La crisis generada por falla eléctrica que afectó a toda Venezuela en marzo de 2019 obligó a los vecinos de las parroquias de Caracas a unirse para buscar soluciones urgentes ante la ausencia del Estado. Habitantes de Macarao, Antímano, Caricuao, Ruiz Pineda y La Vega cuentan cómo en medio de la calamidad tendieron la mano para ayudar a los más necesitados. Dicen que aprendieron de la experiencia 

#APAGÓN2019 UN AÑO OSCURO

María Pedroza recuerda que estaba sola en su casa ubicada en la parroquia Macarao, exactamente en el callejón Los Angelinos, el pasado 7 de marzo del 2019 cuando casi ya iban a ser las cinco de la tarde. A esa hora el reloj de la cocina y su ventilador dejaron de funcionar. Su perrito Jod ladró después que ella dijo en voz alta: “¡Qué vaina, se fue la luz!» Empezó a preocuparse cuando ya eran las siete de la noche y la electricidad no regresaba.

Con una vela encendida pudo revisar y cerrar el gas de la cocina.  La poca visión y el dolor en la columna son dolencias que la acompañan desde “hace poco”. A sus 69 años, dice que debido a estos problemas de salud prefiere pasar más tiempo en su hogar con su inseparable compañero Jod. 

La incomodidad invade a la señora María cuando habla del apagón que vivió el país el año pasado. Confiesa que la compañía de su mascota evitó que terminara «mal de la cabeza» durante aquellos días aciagos. 

La dama recuerda que la Plaza Bolívar de la zona estaba más oscura de lo normal. Como millones de venezolanos, además de no contar con servicio eléctrico, tampoco tenía agua. “Cuando llegaba la noche mi Jod casi lloraba, lo calmaba abrazándolo”. Explica que el apagón le afectó los nervios, pero no se lo contó a nadie en aquel momento, pues temía que se burlaran de ella.


Recuerdo que fue una oscuridad extraña con un silencio estresante

Nayarí Torres, vecina de La Vega

Encerrada, con la incertidumbre por no saber lo que estaba pasando, aislada y deprimida. María confiesa que quería quedarse dormida hasta que se resolviera la falla eléctrica. “Pero los zancudos y el calor me despertaban. También tenía que darle comida al perrito”.

Durante el día uno que otro de sus tres hijos la visitaban. Al tercer día creció la ansiedad de la señora cuando una amiga le dijo que ya se estaba restableciendo la luz en Caracas. Recuerda que al cuarto día sí le provocó comer un pan con queso y un café que le ofreció una vecina.  

“No me provocaba comer. Pensé que me iba a volver loca. Pensaba que unos de mis hijos me iba a sacar a un psiquiátrico. Es algo que no se lo deseo a nadie”, afirma.

Desde antes del apagón del 2019 la comunidad de Macarao, donde vive María, sufre por la fallas en el suministro de agua. “Ya la gente de Hidrocapital no encuentra qué cuento inventarnos para justificar la escasez del líquido”. Los teléfonos Cantv de varios sectores quedaron dañados después del apagón. Poco a poco empezaron a recuperar este servicio.


Compartíamos la comida que preparamos, así nos reconfortamos todos

Kathy Wagner, vecina de La Vega

El cerro totalmente oscuro 

Nayarí Torres es una persona sencilla y amable que vive en la comunidad San Miguel de la parroquia La Vega. Tiene dos hijos, uno de ocho y otro de 20 años. Para describir el mega apagón de marzo de 2019 indica que fue como una sensación de asfixia. 

“Recuerdo que fue una oscuridad extraña con un silencio estresante. Somos cristianos, encomendarnos a Dios en este momento nos marcó la diferencia”. 

Por su parte, Jairo Pérez cuenta que ante la crisis organizó una cuadrilla de vigilancia con vecinos de esta comunidad. Cuando no hay electricidad existe el riesgo de atracos y saqueos. “Claro que nos auxiliamos unos a otros a la hora de cargar agua, de recargar los celulares con los que teníamos planta eléctrica. Eso es lo bueno de la solidaridad vecinal cultivada por más de 30 años en este barrio”, apunta Jairo. 

Kathy Wagner coincide con lo expresado por Nayarí y Jairo: “Nos ayudó el hecho de que nos conociéramos. Colaboré con varios vecinos de La Pradera para hacer varios mechurrios; los dejábamos encendidos con gasoil en medio de la calle para que alumbraran a varias casas”. 


