El turismo es una de las principales actividades económicas en el estado Nueva Esparta. Hasta 2019 se recibían entre tres y cuatro millones de visitantes aeroportuarios, de acuerdo con estimaciones de la Cámara de Comercio. En diciembre, Margarita solo recibió a 750 visitantes. Pese a la adversidad, los pequeños y grandes operadores turísticos insisten en ofrecer sus servicios para atraer visitantes y mantener con vida a la isla 

Por: Karina Vásquez

A sus 18 años de edad, con un hijo dos años y otro en camino, un esposo pescador que regresaba a tierra cada cuatro meses y un largo camino que recorrer, Viviana Arismendi puso su mirada de mujer trabajadora en ofrecer a los visitantes de la playa las empanadas que sabía preparar. Contando solo con una mesa, decidió iniciar su propio emprendimiento para aumentar sus ingresos y contribuir con el turismo en Margarita, estado Nueva Esparta, al Oriente de Venezuela, donde el turismo es la principal fuente de ingreso. 

Apoyada por su madre, se arriesgó y creció en el municipio Antolín del Campo, una zona donde el turismo era próspero en la época de los 80. Eso le permitió criar a sus ocho hijos. Cinco de ellos son profesionales, el resto ejecuta trabajos de mar. “Para tener real yo tenía que esperar que mi marido llegara de su campaña pescando y cubriera todos los gastos. Empecé a preparar las empanadas y los visitantes quedaban satisfechos. En un día preparaba ocho paquetes de harina de maíz y vendía más de 200 empanadas”, cuenta.

Ver y sentir la soledad en las playas le duele. “Ahora, la situación es diferente, ya casi nadie visita la isla. Las ventas ya no son iguales que antes. Las visitas de turistas desaparecieron y eso no me permite tener ganancias, pero yo igual salgo a ver si llega alguien buscando empanadas”. Registros de los mismos vendedores indican que hace seis años podían verse al menos 25 puestos en las playas y ahora 1 o 2.

Viviana está clara de que, además de la pandemia del coronavirus, existen otros factores que han mermado la entrada de turistas y asegura que en Margarita hay gente comprometida en evitar que el turismo muera.

En noviembre del año pasado, Julio Arnaldes, director del Buró del Turismo en Margarita, reconoció en una entrevista con el periodista Román Lozinski que la realidad de la región insular era dura y que el turista se encontraría con una situación distinta. Esa vez, sostuvo que los prestadores de servicios tenían ocho meses siendo positivos y que, por ello, se habían encargado de hacer ajustes para evitar la propagación del virus cuando se reactivaran las actividades.     

En diciembre de 2020, la Organización Mundial del Turismo estimó un retroceso de 30 años en el turismo mundial, debido a la pandemia. Incluso habló de pérdidas económicas calculadas en dos billones de dólares en el Producto Interno Bruto Mundial.  

Viviana asegura que desde hace 10 años, el turismo en la isla de Margarita ha ido en decadencia, las visitas han mermado durante los asuetos cuando percibían sus mejores ingresos económicos. Pero es justo en este tiempo cuando las pérdidas han sido más notorias por la ausencia de gente en las calles.


Ya casi nadie visita la isla. Las ventas ya no son iguales que antes, las visitas de turistas desaparecieron

Viviana Arismendi, empanadera

La realidad de Williams Gómez es similar a la de Viviana. Es surfista desde hace 15 años y, desde entonces, Playa Parguito se convirtió en parte de su hogar. Antes atendía a 10 personas al día que buscaban aprender a surfear, pero hoy solo va a distraerse en las desoladas olas una vez por semana. “Las pocas personas que vienen a este lugar no hacen deporte; algunos son  bañistas de un rato y se van. El turismo en la isla ha cambiado tanto que hasta da miedo acercarse a las orillas evitando ser víctimas de algún robo por la soledad que se mantiene”, refiere. 

Playa Parguito era uno de los atractivos turísticos de Margarita que permanecía repleto de visitantes internacionales, entre ellos brasileños y argentinos. Ahora está desolado, tanto así que hasta las tortugas salen a medianoche a desovar sus huevos. Hace unos cinco años atrás, los cuerpos de rescates resguardaban las orillas hasta que los tortuguillos salieran del nido y ahora no es necesario.

Una realidad indiscutible

Entre el año 2000 y hasta 2019 se recibían de tres a cuatro millones de visitantes aeroportuarios al año, pero en diciembre de 2020 solo 750 arribaron a la isla, según los cómputos que maneja la Cámara de Comercio en la entidad Insular. 

José Yapur, presidente de Fedecámaras en Nueva Esparta, asegura que a pesar de esa caída, la red hotelera ha mantenido la nómina del personal que labora en las diferentes áreas, pero la ausencia de incentivos económicos ha obligado a estos empleados a renunciar a sus labores. Esos trabajadores, en su mayoría, han iniciado su propio emprendimiento, porque están negados a dejar que el turismo en la entidad muera y apuestan a que la situación cambie y sea nuevamente provechoso.

