En un año y tres meses la vida del venezolano Juan Carlos cambió. De vivir con miedo en Estados Unidos pasó a tener estatus legal, permiso de trabajo, seguro social y la opción a la residencia permanente. A José Manuel también le aprobaron el asilo. La diferencia es que tardó ocho años para conseguirlo. Estas fueron sus experiencias

La vida de Juan Carlos cambió en abril de 2022 cuando recibió una correspondencia. En el documento, el gobierno de los Estados Unidos (EE. UU.) le informó que su asilo había sido aprobado. Ahora, Juan Carlos, su esposa y su hijo, de 8 años, caminan con tranquilidad por las calles estadounidenses.

Juan Carlos tiene 51 años. Entró como turista a los EE. UU. en enero de 2021, junto a su familia, por el aeropuerto de Miami. En Venezuela trabajaba en una empresa del Estado en Caracas. Ganaba poco, en comparación con los índices inflacionarios.

Su decisión de emigrar no la tomó de un día para otro. Durante meses analizó el panorama, pensaba que las cosas podían cambiar en su país, incluso, fue a las marchas contra el gobierno de Nicolás Maduro y ello le generó problemas en su trabajo, al punto que recibió amenazas.

El día que tomó la decisión recuerda que le invadieron sentimientos encontrados. El miedo estaba allí, la nostalgia, la incertidumbre, pero el futuro incierto que le esperaba a su hijo en un país donde fallan los servicios a diario, la inseguridad golpea a todas las clases sociales y la calidad de la educación es cada día más baja, le dieron el empujón.

“Estuvimos unos días en Miami, pero nos pareció que la vida es muy acelerada, así que decidimos residir en el estado de California y, al mes de llegar aquí, buscamos asesoría legal. Luego fuimos armando el expediente con mi caso y lo enviamos al Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (USCIS, por sus siglas en inglés), en noviembre de 2021”, explicó a El Pitazo, vía telefónica, el 14 de mayo.


Esta aprobación cambió la vida de mi familia. Ahora tenemos un estatus legal y papeles, así como permiso de trabajo, seguro social y la opción a la residencia permanente. Estamos agradecidos con este país por la oportunidad de comenzar una nueva vida

Juan Carlos, migrante venezolano en Estados Unidos

A los tres meses de introducir los documentos, Juan Carlos recibió una llamada donde le notificaron que debía ir con su familia al Centro de Asistencia en Solicitudes (ASC, por sus siglas en inglés) a colocar las huellas dactilares, y al mes, vía correo electrónico, lo convocaron para la entrevista que duró tres horas.

“Primero nos hicieron preguntas a mi esposa y a mí. Luego a ella le solicitaron que se retirara con el niño y me quedé solo con el agente de inmigración. Las preguntas fueron sobre mis datos personales, por qué decidí salir de Venezuela y por qué mi integridad y la de mi familia estaban en riesgo. Casi todo era sobre lo que previamente habíamos escrito en la planilla de solicitud de asilo” explicó.

En abril de 2022, un mes después de la entrevista, Juan Carlos recibió una correspondencia por correo postal. Su solicitud de asilo había sido aprobada. Desde ese día quedó atrás su miedo a ser deportado.

“Esta aprobación cambió la vida de mi familia. Ahora tenemos un estatus legal y papeles, así como permiso de trabajo, seguro social y la opción a la residencia permanente. Estamos agradecidos con este país por la oportunidad de comenzar una nueva vida”, señaló Juan Carlos, quien se gana la vida haciendo delivery.

–¿Le gustaría regresar algún día a Venezuela?

–Por ahora no lo tenemos en mente. Pero si las cosas cambian en el ámbito político y se estabiliza el país, podríamos regresar de visita.

–¿Qué recomendación les daría a los venezolanos que quieren emigrar?

