Un mes después de su juramentación como presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó puso en marcha una operación internacional para lograr introducir insumos médicos y hospitalarios al país. Analistas consultados por El Pitazo aseguran que, aunque el plan mantuvo un carácter humanitario, también hubo objetivos políticos para debilitar el poder Nicolás Maduro en Miraflores que fracasaron, a raíz de la subestimación estratégica del movimiento del líder opositor

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El 23 de febrero de 2019, un mes después de su juramentación presidencial interina, Juan Guaidó encabezó una de sus operaciones más ambiciosas en la lucha por el control político de Venezuela: Ingresar ayuda humanitaria a través de las fronteras con Colombia y Brasil.

El empeño del líder opositor se vio frenado por la respuesta militar del gobierno de Nicolás Maduro, al bloquear con containers el puente fronterizo con Colombia, por donde empezaría a llegar los bienes básicos desde el país vecino, y reprimir los intentos por introducir los insumos humanitarios por tierra. Un escenario que trajo un desenlace violento con varios fallecidos y centenares de heridos.

Guaidó presentó su plan a finales de enero del año pasado con un discurso frontal. Prometió transportar “sí o sí” los cargamentos de insumos humanitarios hacia el interior del país y para ello dispuso de tres centros internacionales de acopio ubicados en Cúcuta (Colombia), Roraima (Brasil) y la isla de Curazao. La determinación expresada por el líder opositor y la puesta en escena en los días previos ayudó a generar grandes expectativas entre los venezolanos.


LA INICIATIVA DEL PRESIDENTE INTERINO TENÍA COMO OBJETIVO INTRODUCIR AL PAÍS AYUDA QUE DESESPERADAMENTE REQUERÍAN MILLONES DE VENEZOLANOS, PERO TAMBIÉN BUSCABA QUEBRAR AL ESTAMENTO MILITAR QUE SOSTIENE AL GOBIERNO CHAVISTA


No era para menos. Un día antes de la operación, se realizó un concierto benéfico, organizado por el multimillonario inglés Richard Branson, en el puente internacional Las Tienditas, ​​​​en Cúcuta, con la participación de múltiples artistas internacionales. Además, la presencia en el lugar de presidentes latinoamericanos como Sebastián Piñera e Iván Duque, hizo creer a muchos en la posibilidad de éxito del plan de Guaidó.

Para el jefe de la Asamblea Nacional venezolana, la iniciativa tenía como objetivo proveer medicamentos y equipos hospitalarios que desesperadamente requerían millones de venezolanos en el país. También representó la oportunidad de quebrar al estamento militar que sostiene al gobierno chavista.

Sin embargo, los resultados estuvieron menos cerca de lo esperado.

¿Maniobra política o intención humanitaria?

Iván Briscoe, experto en asuntos de Latinoamérica y el Caribe del International Crisis Group, una ONG especializada en conflictos, considera que los problemas de la llamada “avalancha humanitaria” convocada por Guaidó iniciaron a partir del mal diseño de la estrategia, pues no estuvo claro que el plan sería efectivo para aliviar el sufrimiento de pacientes en centros de salud venezolanos.

“Guaidó no tenía el apoyo de la comunidad humanitaria, pues la acción humanitaria se fundamenta en principios de neutralidad, es decir, no toma parte de algún conflicto político”, explica.

Según el Derecho Internacional Humanitario, toda acción humanitaria debe regirse por cuatro principios fundamentales: humanidad, neutralidad, imparcialidad e independencia. Estas normas están inspiradas en el trabajo de años del Comité Internacional de la Cruz Roja (Cicr), explícitamente recogidos en los Convenios de Ginebra de 1949, que han sido suscritos por 196 estados (incluyendo Venezuela y EE. UU.).

En el primero de los principios, humanidad, se plantea que el sufrimiento humano debe ser atendido dondequiera que se encuentre. “En circunstancias extremadamente hostiles, normalmente se negocia la entrega de ayuda humanitaria con los actores que en efecto dominan el terreno”, señala el consultor de Crisis Group.

Pero en el caso del 23-F este procedimiento no se cumplió. Afirma Briscoe que, aunque fue Guaidó -bajo su presidencia encargada y con el apoyo de gobiernos aliados- quien elaboró el plan humanitario, en Venezuela el control político y militar de facto aún reposa en manos de Maduro.


Guaidó no tenía el apoyo de la comunidad humanitaria, pues la acción humanitaria se fundamenta en principios de neutralidad, es decir, no toma parte de algún conflicto político

Iván Briscoe, experto en asuntos de Latinoamérica y el Caribe del International Crisis Group

En su momento, la organización benéfica respaldada por la Iglesia Católica, Caritas, señaló que la ayuda humanitaria no resolvía los problemas del país, “solo mitiga los impactos sobre la gente más pobre».

Briscoe sostiene que pese a que existía una intención de asistir a los más necesitados, los hechos dejaron entrever un objetivo final “explícitamente político”.

