 


Para mí esto fue un esfuerzo, porque no estaba acostumbrado. Tenía años que no me montaba en una bicicleta, pero producto de la situación del país, me tocó

Gerardo Gutiérrez, tapicero

 A los 13 años de edad trabajó en el mercado popular y, a los 17, se convirtió en ayudante de tapicería. Aprendió rápido y el oficio se convirtió en su aspiración. Actualmente es su propio jefe y mantiene a su familia. Uno de sus cuatro hijos se fue a Perú, en busca de mejores oportunidades.

La primera vez a pedal se sintió agotado, su cuerpo estaba pesado, pero en mayo ya estaba adaptado. “Para mí esto fue un esfuerzo, porque no estaba acostumbrado. Tenía años que no me montaba en una bicicleta, pero producto de la situación del país, me tocó”, confiesa. “¿Cambiaste la moto por una bicicleta? ¡Vas a echar músculos y piernas!”, le dicen sus conocidos, y todos se ríen juntos. 

Gerardo recorre unos seis kilómetros diarios a pedal, pero se mantiene optimista. “Yo estoy light (ligero)”, dice al compararse con uno de sus ayudantes, quien camina más de 10 kilómetros desde el sector Cubita, en el municipio San Rafael de Carvajal, hasta el taller.

Tras el anuncio del nuevo precio de la gasolina, Gutiérrez espera el mensaje para surtir su moto con capacidad para 17 litros. Aunque aspira al subsidio, está dispuesto a pagarla al precio internacional.

Periodista pedalea para cumplir con sus dos trabajos

En la zona de El Nula, parroquia San Camilo del municipio Páez del estado Apure, zona fronteriza entre Venezuela y Colombia, el periodista de Radio Fe y Alegría 106.1 FM, José Leonel Gutiérrez, ejerce diariamente esta profesión y expende helados conocidos como “tetas” de distintos sabores. Ambas labores las cumple a bordo de una bicicleta, poco lujosa pero resistente.

José Leonel es del estado Barinas y decidió mudarse a El Nula en el año 2011 para trabajar como periodista en una emisora local, lo cual le permitió a principios del año siguiente comprarse su primera bicicleta, que se ha convertido desde ese mismo año en el medio de transporte para este venezolano, ante la falta de recursos económicos para adquirir una moto y el déficit del combustible.

“Me compré la bicicleta porque me permite desplazarme de forma rápida y fácil. Me gustaría tener una moto, pero no he podido adquirirla por el alto costo. Al usar la bicicleta también ahorro dinero, porque el combustible es caro. Resulta menos costoso comprar una bicicleta que una moto”, asegura.


Al usar la bicicleta también ahorro dinero, porque el combustible es caro. Resulta menos costoso comprar una bicicleta que una moto

José Leonel Gutiérrez, periodista

El comunicador social, egresado de la Universidad Santa María (USM), solo accede al servicio del transporte público cuando viaja desde El Nula hasta El Piñal, en el estado Táchira. “El 100% de mis actividades las realizo en mi bicicleta. La que yo cargo va pa’ todos los barrios. (Con ella) me he metido a todos lados”, confiesa. La última bicicleta que adquirió tuvo un costo de 11.000.000 de bolívares en el año 2012, y considera ha sido de mucha utilidad para su desarrollo como profesional y comerciante.

Desde hace 15 días, el también revendedor de helados caseros paralizó las actividades comerciales, a raíz de los problemas eléctricos existentes en El Nula, donde los cortes diarios son de 22 horas aproximadamente. “Por la venta diaria de 30 helados ganó 9.000 pesos (colombianos), lo cual se traduce en más de un sueldo mínimo, es decir, tres dólares al día”, calcula.

Con la fe puesta en Dios, José Leonel confía en que durante los próximos días mejorará la situación económica.

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