Desde 2019, un grupo de vecinos de Los Palos Grandes trabaja en equipo para hacer más humanos los espacios de esta urbanización caraqueña. Bajo el paraguas de la organización Los Palos Grandes de Noche, artistas, arquitectos, periodistas, pintores, escritores, emprendedores y amas de casa pintan juntos el nuevo rostro de la ciudad

“A Caracas la deben engrandecer con tantas manos como pies la transitan”

                                                                                             Doménico Helmeyer

Unas alas coloridas, un muro blanco con formas asimétricas y expuestas, un dibujo que muestra los verdes del Ávila, las guacamayas y los cafés de Altamira, una frase que invita a pensar en el futuro, un diseño abstracto y otro con colores psicodélicos y líneas… En unos 50 minutos de caminata es posible descubrir Los Palos Grandes más allá de sus edificios viejos y sus restaurantes.

El camino lo marcan los 17 murales creados por los vecinos organizados en el movimiento Los Palos Grandes de Noche, un grupo que se propuso revalorizar las esquinas manchadas con grafitis y por el que ahora cada ciudadano que recorre la urbanización lo hace con paradas especiales para hacerse fotos o simplemente contemplar.

Podría parecer que tienen la vida entera pintados allí, porque después de pintados se convierten en una referencia, pero se trata de un proyecto que comenzó en septiembre de 2019 para tratar de evitar que las paredes de las residencias de esta zona se convirtieran en urinarios públicos. Por ello se unieron y se siguen uniendo vecinos para pintar y embellecer este trozo de la ciudad.

A pesar de la cuarentena, de la pandemia y de la crisis que envuelve al país, ellos siguen pintando. 

Abren un galón, luego otro y luego otro. El olor a pintura invade todo el espacio y de repente son siete envases de pintura verde en distintos tonos, regada sobre el mesón improvisado, en el piso y sobre alguna silla plástica. Unos toman medidas y hacen marcas en la pared mientras otros terminan de pintar de blanco la pared del mural número 16 creado por el movimiento Los Palos Grandes de Noche.

112 metros cuadrados fueron los elegidos para colorear un poco más una urbanización caraqueña donde las construcciones de estilo brutalista con sus bloques de concreto expuestos y grises son la regla y en la que un grupo de vecinos intenta recuperar la civilidad dando color a sus paredes.

Doménico Helmeyer, el padre de esta idea, cuenta que la concibieron en el seno del Consejo Comunal de la urbanización y en chats vecinales, preocupados por el estado de deterioro en el que se encuentran las calles de la que es considerada una de las zonas mejor valoradas comercial y habitacionalmente del este caraqueño.

Con sus pantalones llenos de manchas de colores, Doménico saluda a quienes pasan la 2ª Transversal con 4ª avenida y lo ven junto al grupo de voluntarios de todas las edades que ayudan a pintar. “La idea siempre fue rescatar la noche para los ciudadanos y cada vez que notas a alguien con un teléfono en la mano haciendo fotos en un mural o admirando una obra en las tardes, entonces te das cuenta de que lo estamos logrando”, dice Helmeyer.

Con esta premisa, Los Palos Grandes de Noche y sus agentes consiguen paredes para posibles transformaciones, invitan artistas a presentar diseños, gestionan los permisos, consiguen la aprobación de las juntas de condominio, convierten los espacios en obra limpia y comienzan a dibujar y colorear la ciudad. 

El apoyo viene de todos lados: la pintura de cada mural es donada por la empresa privada Pinturas Venex, que se alió desde el principio con los creadores del proyecto para ayudar en el embellecimiento de la zona. Arquitectos, periodistas, pintores, escritores, escultores, cineastas, músicos y artistas que viven en esta comunidad son los mismos que aportan sus talentos para lograr las obras que hoy embellecen cualquier paseo por Los Palos Grandes.

Nelo Ledezma es uno de estos ayudantes voluntarios. Puso su carrera como arquitecto al servicio de este proyecto y ya su firma se puede leer en al menos dos de los 17 murales pintados en Los Palos Grandes, eso sin contar sus aportes en cada una de las piezas que se aprecian en los muros de la zona.

Para Ledezma, la importancia del trabajo que hacen recae en la capacidad de transformar sitios grises, basureros, y zonas aprovechadas para actos inapropiados y convertirlas en marcos del turismo en la ciudad. 

Ledezma, autor de uno de los murales hechos en 2019 y del primero de 2021, es el responsable de la pieza que reformó una pared entera con colores que se reflejan en otros edificios e invita a los transeúntes a asomarse a Los Palos Grandes. Pero, aunque admite que es suyo este par de ideas, explica que se trata de un trabajo conjunto en el que intervienen todos los vecinos que se van sumando a la travesía.

Carmen Sayago es una de ellos. Es ama de casa y dedica sus ratos libres a embellecer este tramo de la ciudad que considera como suyo. Para ella, estos momentos de pintura no solo enaltecen la ciudad, sino que afianzan la vida en comunidad. 

“Estamos guiados por Doménico, que es un líder comunitario, y tenemos las ganas de sumarnos y aportar lo poquito que podemos a la causa de hacer de Los Palos Grandes un espacio amable para los caraqueños”, es la opinión de Sayago.

Como ella, decenas de vecinos se suman a la causa. Silvia Alegret, una conocida periodista y defensora de la libertad de expresión, ayudó también pintando la pared de las Residencias Itacas, que es la fachada elegida para el primer proyecto de este 2021: “Perspectiva coloreada”. Coloreando esa pared se reencontró con su ciudad, tras una delicada enfermedad.

Gustavo Jiménez, vecino y líder de @Ccsparallevar, es otro de los que se suman a la ayuda. Cree que es una acción que permitirá convertir la ciudad en un ejemplo y referencia de convivencia y buena ciudadanía.

“La transformación no es solo física, sino que estas intervenciones son una forma de hacer ciudadanía… Es una manera de hacerte sentir importante; cada uno de los que recorremos este espacio nos sentimos afortunados y esto es lo que queremos para el país”, es la reflexión de Elsy Manzanares, una residente de Los Palos Grandes que pasea a sus perros cada tarde por la zona y agradece los colores de cada mural.

En Los Palos Grandes no se conforman con el clima fresco y el privilegio de ser una zona céntrica en la ciudad y de estar tan cerca del Ávila. Ahora se empeñan en hacer ciudadanía entre colores y formas que quedan plasmados en murales que representan para muchos pequeños santuarios de la ciudad que aspiran a tener.

En palabras del escritor y residente de esta zona Rafael Coriat, se trata de una recuperación que viene desde el amor por la ciudad y que no busca sino ser un referente de cómo se usa el vandalismo y se transforma en una representación artística. 

“Queremos que los murales se reproduzcan como una pandemia y que se vuelvan visita obligada”. Ese es el deseo de Coriat y un reflejo del anhelo de quienes sueñan con una Caracas más amable y la construyen con brochas y pintura.

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