Mujeres emprendedoras de Petare es un taller de costura para las madres de los niños que pertenecen al programa Alimenta la Solidaridad Petare, pero también reciben a chicas del municipio Sucre, en Miranda, que quieran aprender un oficio para el futuro

Las máquinas no dejan de sonar, las preguntas no se acaban, los patrones y las telas van y vienen, pero la alegría cuando una puntada queda perfecta es de esas que contagia. Las mujeres empoderadas de Petare son más que un concepto, son 40 alumnas de todo el municipio Sucre que se preparan en un acogedor taller de costura para aprender un oficio y salir adelante. 

Este taller de patronaje y confección, ubicado en Boleíta, es la consolidación de un proyecto del programa Alimenta la Solidaridad Petare, que más allá de dar de comer a los niños busca, desde que inició, la oportunidad de enseñar a las madres de los barrios un oficio que les permita generar ingresos y mejorar su calidad de vida. 

Se trata de mujeres de todas las edades que tres días a la semana, durante seis meses, reciben clases de un grupo de docentes capacitadas en el corte y la confección. 

Karen y Roxana Mujica son dos de las chicas beneficiadas en la primera cohorte, y sus ojos brillan cuando cuentan sus intenciones de montar un taller de costura familiar en La Dolorita, el barrio de Petare (Miranda) en el que viven. También allí coordinan un comedor de Alimenta la Solidaridad, llamado Motetos Contentos, donde almuerzan diariamente 71 niños.

Desde que fue seleccionada para integrar el primer grupo de mujeres costureras que se formarían en Mujeres Empoderadas de Petare, Karen divide su tiempo entre el trabajo en el comedor, la atención a los niños de su comunidad y las clases y prácticas del curso de costura en el que ya ha aprendido a hacer delantales, tapabocas, a pegar cierres y a dar puntadas de distintos usos.

Ahora están reuniendo dinero para comprar su propia máquina de coser y poder hacer piezas atractivas para la gente de su comunidad. Karen y Roxana son jóvenes y, contrario a lo que muchos pensarían, creen que la costura es el negocio en el que pueden asentar las bases de su futuro.


Se trata de un aprendizaje integral; de aprender la confección de productos sencillos que se pueden replicar y, a partir de ellos, lograr la independencia, no solo con la costura, sino mediante el acompañamiento psicosocial que les brindamos

Andrea García

Para vestir los sueños

Las mujeres beneficiarias aprenden paso a paso: cosen a mano puntadas simples y complejas; arman patrones, y luego se educan sobre el uso de las máquinas. Pero también ven cursos de empoderamiento y autoestima.

“Se trata de aprendizaje integral, del aprendizaje de la confección de productos sencillos que se pueden replicar y, a través de ellos, lograr la independencia, no solo con la costura, sino mediante el acompañamiento psicosocial que les brindamos”, explica Andrea García, coordinadora del programa de empoderamiento femenino. 

En Alimenta la Solidaridad Petare siempre tuvieron clara la necesidad de enseñar a las madres una labor, y habían hecho un experimento anterior con una marca deportiva en la que lograron ubicar laboralmente a 10 madres de los comedores. Pero fue la alianza con la Fundación Vístete de Sueños la que les permitió concretar el proyecto en plena pandemia por el COVID-19, y que arrancó en marzo de 2021 con la selección de un grupo de madres a las que entrevistaron y consultaron previamente para saber sobre su disposición a participar.

Leibrigui Primo y Cecilia Dos Ramos son egresadas de la fundación Vístete de Sueños y, ahora, profesoras de Mujeres Empoderadas de Petare. Todo lo que aprendieron en esta fundación es ahora lo que enseñan a estas madres, y lo hacen con dedicación y metodología.

Dos Ramos explica que se trata de conocimientos básicos en la costura, pero que sirven para iniciar y crecer en el negocio.  Son un grupo de siete profesoras que encontraron en este oficio un trabajo que las ayuda a sostenerse y que, a la vez, les permite desarrollar una labor social. 

“Hay sed de aprender en todas las edades. Eso nos hace seguir y dar mucho más también a nosotras que tenemos sed de enseñar”, dice esta docente mientras enseña a sus alumnas a perfeccionar su técnica con la máquina de coser. 


Hay sed de aprender en todas las edades. Eso nos hace seguir y dar mucho más también a nosotras, que tenemos sed de enseñar

Cecilia Dos Ramos

Las aprendices ven en este taller una oportunidad de crecer y lo manifiestan dando vida a este espacio blanco, lleno de telas y maniquíes, mesas, máquinas, hilos, tijeras y trozos de cartón y convirtiéndolo en un lugar donde dan puntadas a sus sueños de vivir mejor.

Roexana Bravo es del sector San Isidro, tiene 23 años y dos niños que se alimentan en los comedores aliados de Alimenta la Solidaridad Petare. Conocía de la costura por su madre que vive de ese oficio, pero nunca se había involucrado hasta ahora, que lo ve como una real oportunidad de negocio. 

“Yo aprendí un poco viendo a mi mamá, pero creo que ahora, aquí sentada en esta máquina de coser, puedo verme en un futuro en esto que me gusta y me ayuda a despejarme”, dice Bravo. 

Andrea, la coordinadora del proyecto, celebra las ganas de crecer de cada una de las chicas cursantes. Cree que será un proyecto que permitirá a muchas aprender algo que las impulse no solo a trabajar, sino a superarse y esforzarse por tener mejores condiciones de vida. 

Para ella, se trata de una experiencia integral donde las petareñas se empoderan, aprenden y crecen de la mano de profesoras que son “multiplicadoras de una experiencia de recuperación de vida”.

“En este taller coses la tela y también tus heridas”, es la convicción de la mujer que dirige este espacio y muestra la fe que le tiene al proyecto en cada palabra.


Se trata de una experiencia integral donde las petareñas se empoderan, aprenden y crecen de la mano de profesoras que son “multiplicadoras de una experiencia de recuperación de vida

Andrea García

Gabriela Mendoza y Adalys Barreto son prueba de ello. Ambas fueron llamadas, no solo para ser parte del taller, sino trabajar en él como recepcionistas. Ambas pasan sus días en este espacio que han hecho suyo y procuran aprender todo lo que pueden.

Usando telas y materiales que son donaciones, han elaborado delantales, camisas, franelas, tapabocas de neopreno y hasta faldas y vestidos de niñas a partir de piezas intervenidas. Gabriela dice estar “completamente entusiasmada” y segura que aprenden a coser piezas modernas y actuales para poder venderlas en el mercado. 

El sueño de todas es tener una máquina de coser en casa y, luego de su graduación, avanzar en la confección haciendo prendas para su familia y para vender, bien a través de su propio emprendimiento,  o encontrar trabajo en alguna empresa de costura. 

Del otro lado, las profesoras, la coordinadora y Andrés Sholeiter, dirigente de Alimenta la Solidaridad Petare, sueñan con ver graduadas en su escuelita de corte y confección a todas las madres de Petare que lo necesiten. En este taller dan puntada a cada uno de esos deseos de superación de las Mujeres Emprendedoras de Petare. 

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