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sábado, 28 mayo, 2022

Mafias planifican delitos en vertederos de basura

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Dos de los depósitos de desechos sólidos que funcionan en el estado Miranda están convertidos en territorios sin ley, donde negocian con los desperdicios y organizaciones hamponiles planifican delitos

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El negocio de la venta de la basura siempre ha sido rentable, pero más allá de las ganancias que genera la comercialización del cartón, aluminio, cobre, plástico y vidrio, los espacios donde se acumulan los desperdicios sirven de escondite a mega bandas delictivas que cada día fortalecen más su «economía» criminal. 

El relleno sanitario La Bonanza, ubicado  en el municipio Cristóbal Rojas de los Valles del Tuy, en el estado Miranda, es un ejemplo de lo lucrativo que resulta el negocio de los desechos y los delitos que se fraguan desde el cerro que lo rodea en su parte posterior.

En 180 hectáreas de extensión que posee este vertedero se procesan a diario 4 millones de kilos de desechos y reciclan 800 mil kilos mensuales, provenientes de Caracas y varias poblaciones del estado Miranda. 


En una ocasión reuní gran cantidad de cobre y solo me querían dar 10% de su valor real; me opuse y recibí como respuesta un tiro en la pierna. Luego me quitaron la mercancía

Trabajador de La Bonanza

Según fuentes que solicitaron el anonimato, en el lugar unos 70 hombres se ganan la vida con lo que otros botan. Minuciosamente, a diario, estos trabajadores rescatan todo aquello que sirve para vender, pero son vigilados de cerca  por los miembros de la banda delictiva que controla el lugar, pues la ganancia es compartida; de lo contrario, son echados del basurero o pagan la desobediencia con su vida. 

La orden es que un porcentaje de lo recolectado sea destinado a los jefes hamponiles, y si encuentran cosas de mucho valor entre la basura, deben entregarla. “En una ocasión reuní gran cantidad de cobre y solo me querían dar 10% de su valor real; me opuse y recibí como respuesta un tiro en la pierna. Luego me quitaron la mercancía”, contó un trabajador de La Bonanza.

Mafias de la basura

De las bandas que han operado en este lugar, la comandada por “el Buitre” ha sido la más sonada. Para el año 2016, esta organización hamponil estaba integrada por unos 40 hombres, blindados con armas de alto calibre, como fusiles Ak-47s, AR15s, ametralladoras MP-5, granadas fragmentarias y pistolas calibre 9mm.   

Se atrincheraban en una especie de búnker que construyeron en un espacio de unos 10mx10m, demarcado con separadores viales, para protegerse de los ataques policiales.

En este lugar escondían a víctimas de secuestro, en espera de que los familiares pagaran por su liberación. También “enfriaban” carros, robados principalmente en la Autopista Regional del Centro (ARC), para luego pedir dinero por su rescate.

Encontrar a “el Buitre” se convirtió para las autoridades en una especie de trofeo. El 21 de octubre de 2016, cinco de sus subalternos murieron en La Bonanza, al enfrentarse a una comisión de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) con granadas  y fusiles. Horas antes había sido asesinado un funcionario de este cuerpo de seguridad. 

Después, el 2 de noviembre de 2016, mataron a Renato Alfredo Peña Virriel, segundo hombre al mando, en un enfrentamiento con la PNB, en la calle Guaicaipuro de Artigas, Caracas. Más tarde, en mayo de 2017, funcionarios de la PNB ultimaron al famoso “Buitre” dentro del basurero.

Los jefes de esta banda vivían en sectores populares de los Valles del Tuy, así como en el barrio Artigas y la parroquia Caricuao de Caracas, donde gastaban el dinero ilícito en fiestas, mujeres, alcohol y drogas, pero utilizaban La Bonanza para planificar sus acciones delictivas.

Contrario a lo que se pensaba, la muerte de “el Buitre” y sus secuaces no acabó con la presencia de bandas criminales organizadas. «El Goyo” tomó las riendas. Este liderazgo le duró dos años, pues el 8 de febrero de 2019 le dieron un «golpe de estado». No solo lo mataron a él, sino a cuatro personas más, entre ellas una mujer. Ahora, la banda organizada que opera desde este territorio sin ley tiene un nuevo jefe que opera a sus anchas.


