En Venezuela hay 11.000 jubilados de la Dirección Ejecutiva de la Magistratura y el Poder Judicial que no perciben un sueldo que les permita acceder a la canasta básica. Tampoco reciben beneficios de bolsas de comida ni medicinas. Los jubilados sienten que reciben un trato indigno por parte de las autoridades

“Estamos desprotegidos”, es lo que más repiten los jubilados de la Dirección Ejecutiva de la Magistratura (DEM). Después de 30, 25 o 20 años de servicios, su jubilación se reduce a menos de 4 dólares mensuales y a un conjunto de reclamos por medicinas y alimentación. Para sobrevivir han tenido que desempeñar otros oficios y depender de la ayuda de sus familiares.

Durante el 2020, la Asociación de Jubilados y Pensionados de la Dirección Ejecutiva de la Magistratura y del Poder Judicial ha insistido en que se homologue la pensión con el sueldo que percibe un trabajador activo. Sin embargo, Jesse Arias Quintero, director ejecutivo de la Magistratura, un órgano auxiliar del poder Judicial, aún no ofrece respuesta.

Xiomara Tovar es la presidenta de esta asociación. Asegura que en este momento un jubilado percibe 3 dólares o menos y un activo puede llegar a 10 dólares con las primas que el contrato colectivo contempla. Su caso es una muestra de esta desigualdad: fue jubilada en 2003 con 80% del sueldo como directora de línea de Recursos Humanos, con 20 años de servicios, y gana lo mismo que un asistente de tribunal que se jubiló en 2017.


Todos los días me llaman compañeros para decir que no tienen qué comer

Rita Zambrano, jubilada de la DEM en Bolívar

“Somos 11.000 jubilados en el territorio nacional los que pedimos una homologación. Si un activo gana un cestaticket, que nosotros también lo recibamos con el nombre que ellos quieran”, dice Tovar en nombre de sus asociados.

En este momento, los jubilados de la DEM no reciben bolsa de comida ni cuentan con servicio médico porque la empresa que lo presta cerró sus operaciones el 15 de noviembre. Solo están atendiendo emergencias y cubren 200 dólares. Tampoco cuentan con un bono asistencial mensual desde 2018, pero sí con 75 días de bono recreacional, que lo cancelan en el mes de agosto.

30 de servicios para ganar un dólar quincenal

María Elena Orsini saca cuentas cada vez que le depositan su jubilación para ver cuántos dólares recibió al mes. Lo último que percibió es equivalente a 3,35 dólares por 30 años de servicios.

Para poder comprar los productos y mantenerse durante el mes se vio obligada a buscar bienes que estén en venta y además trabaja medio turno en una fotocopiadora en Mérida, que al momento de la entrevista, no había producido más de 200.000 bolívares. También imparte clases de Historia de Venezuela a estudiantes de bachillerato y apoya a los de preescolar, debido a que tiene una licenciatura en Educación.

“La verdad no es mucho lo que gano, pero hay compañeros que están peor. Muchos trabajan en supermercados, en funerarias, trabajos que no sean forzados. Hay quienes ganan 1 millón 200.000 quincenal. Estamos desprotegidos”, afirma María Elena Orsini, quien resaltó que se encuentran en un limbo.

En este diciembre pasado los jubilados de la DEM se sorprendieron porque les compensaron el bajo salario con varios bonos. Pero Orsini se pregunta cómo será esta quincena, si continuarán ganando la misma cantidad, que no alcanza para comprar carne ni verduras ni productos de higiene. La asociación cree que el bono asistencial que les habían quitado hace casi tres años lo comenzarán a pagar en enero.

María Elena Orsini tiene otro reclamo para la DEM: es el salario de los jubilados que están en el exterior. Denuncia que desde octubre de 2019 algunos no reciben su dinero, ni bonos ni aguinaldos.

La mística del trabajo que no es recompensado

Juana Parra se pregunta por qué la administración pública trata tan mal a sus jubilados después de haber servido por décadas al Estado. “Nosotros les hacíamos honores a los jubilados, les teníamos respeto. Ahora que nosotros somos los jubilados, nos ven feo, con desprecio. Ellos aprendieron de lo que nosotros dejamos formado”, dice.

En el Consejo de la Judicatura, Parra duró 12 años y antes había trabajado en la Policía Técnica Judicial (ahora Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas). Por una enfermedad en los huesos la discapacitaron cerca del año 2000 con un 75% del sueldo, que ahora significa 500.000 bolívares quincenal.


Nosotros les hacíamos honores a los jubilados, les teníamos respeto. Ahora que nosotros somos los jubilados, nos ven feo, con desprecio

Juana Parra, jubilada de la DEM en Caracas

Juana Parra también busca otros oficios, como María Elena: hizo pie de árbol y paños de cocina en Navidad. También elabora accesorios para el cabello y comida si algún vecino o amigo está complicado para dedicarse a ese quehacer en la semana. Aun así, no deja de pensar que es triste tener una vejez tan ajustada como la que está viviendo.

“Yo pensé que iba a poder vivir con mis dos pensiones”, expresa Parra mientras recuerda que con su salario podía cubrir los gastos de una de sus hijas mientras estudió en Mérida.

La política del exterminio

El trato a los jubilados es indigno, advierte Rita Zambrano, delegada de la asociación en el estado Bolívar. Se jubiló en 2014 siendo coordinadora judicial, el escalafón administrativo n° 17, el más alto, y ahora escasamente llega a 1,8 dólares al mes. Después de 28 años de trabajo considera que la política que ha llevado adelante la DEM es de exterminio a sus jubilados, que no pueden ir a una clínica ni comprarse sus tratamientos médicos porque la jubilación no les alcanza.

“Todos los días me llaman compañeros para decir que no tienen qué comer. Y aunque algunos podamos resolver haciendo otros trabajos, todos estamos en situación de vulnerabilidad”, asegura Rita Zambrano, que es abogada y logra algunos trabajos, pero también se rebusca siendo intermediaria cuando están vendiendo un apartamento o una casa.


Muchos trabajan en supermercados, en funeraria, trabajos que no sean forzados para poder sobrevivir

María Elena Orsini, jubilada de la DEM en Mérida

La atención médica para los jubilados que viven en el interior es grave, comenta Zambrano, porque las clínicas no aceptan el seguro Fasdem y no pueden trasladarse hasta Caracas para ser atendidos en la emergencia. Entonces deben ir a un Centro Diagnóstico Integral (CDI) o a un hospital.

La Asociación de Jubilados y Pensionados de la DEM puntualiza que un jubilado no es un gasto para la República, sino un trabajador que terminó su ciclo laboral y le corresponde disfrutar de una jubilación digna, como lo establece el artículo 80 de la Constitución.

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