Habitantes del occidente y el oriente del país dieron muestras de solidaridad, fraternidad y hermandad durante el primer apagón nacional, que se inició el 7 de marzo de 2019 y mantuvo a oscuras  al país por varios días. Casas ubicadas en zonas prioritarias se convirtieron en hogares de quienes pasaron más de 100 horas continuas sin luz en Lara, mientras que, al oriente del país, una comunidad de margariteños estrechó lazos de hermandad en medio de la oscuridad

#APAGÓN2019 UN AÑO OSCURO

Liz Gazcón y Lisbeth Miquilena

Decenas de historias tristes y lamentables trajo como consecuencia el apagón más largo registrado en la historia reciente del país. Familias incomunicadas, pacientes sin poder hacerse sus tratamientos y comerciantes viendo sus negocios convertidos en pérdidas conformaron un capítulo amargo de la desinversión y la corrupción en el sistema eléctrico nacional. Pero otra cara de la historia mostró que, frente a la adversidad, muchos venezolanos recurren a su solidaridad, fraternidad y hermandad .En la capital musical de Venezuela y en la Perla del Caribe, la ausencia de electricidad durante los días aciagos de marzo de 2019 no apagó el apoyo entre amigos, vecinos y hasta desconocidos. Larenses y neoespartanos compartieron lo que tenían para sobrellevar juntos las consecuencias de aquella oscurana.

Barquisimeto: …y lo mío fue nuestro

El primer apagón nacional de 2019 se prolongó por más de 100 horas en el estado Lara. Sin embargo, el hospital central Antonio María Pineda, de Barquisimeto, y las comunidades cercanas tuvieron electricidad durante ese período por tratarse de un circuito prioritario.

En la urbanización José Gil Fortoul, la avenida Carabobo y la Ruezga Sur, los vecinos abrieron las puertas de sus casas a familiares, amigos y hasta a extraños para que cargaran las baterías de sus teléfonos celulares y lámparas de emergencia. Los habitantes de estos sectores también compartían sus señales WiFi para que quienes permanecían desconectados pudieran comunicarse con sus seres queridos en el exterior, e incluso abrieron espacio en sus patios y salas para conectar refrigeradores de amigos y comerciantes de otros sectores que hicieron mudanza de congeladores para preservar carnes, lácteos, alimentos, e inclusive medicamentos como los cartuchos de insulina o tratamientos oncológicos.

Los vecinos que habitan en el referido circuito prioritario también congelaban botellas de agua para saciar la sed de tantas personas que pasaban los días sin electricidad, muchas de ellas, incluso, sin gas doméstico, que recurrían a la leña para la cocción de los alimentos.

“Recuerdo que un vecino me llamó para saber si podíamos prestar nuestro patio para tener algunos refrigeradores de varios comerciantes. Durante el apagón nos encontramos con personas que tenían plantas y cobraban entre dos y cinco dólares por cargar un teléfono. En la Carabobo decidimos activar una campaña de solidaridad y empezamos a colgar carteles en casas y negocios que decían: “Se cargan teléfonos gratis”. Fue una dicha ayudar a tantas personas a prender sus celulares, o que tuvieran señal para hacer una transferencia”, relató a El Pitazo Anabel Marchán, residente de la avenida Carabobo.

A pocos metros, en la urbanización José Gil Fortoul, la calle de tres canales se hizo pequeña para recibir a decenas de familias cuyas casas permanecían a oscuras. En el hogar de María Oviedo recibían a unas treinta personas diariamente, en su mayoría conocidos y amigos de amigos, que escapaban brevemente del caos que reinaba en el resto de Barquisimeto.

“Era todo un despliegue de solidaridad. En la urbanización sí teníamos luz, pero no agua. Una tarde varios camioneros tuvieron la iniciativa de regalarnos agua y fue toda una bendición”, rememora Oviedo.

Hermandad y fraternidad entre vecinos de Nueva Esparta

Los cortes de energía eléctrica suscitados tras el apagón nacional del 7 de marzo de 2019 fueron el motivo por el cual los habitantes de la comunidad Los Villarroeles, en el municipio Díaz del estado Nueva Esparta, consolidaron lazos de hermandad y fraternidad.

La oscuridad, que por horas se extendió en la isla más grande de Venezuela, fue escenario para que los habitantes de ese popular sector se sentaran en las áreas comunes y allí planificaran las cenas de todos. Cada noche una de las viviendas era escogida como centro de acopio para que las mujeres se unieran y, tras recolectar los alimentos, se dispusieran a preparar la cena para todos.

Yomaira Bernal, una de las vecinas de la calle 5, recuerda que la fraternidad reinó en las horas de oscurana en esa comunidad margariteña. “Los venezolanos somos muy solidarios y, sobre todo en los momentos de dificultad, nos ayudamos como una sola familia. Aquí no hay mezquindad. Entre cuatro o más familias se hacían las arepas con queso y huevo para comer”, contó Bernal a El Pitazo.

La neoespartana explicó que mientras una o dos mujeres preparaban las arepas, otras alumbraban con velas; los hombres se encargaban de cuidar a los niños para luego, entre chistes y a la luz de la luna, sentarse a comer como una gran familia. “Yo siempre he dicho que nosotros los venezolanos le buscamos el lado positivo a las cosas”, añade sonriente.

Bernal aclaró que como vecinos no justifican los apagones ni las reiteradas fallas en los servicios públicos, solo que lo ocurrido tras aquel 7 de marzo es tan solo una muestra de los valores que definen a los venezolanos. Ella y sus vecinos demostraron que juntos pudieron hallar alternativas para hacer frente a las dificultades.

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