(El domingo) es el único día de la semana que no está activa la mafia; de resto es imposible entrar; sólo le permiten el acceso a los camiones de aseo de las alcaldías, porque saben que traen el material

Trabajador de El Limoncito

De lunes a viernes…

Se pudo conocer que un delincuente apodado «el Winston» controla una banda conformada por unos 50 hombres, quienes se han apoderado del vertedero de basura El Limoncito, ubicado en el kilómetro 32 de la carretera Panamericana, justo en el tramo que conecta a Los Teques con las poblaciones aragüeñas de Las Tejerías y La Victoria.

Este lugar sirve para depositar los desechos sólidos de los tres municipios de la subregión altomirandina: Carrizal, Los Salias y Guaicaipuro. También es usado como refugio por delincuentes armados con Uzi, R15, pistolas y granadas.

La organización delictiva trabaja de lunes a viernes, a propósito de que durante esos días llegan los camiones recolectores de basura a descargar. Los domingos hay «puerta abierta» para que familias enteras entren en busca de comida u objetos de valor que venderán posteriormente para paliar su situación económica. 

“Es el único día de la semana que no está activa la mafia; de resto es imposible entrar; sólo le permiten el acceso a los camiones de aseo de las alcaldías, porque saben que traen el material”, indicó un trabajador.

En El Limoncito, igual que en La Bonanza, malandros y trabajadores se mezclan en el negocio de la basura. Los “recoge basura” también están obligados a pagar a los «jefes de banda» altas sumas de dinero para poder seguir clasificando material para la venta; de lo contrario, son «castigados».

Sangre y basura

En los últimos tres años, el control de las bandas se ha fortalecido en el depósito de basura de El Limoncito, donde la sangre corre tanto como la basura. 

Aparte de los restos humanos descompuestos que los clasificadores han encontrado entre los desperdicios, por lo menos cuatro personas han sido asesinadas en el vertedero de desechos. Un coronel de la Fuerza Armada Nacional (FAN) fue una de las víctimas más renombradas. Lo mataron cuando compraba un lote de goma espuma de colchones viejos para reusar en su auto lavado, ubicado en la capital mirandina.

La información que manejan las autoridades policiales es que los delincuentes que operan en El Limoncito viven entre Guaremal, Barrio Miranda II y El Trabuco en la capital mirandina. No llevan una vida de lujos, pero el alcohol y las drogas no faltan.

Durante la última incursión de la Policía del Estado Miranda en el lugar, en la tercera semana de mayo de 2019, las autoridades recuperaron radios policiales y cargadores, tras sostener un enfrentamiento con los delincuentes, quienes escaparon. También recolectaron balas de fusil y de pistola.

El hallazgo de los radios hace presumir a los cuerpos de seguridad  que los antisociales copiaban la radiofrecuencia policial, lo que les permitía estar atentos ante cualquier incursión de los uniformados. No se descarta que la banda liderada por «El Winston» tenga otros equipos de este tipo para seguir burlando a las autoridades.


La necesidad es un elemento que coadyuva a que las personas incursionen en el camino delictivo

Luis Izquiel, criminólogo

Delinquir desde el escondite

Para el criminólogo venezolano Luis Izquiel, la proliferación de bandas delictivas en los vertederos de basura puede tener su origen en tres factores. “El primero es que los miembros de estas organizaciones se estén escondiendo de una banda rival; segundo, que se estén ocultando de las autoridades y, por último, que sean personas en mendicidad –en situación de calle– que se van a estos lugares a dedicarse al negocio de la basura y terminan delinquiendo”.

En opinión del abogado, los basureros son propicios para que los delincuentes burlen a las autoridades, por la dificultad para acceder a estos lugares por falta de vehículos y lo intrincado de las zonas. “Lo más probable es que estas bandas tengan gariteros, que forman parte de su estructura común, para que les avisen de cualquier incursión de extraños al lugar”, dijo.

El criminólogo mostró su preocupación porque en este mundo hay niños y adultos delinquiendo, a causa de la pobreza extrema. “La necesidad es un elemento que coadyuva a que las personas incursionen en el camino delictivo”, dijo Izquiel, al destacar que la falta de políticas sociales es un caldo de cultivo para que aumente la delincuencia en el país.

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