–Que lo hagan de forma legal y sin poner en riesgo sus vidas. Puedo entender la desesperación de algunos, pero hay que pensar bien antes de hacer las cosas. No es fácil, ni es juego irse de su país para comenzar una nueva vida, desde cero, en otro lugar donde existen muchos factores que pueden hacer que ese comienzo sea duro. A quienes deseen solicitar asilo les digo que en verdad tengan un caso que valga la pena y cumpla con los requisitos, de lo contrario, no pierdan tiempo porque se lo pueden negar y deportarlos.

De acuerdo con la información que maneja la oficina del Censo de 2019, más de 423.000 venezolanos viven en Estados Unidos. De esta cifra, al menos 192.000 residen sin autorización legal, según estimaciones del Centro de Estudios de Migración de Nueva York (Center for Migration Studies) correspondientes al año 2021.

Una equivocación demoró su proceso

Al venezolano José Manuel (50 años) también le aprobaron el asilo en EE. UU., pero luego de ocho años. El motivo: se equivocó en una de las respuestas cuando era entrevistado.

Él llegó a Miami con su esposa y su hijo, de 18 años, el 6 de enero de 2014, y en agosto de ese mismo año, los tres fueron llamados para la entrevista. “Lo primero que me dijeron fue que no era una conversación y me limitara a responder las preguntas”, recuerda.

José Manuel fue coordinador electoral de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en los Valles del Tuy, estado Miranda, durante las elecciones presidenciales entre el opositor Henrique Capriles Radonski y el actual gobernante Nicolás Maduro. El día de los comicios estaba en un centro electoral cuando llegaron motorizados armados, al momento del cierre de las mesas. Los funcionarios del Plan República que estaban allí, no hicieron nada al respecto.

“Ese día sentí mucho miedo. Mi vida estuvo en peligro. Me retiré del centro electoral y gracias a Dios hoy puedo contarlo. A partir de ese momento y luego del resultado electoral, entendí que debía irme de mi país”, señaló a El Pitazo el 14 de mayo, vía telefónica.


En Estados Unidos aprendí la importancia de la honestidad. Eso te abre muchas puertas. Aquí estoy tranquilo, sin miedo a que me roben ¿Qué si deseo volver a mi país? En realidad, no, porque la Venezuela donde crecí ya no existe

Crédito

Frente al funcionario de migración en EE. UU., José Manuel confundió la fecha de esas elecciones presidenciales y no le aprobaron el asilo. Su caso pasó a la Corte. Al año siguiente lo citaron para la audiencia de presentación. Fue vestido con flux, por recomendación de su abogado. Lo primero que le solicitaron fue asumir que había violado las leyes norteamericanas al quedarse en el país al que entró como turista.

Una vez expuesto el caso, faltaba la audiencia final, la cual se pospuso al menos tres veces. En enero de 2022 le llegó una nueva citación. Debido a la pandemia por COVID-19, el acto se realizó a través de una videoconferencia. Ese día le comunicaron que era elegible para el asilo.

“El juez me dijo que mi exposición se vio sincera y elocuente. Que pudo percibir el miedo en cada una de mis palabras. Presenté fotos y videos, entre otras pruebas, con la ayuda de un traductor, porque aunque uno ya maneja el idioma, debe ser muy preciso en las respuestas. Me ayudó el hecho de que no tenía multas de tránsito ni algún otro hecho violatorio de las leyes en el tiempo que llevaba en este país”, indicó.

José Manuel tuvo tres abogados durante todo este proceso. Incluso se asesoró con personas ligadas a la iglesia. Actualmente dirige una compañía que se encarga de fabricar tráiler de comida (food truck). Los ataques de ansiedad que le diagnosticó un médico en EE. UU., debido a todo lo que vivió en Venezuela, quedaron en el pasado. Hoy dice estar feliz.

“En Estados Unidos aprendí la importancia de la honestidad. Eso te abre muchas puertas. Aquí estoy tranquilo, sin miedo a que me roben ¿Qué si deseo volver a mi país? En realidad, no, porque la Venezuela donde crecí ya no existe”.

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