No me provocaba comer. Pensé que me iba a volver loca. Pensaba que unos de mis hijos me iba a sacar a un psiquiátrico

María Pedroza, vecina de Macarao

La señora Wagner, como le dicen sus vecinos, recuerda que se iba bien temprano a dormir. Por esos días, ella no podía con la rabia porque no pudo coser ni vender sus helados. Para esta señora de 80 años es inconcebible estar sin hacer nada. “De mis padres aprendí a ser muy activa, a trabajar, a ganarme el dinero honradamente”, explica. 

La señora Wagner, que ahora vive sola porque su familia emigró, relata que durante esos aciagos días de marzo se podía ver a los vecinos subiendo a pie por los distintos tramos de la extensa carretera de La Vega. El transporte era más escaso de lo normal. Todos cargaban agua, caminaban apurados a sus casas antes de que llegara la noche.

“Los cristianos de la zona visitamos a las personas mayores que no podían salir y que estaban tristes por la situación. Compartíamos la comida que preparamos, así nos reconfortamos todos”, afirma.

Una parroquia unida

Pero la molestia por este evento que dejó sin electricidad, agua y comunicaciones a casi todo el país, se vivió distinto en la segunda parroquia más poblada de Caracas: Caricuao. Allí no faltó una noche en que los vecinos desde sus balcones gritaran improperios en contra de Nicolás Maduro.

“Recuerdo la primera noche sin luz en la UD7 era para agarrar palco, ya que hasta los seguidores de este gobierno le gritaba bien duro una mentada de madre a Maduro”, señala Gladys Méndez, vecina de Caricuao.

Desde los sectores más altos de Caricuao hasta los de la parte baja, UD7 y Ruiz Pineda, los vecinos hacían colas para recolectar agua desde las distintas tomas. 

Gladys señala que la gente no se amilanó. Al tercer día del apagón, a muchos tanques de los bloques les quedaba poca agua por lo que se organizaban para servir a los más necesitados, mujeres embarazadas o con muchos niños pequeños.

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…las familias con muchos hijos estaban preocupadas por no tener agua, por no poder darles la comida del día

Gladys Méndez, vecina de Caricuao

“Los hombres se subieron en las plantabandas de los bloques para sacar el agua, los vecinos hacían las colas en el último piso, a cada uno se le iba dando un tobo. Claro que las familias con muchos hijos estaban preocupadas por no tener agua, por no poder darles la comida del día, pero todo se superó. Igual no quiero vivir esta pesadilla de nuevo», asegura.

Gladys dice que en las noches abrazaba a su sobrino más pequeño, de dos años, lo distraía con las sombras que hacía con sus dedos cerca de una vela. Recuerda que la mayoría de los vecinos estaban temprano en sus hogares. “En Caricuao, como el resto del país, no teníamos luz ni agua, pero gracias a las manos amigas de los vecinos que ayudaron a los más necesitados este episodio fue mucho menor”. 

No confían en las autoridades

En marzo de 2019 se dieron dos interrupciones más, así como en julio pasado. “Si los que gobiernan nunca le han hecho mantenimiento a ningún sistema no podemos esperar que todo funcione bien”. Gladys está clara que lo más seguro es que sigan fallando los servicios públicos.

“Varios sectores de Caricuao se quedaron sin telefonía y sin internet. Para este tiempo todavía no lo han reparado, a pesar que los vecinos reportan estas averías”, acota. 

No ver pasar los vagones del Metro impresionó a Gladys. Eso le hacía pensar que la capital estaba paralizada, que no había gente en la calle.  Debido a la falta de transporte muchos vecinos optaron por caminar la parroquia. “A mí como gusta caminar no me afectó tanto, pero daba tristeza ver a las personas mayores caminando con sus bastones bajo el sol quejándose, muchos de ellos se quedaron solos en el país”.

El 9 de marzo un grupo de vecinos de Ruiz Pineda salió a protestar. “Ni la Policía Nacional ni la Guardia Nacional tuvieron recato con estos las personas que pedían restablecer el servicio”.

Los vecinos de La Vega, Caricuao, Macarao, Antímano y La Vega coinciden en que la unión fue fundamental para pasar los inconvenientes generados por las fallas eléctricas. 

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