Si en condiciones normales las expresiones artísticas no generan grandes ingresos económicos, durante la pandemia por COVID-19 los trabajadores culturales han tenido que rebuscarse para lograr sobrevivir hasta la reapertura de los teatros y centros culturales

Desde hace dos años José Jiménez, uno de los iluminadores teatrales con mayor (y mejor) trayectoria en Venezuela, ayudaba a su hermano Jesús “El pollo” Rivero en un local de autopartes y un autolavado improvisado de su propiedad, ambos en el sector Los Flores de Catia, en la parroquia Sucre del municipio Libertador.

“Él se fue a vivir a Argentina un tiempo, pero no le fue bien y decidió montar su autolavado. Con la situación del país, yo empecé a prestarle apoyo”, recuerda. Ahora José solo trabaja con su cuñada. Al hermano no puede ayudarlo más, porque fue asesinado. La tarde del 30 de septiembre, dos sujetos le dispararon frente a sus ojos, cuando se encontraban en el autolavado. Su familia y vecinos aseguran que quienes perpetraron el crimen son presuntos miembros de colectivos, que decidieron matarlo por negarse a pagar extorsiones o “vacunas”.

En José se mezclan la impotencia y la culpa. “Yo vi cuando lo mataron, y no pude hacer nada para detenerlo”, explica con amargura. La realidad es que él nunca debió haber estado allí.

Quien solo conoce a José a simple vista seguramente no puede imaginar que ese hombre delgado, menudo, de ojos achinados y risueños le ha dado la vuelta al mundo como diseñador de luces. Es un hombre que, por ejemplo, llegó al Festival de Teatro de Sydney (Australia), o al Opera House de Seúl (Corea del Sur) con El Coronel no tiene quien le escriba, en la era dorada del grupo de teatro Rajatabla bajo la dirección de Carlos Jiménez. Estuvo en el equipo técnico de Mimí Lazo cuando El aplauso va por dentro se convirtió en leyenda, y era visitante frecuente del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá.

La información oficial explica que fueron dos los disparos que mataron a Jesús. José, su hermano, afirma que fueron 20. Una por cada año de la Revolución Bolivariana. Recuerda el número exacto porque, cuando fueron a retirar el cuerpo en la morgue de Bello Monte, el encargado confirmó lo que ya sabían: “Se ensañaron con él”.


Con el auge del teatro vía Zoom, los técnicos del sector se replantean cómo se realizará su papel y su oficio mientras los teatros permanezcan cerrados


Nadie, después de leer el curriculum vitae de José, podría entender cómo alguien con su trayectoria termina rebuscándose como trabajador en un autolavado. Nadie entiende cómo después de lo que vivió, José continúa laborando en el mismo lugar.

Lo único cierto es que, hasta que no se reanuden los grandes espectáculos ni los teatros puedan volver a funcionar, a José no le quedan muchas opciones.

Una situación recurrente

Mucho antes de que el COVID-19 tomara al mundo por asalto, vivir únicamente de la cultura y el espectáculo era una fantasía, solo alcanzable por influencers con cientos de miles de seguidores. José tiene la ventaja, por ejemplo, de ser el iluminador oficial en los espectáculos de Héctor Manrique, actor y director del Grupo Actoral 80. Su nombre aparece en los créditos de éxitos de taquilla como Sangre en el diván o Terror, además de musicales como El hombre de la Mancha y monólogos recientes como La señora Ímber.

¿Cuánto cobra “Joseíto”? ¿Cuánto puede cobrar un iluminador teatral por proyecto? Depende de su complejidad. Para Despertar de Primavera, éxito de Broadway importado y dirigido por Luis Fernández en 2014, José Jiménez cobró unos 25 millones de bolívares. 

Para Despertar de Primavera, José trabajó con la diseñadora de luces Valentina Sánchez, quien lo ha acompañado en otros proyectos como El hombre de la Mancha, estrenado por Djamil Jassir en 2016. Tanto Valentina como José cobraron 500 dólares americanos.


No existen tarifas que regulen lo que debe cobrar un trabajador cultural. Dependiendo de la complejidad del proyecto teatral, por ejemplo, un iluminador cobra entre $50 y $500 por proyecto


Para obras como Sangre en el diván, La señora Ímber o El Vestidor, José puede cobrar 50 dólares. Este monto puede variar dependiendo de la complejidad del espectáculo, e incluso de la capacidad económica de la producción teatral que acude a sus servicios. “No hay una tarifa fija para este tipo de servicios, no hay un baremo exacto”, explica.

Hay que recordar, sin embargo, que los trabajadores independientes (conocidos también como freelance) como José, cobran por proyecto y no perciben un ingreso fijo mensual. Dependen, por supuesto, de la cantidad de eventos en el mes. Y en pandemia, ese número ha bajado considerablemente.

“Lo más difícil de la pandemia ha sido no tener cómo comprar comida”, explica Juan Carlos Navas, director técnico del Centro Cultural BOD en La Castellana, Caracas, quien produce un homenaje a la banda británica Queen y que tuvo que poner en pausa con la llegada del coronavirus a Venezuela. Un evento menos, en este caso, es dinero menos también.

Sin embargo, se reconoce afortunado. “Gracias a todos los conocimientos que tengo en el área me llama mucha gente”, explica el técnico con 35 años de trayectoria en tramoya, iluminación, manejo de cónsolas y los equipos técnicos con los que cuenta cualquier teatro.