“La misión fue socavar y debilitar el apoyo militar al régimen de Maduro y al no lograrlo creo que sí fue un fracaso”, le dice el experto a El Pitazo.

Subestimación estratégica

Cuando Guaidó anunció a finales de enero de 2019 su convocatoria humanitaria, el líder opositor puso en marcha un proceso para crear una coalición internacional que respaldara su ruta.

De inmediato, Estados Unidos, a través Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid, por sus siglas en inglés), y países miembros de la Unión Europea activaron mecanismos de donaciones para paliar la crisis humanitaria que vive Venezuela.

Maduro, a quien Guaidó declaró como usurpador del poder en Venezuela, tachó luego de conocerse esa ayuda como “un regalo podrido” que formaba parte de una estrategia para derrocarlo diseñada por Washington.

Briscoe dice que al haber un foco en los aportes de EE. UU. y otras naciones de Latinoamérica se instaló en la opinión pública internacional la idea que la ayuda humanitaria “era una pantalla para un intento de causar un cambio político en Venezuela”, que benefició la narrativa del chavismo.

“Esa incertidumbre ayudó al gobierno de Maduro a establecer esta imagen de estar sufriendo unos supuestos embates del imperio y de sus aliados oligárquicos en el país”

También cree desde la dirección política se evidenció una “subestimación crónica de la fuerza del gobierno de Maduro en el terreno”, especialmente en la capacidad de lealtad de los altos mandos del cuerpos castrenses y “del control real de grupos chavistas en zonas fronterizas”.

“En Ureña y San Antonio (Táchira), Maduro tenía un control muy efectivo para impedir manifestaciones en el ese lado de la frontera. Sin esas protestas ciudadanas, sin una ruptura de altos mandos, no solo en algunas deserciones, era muy difícil imaginar que funcionaría ese traslado de ayuda humanitaria”, destaca.


LUEGO DEL 23 DE FEBRERO, GUAIDÓ CEDIÓ LA INICIATIVA A MADURO, EL CUAL DECLARÓ EL BLOQUEO DE LA MENCIONADA “AVALANCHA HUMANITARIA” COMO UNA VICTORIA POLÍTICA Y MILITAR


En el marco de la operación fronteriza, al menos 60 soldados venezolanos abandonaron sus puestos en Venezuela para ingresar a Colombia, atendiendo una llamado de Guaidó.

Para el analista político y director de la encuestadora Delphos, Félix Seijas, la razón principal del fallo del mandatario interino en sus llamados a la Fuerza Armada fue apostar por un quiebre de pequeños grupos militares para romper el bloque de poder.

Ese error, asegura, se repitió durante el fallido levantamiento militar del 30 de abril de 2019, que derivó en la liberación del fundador del partido Voluntad Popular (VP), Leopoldo López.

Represión como “victoria política”

Durante aquel sábado 23 de febrero, los intentos de aproximarse a las fronteras venezolanas desde el lado colombiano y brasileño para ingresar la ayuda humanitaria también dieron paso a disturbios y enfrentamientos que dejaron centenares de víctimas.

Briscoe opina que, aunque no es adjudicable la responsabilidad a Guaidó por la represión desmedida del gobierno, la falta de atención en detalles como la distancia entre los diferentes puntos de fronterizos, facilitó el accionar de los cuerpos de seguridad leales a Nicolás Maduro.


CARITAS, SEÑALÓ QUE LA AYUDA HUMANITARIA NO RESOLVÍA LOS PROBLEMAS DEL PAÍS


Mientras la atención principal de los medios y principales portavoces del gobierno interino reposaba en la operación en Colombia, en el paso fronterizo con Brasil de Santa Elena de Uairén, al sureste de Venezuela, se registraba los más fuertes disturbios.

Según reportes de ONG como Foro Penal, cinco personas resultaron muertas y cerca de 300 heridos, como consecuencia de las acciones de cuerpos militares, apoyados por colectivos -como se le conoce a simpatizantes paramilitares del chavismo-, para frenar a manifestantes opositores que participaron en los hechos del 23 de febrero.

En el Puente Internacional Francisco de Paula Santander, que conecta a Cúcuta con Ureña, dos de las ocho gandolas que transportaban cargamentos de ayuda humanitaria terminaron incendiadas. Se tenía previsto que 14 gandolas salieran con 280 toneladas de insumos, pero la mayoría tuvo que retornar al punto de recolección en territorio colombiano.

“Aunque lo que iba entrar era irrisorio para el país, los más simbólico era demostrar que Guaidó tenía la fuerza para lograr ingresar con los cargamentos, pero como no se cumplió, terminó generando frustraciones en la población”, advierte Seijas.

Por su parte, Briscoe es de la opinión que luego del 23 de febrero, Guaidó cedió la iniciativa al chavismo gobernante, el cual declaró el bloqueo de la mencionada “avalancha humanitaria” como una victoria política y militar.

“Maduro resistió, ese fue el discurso meses y meses después para neutralizar la campaña de Guaidó y sus aliados”, asegura el analista.

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