En un escenario nada favorable, en 80 % de los hoteles se hizo una reinversión para operar tras la declaración de la pandemia por parte de la Organización Mundial de la Salud. Esa inyección de capital se hizo con el propósito de mantener las categorías Superior, Turismo y Delux, posterior a la cuarentena. Propietarios de estas grandes empresas turísticas remodelaron piscinas, mejoraron la pintura en las entradas, las habitaciones y las áreas comunes para que, al activarse, se vieran atractivas y en buenas condiciones para los vacacionistas.

Pero la realidad de los hoteles de la ciudad es otra. Ellos sí tuvieron una caída marcada, pues su ubicación en el casco central antes les permitía alojar a los comerciantes que llegaban en viajes rápidos para comprar mercancía y, posteriormente, regresar a tierra firme. Tras ser declarada la pandemia, estas posadas no recibieron más huéspedes. Sin embargo, los dueños esperan que la situación cambie para las próximas temporadas altas que se avecinan.

En la Perla del Caribe, como se le conoce a Margarita, la situación económica ha cambiado indiscutiblemente. Las pocas visitas que se registran desde hace algunos años niegan la posibilidad de percibir ganancias en las ventas diarias. No son las mismas de la época de oro del turismo en Nueva Esparta, entre los años 80 y 90, cuando ocho millones de ciudadanos aprovechaban su viaje para comprar, hacer negocios y disfrutar de las bellezas naturales de la isla.

Lo que ocurre con la venta de artesanía es un ejemplo. En la isla, la comercialización de este tipo de mercancía depende básicamente del consumo de los visitantes. Pero se han mantenido a pesar de la merma. Hubo un ligero repunte cuando iniciaron las semanas de flexibilización. 

Yapur indica que esta área del turismo está bien deteriorada, porque no hay variedad en la exhibición.


La recuperación de la actividad hotelera está sujeta al ritmo de la pandemia por el COVID-19

Alberto Anneccio, presidente de la Cámara Hotelera

Las zonas donde se encuentra la mayor parte del comercio artesanal son El Valle del Espíritu Santo, El Cercado y Tacarigua, donde cada vez hay menos tiendas. 

Anteriormente, había 19 puestos de artesanía, pero hoy solo se observan tres o cuatro en cada una de las zonas. Carmen Jacinta es artesana desde hace más de 20 años y dice que las condiciones han cambiado debido a la caída de las ventas. Han tenido un repunte en sus ingresos durante la fiesta de la Virgen del Valle, patrona de los orientales, porque siempre hay personas que pagan sus promesas y buscan cumplir con obras artesanales. Pero esto solo ocurre en septiembre. El resto del año venden tres de las 20 piezas que pueden exhibir. 

Yapur estima que los operadores con pequeñas y medianas empresas involucradas en el sector turismo han registrado temporadas nefastas con 35 % y 40 % de caída en sus ingresos, como consecuencia de una economía sentida y golpeada, pero que trabaja para mantenerse con esperanza de un día mejor. 

Por su parte, Teodoro Bellorín, presidente de la Cámara de Comercio, indica que el poco movimiento aeroportuario, desde hace unos cinco años, se anula con la imposición de una cuarentena radical al tiempo que aísla con mayor rigor a los habitantes de las islas de Margarita y Coche.


Las pocas personas que vienen a este lugar no hacen deporte, algunos son bañistas de un rato y se van

William González, surfista

Expectativas 

Una de las preocupaciones más latentes en estos momentos es que las temporadas de Carnaval y Semana Santa, en las que han centrado las expectativas para recuperar en cierto modo la golpeada economía regional, están incluidas en los próximos esquemas de cuarentena radical.

Siendo así, el empresariado da por sentado un nuevo fracaso en las temporadas vacacionales más importantes del año, pero los operadores igual ofertan al consumidor buenos precios, atrayentes para que los que siempre han escogido a la isla de Margarita como destino turístico por excelencia lo mantengan.

Alberto Anneccio, presidente de la Cámara Hotelera, sostiene que la recuperación de la actividad hotelera está sujeta al ritmo de la pandemia por el COVID-19. De igual manera, refiere que las operadoras publican paquetes de dos días y una noche, con todo incluido, para atraer a los foráneos a darle vida a la isla de Margarita, que siempre ha sido una ruta de turismo internacional.

Manifiesta que en la isla de Margarita, aunque las cifras de infectados por el virus no han sido tan elevadas como en Zulia, Miranda y Caracas, se debe considerar flexibilizar no solo las temporadas de asueto, sino también antes y después porque son las fechas en que los operadores aprovechan para ofrecer paquetes en temporada baja cuando también se mueve el turismo en la isla.

Es en esos días cuando no solo se concretan ventas, sino que también se promueven las reservas de manera que la actividad económica se impulsa y le abre las puertas a una mejora considerable al comercio y puerto libre. A eso es lo que siguen apostando, no solo el empresariado, sino los emprendedores, como Viviana, en el estado Nueva Esparta. 

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