Si bien el centro cultural no registra visitas desde marzo, ha podido mantener a su plantilla con los eventos que se transmiten por streaming en la plataforma Play, propiedad de Ticketmundo. También ha realizado el montaje técnico de espectáculos especiales como el concierto realizado para el Día de la Madre, o la serie Danza en fragmentos. Sin embargo, no ha sido suficiente.

Juan Carlos explica que el centro cultural ha pensado en la situación de los trabajadores. “Nos dan un bono. No es mucho, pero de algo sirve”, afirma. Para mantener el hogar que comparte con su esposa, ejerce también como técnico eléctrico de automóviles. “Resuelvo algunas cosas con ese empleo, y mi esposa trabaja en una empresa de puntos de venta”.

Sin gremios ni sindicatos

Los trabajadores de cine están un poco menos desprotegidos. Estos, al menos, cuentan con la Asociación Civil para el Bienestar social del Trabajador Cinematográfico (Abicine), cuyos fondos dependen, directamente, de Fonprocine, el Fondo de Promoción y Financiamiento del Cine.

Esta consideración existe en la enmienda de la Ley de Cinematografía Nacional de 2005, cuyo artículo 40° contempla que los recursos financiero de Fonprocine serán ejecutados por el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (Cnac) para “la creación y mantenimiento de un Programa de Bienestar Social para los trabajadores independientes del sector, para el que se harán aportes financieros de hasta un 10% del total del presupuesto anual del Fondo”.

La ley no se cumple. Con la disminución del 62% de los espectadores a las salas de cine (30 millones en 2015 versus 11 millones al término de 2019), el alza del dólar y el deterioro progresivo del valor de la moneda nacional, los recursos disponibles de Fonprocine han mermado considerablemente. Y los escasos autocines que funcionan actualmente no están aún en el Fondo.

Henry Páez, miembro promotor de la  Academia de las Ciencias y Artes Cinematográficas de Venezuela (Acacv), explica que en otros tiempos Abicine tenía la capacidad, incluso, de garantizar un seguro de hospitalización, cirugía y maternidad a los trabajadores de cine, así como seguros funerarios, planes de recreación o vacacionales, incluso de formación profesional. “Con el tiempo y la agudización de la crisis, eso se acabó”, afirma.


La Ley de Cinematografía de 2005 establece la creación de un fondo destinado para los trabajadores del sector. Sin embargo, la hiperinflación ha disminuido la capacidad de este monto, así como la posibilidad de los trabajadores de optar a mejores condiciones laborales


Sin embargo, destaca que actualmente los trabajadores reciben apoyo por parte del Cnac para cubrir emergencias como gastos funerarios, o tratamientos para enfermedades y operaciones de emergencia.

Actualmente, el Fondo de Bienestar Social del Trabajador Cinematográfico del Cnac está conformado por una comisión conformada por Julio César Castro (presidente de Abicine), José Ernesto Martínez de la Asociación Venezolana de Productores Cinematográficos y Audiovisuales (Avepca) y Edgar Narváez por la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos (Anac). Quien lo solicite, puede pedir un apoyo económico que, según explica Páez, asciende actualmente a un promedio de cinco millones de bolívares. Sin embargo, están intentando elevar la suma al equivalente de 20 dólares americanos.

La precaria situación de los trabajadores de cine figura como una de las razones para elaborar un protocolo para reactivar la producción de cine nacional. Aunque el documento fue enviado a las autoridades ministeriales en junio de este año, las mismas no se han pronunciado.

No hay técnicos para Zoom

Con el auge de experimentos como el “teatro-Zoom” y las obras de teatro por streaming, la labor de sonidistas, iluminadores, operadores de tramoya y asistentes de escena se han visto comprometidas. Valentina Sánchez, iluminadora con 30 años de trayectoria en el medio teatral, explica que el oficio debe ser replanteado.

Relata, por ejemplo, que durante un taller de actuación que cursó a través de Zoom, la presentación de las escenas se realizó con cada participante desde su casa. “En estos momentos, pienso que la labor del técnico podría funcionar tal y como se hace en cine: viendo la escena y a partir de ahí analizar cómo iluminarla, o dónde colocar los micrófonos, por ejemplo”.

Sus ahorros han sido el gran salvavidas y, en los siete meses que ha pasado sin trabajar, ha logrado mantenerse gracias a ellos. También trabaja como profesora del Diplomado en Fundamentos de Artes Escénicas del Centro de Artes Integradas, con sede en la Universidad Metropolitana. 


Con el auge del teatro vía Zoom, los técnicos del sector se replantean cómo se realizará su papel y su oficio mientras los teatros permanezcan cerrados


El porvenir, en este momento, es inseguro. En el caso de Valentina, próximamente podrá trabajar en la versión grabada del Festival de Música Urbana que organiza anualmente la Fundación Nuevas Bandas. Después, es un misterio.

Tanto el cine como los teatros y los recintos culturales se mantienen a la expectativa de otras supuestas medidas de flexibilización y consideraciones especiales. Un trabajador de Trasnocho Cultural, que prefirió permanecer en el anonimato, explicó que el gobernante Nicolás Maduro anunciaría la reapertura de teatros y cines para diciembre. Sin embargo, la mayoría de los centros culturales trabajan solo las dos primeras semanas del mes, para después darle paso a las fiestas decembrinas y retomar la actividad en enero… si la pandemia lo permite.

Para los técnicos culturales, lo único cierto en estos momentos es que todo es incierto. Y lo único que pueden hacer en este momento, es esperar.

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