Productores de panela y miel de los estados Táchira y Trujillo consideran que el futuro de los trapiches es incierto debido a las fallas de los servicios públicos y la dificultad para abastecerse de gasolina y gasoil. Durante la cuarentena por el COVID-19 la situación se ha agravado y cada vez son menos las cargas que salen para la venta al público

Con textos de María Gabriela Danieri

La panela y la miel han sido unos de los principales atractivos de los estados andinos durante años, pero las fallas en los servicios públicos (agua, electricidad, gas), la falta de abono y fertilizantes para la siembra de caña de azúcar, así como el difícil acceso al combustible durante la cuarentena por COVID-19, han generado una caída en la producción, por lo que el contrabando de estos productos desde Colombia sigue en crecimiento. Mientras tanto en los sectores más lejanos de las capitales de Táchira y Trujillo esta labor corre el riesgo de desaparecer, por tener menos insumos a su alcance.

Táchira ha sufrido por la escasez de gasolina desde el paro petrolero del año 2002. Desde entonces, los habitantes de esta entidad tienen que pasar hasta 15 días haciendo cola con sus vehículos a las afueras de las estaciones de servicio para poder abastecer, situación que se complicó desde el  16 de marzo de 2020 cuando Nicolás Maduro anunció la cuarentena por coronavirus, que llevó a que el despacho de gasolina fuera solo para sectores priorizados. 

Durante este tiempo, productores de diferentes rubros, entre ellos, los de la panela, denunciaron que estaban perdiendo sus cosechas porque no tenían acceso a los salvoconductos que les permitieran abastecer gasolina, y adquirirla en el mercado negro les resultaba muy costoso: 5.000 pesos colombianos por litro (unos 1,7 dólares). 

Posteriormente, con la puesta en marcha de la venta de gasolina a precio subsidiado, a 5.000 bolívares el litro, y a precio internacional 0,50 dólares el litro, Táchira fue el último estado del país en adecuarse a este suministro. Iniciaron con la venta de gasolina a precio internacional, con largas colas, para posteriormente arrancar con la venta subsidiada a todo usuario, pero tan sólo se mantuvo una semana, pues al pasar al esquema de radicalización de cuarentena volvió a suspenderse. 

Esta situación ha generado que en los estados andinos aún no exista un abastecimiento oportuno para todos los sectores del campo, por lo que en los trapiches más  alejados siguen  recurriendo a la compra en el  mercado negro, que ahora bajó a 4.000 pesos el litro (1,50 dólares el litro). 

“Prácticamente el combustible aquí es para la gente enchufada, para la gente que tiene unos salvoconductos, que están con el Gobierno, pero para la gente normal no. Por aquí no se ha aparecido el Gobierno a ofrecer alguna solución, a promover la producción. Estamos totalmente desamparados”, manifestó a El Pitazo, Carlos Eduardo Cardona, productor de panela en el sector Loma de Pio, municipio San Cristóbal, del  estado Táchira. 


Llegó una temporada que no valían nada las panelas y se acabó la caña y se metió pasto para el ganado, y ahorita como no se conseguía azúcar, volvieron a sembrarla, pero ahora no hay gasolina

Zacarías Pinto

De 100 cargas a apenas dos

Zacarías Pinto López es dueño de un trapiche en el sector Loma de Pánaga, zona de montaña del municipio San Cristóbal, donde ha disminuido la producción de panela en un 80%. Tiene 76 años de edad y 65 años dedicados a esta labor y a la siembra de caña de azúcar.  

“Llegó una temporada que no valían nada las panelas y se acabó la caña y se metió pasto para el ganado, y ahorita como no se conseguía azúcar, volvieron a sembrarla”, contó a El Pitazo.

Hasta hace unos cuatro años, Zacarías producía de lunes a viernes entre 100 y 150 cargas de panela a la semana. Cada carga tiene dos pacas y cada paca de panela contiene 96 unidades. Ahora produce solo 2 o 3 cargas, 2 veces al año. “Cayó mucho porque le salía más caro a uno molerla que comprarla. Salía más costoso trabajarla uno mismo”, explicó. 

Por si fuera poco, Zacarías no encuentra mano de obra para sembrar, palear y cortar los cañaverales. “Como el Gobierno les dio una bequita creen que es mucha ganancia, entonces compran una moto, se van a trabajar y abandonaron el campo. Quedamos solo los viejos”, dijo.

Anteriormente vendía panelas en el Mercado Metropolitano de San Cristóbal, uno de los mercados municipales con mayor demanda de este producto, pero la producción de ahora no le da para abastecer la demanda. Es por ello que la mayor parte es para consumo familiar, regala a los vecinos más necesitados y vende algunas pocas.

“Con las uñas”

Carlos Eduardo Cardona es el yerno de Zacarías Pinto. Está detrás de todo el proceso de producción de panela. Asegura que producir es difícil, sobre todo por la falta de gasolina para trasladar la materia prima, lo que ha llevado a pérdidas de cañas de azúcar.

“Un señor perdió un camionado de caña porque se le pasó por no haberla podido sacar a tiempo del corte, por falta de gasolina”, relató Cardona.

En el trapiche de Zacarías pasaron dos años sin moler porque no había producción de caña, y ahora que sembraron, la dificultad es la falta de combustible y las fallas en la electricidad. “Aquí duramos hasta 18 horas sin luz, y cuando hay una falla en el sistema porque llueve o se cae un árbol duramos hasta dos días, hasta que vienen a recogerlo”, aseguró Cardona.


Prácticamente el combustible aquí es para la gente enchufada, para la gente que tiene unos salvoconductos, que están con el gobierno, pero la gente normal no

Carlos Eduardo Cardona

Disminución del 30%

En el estado Trujillo hay 178 trapiches, de acuerdo a una cifra calculada por los propios productores. Debido a la cuarentena nacional por COVID-19, actualmente solo están operativos el 30%, según informó a El Pitazo Efraín Arcanio, productor del municipio Pampán, específicamente de la población de Monay.

Arcanio disminuyó la producción de panelas en su trapiche a más de la mitad desde que comenzó la cuarentena. A principios de 2020 elaboraba 12 toneladas de panela y a mediados de abril apenas llegaba a 6. Actualmente produce solo una tonelada. El motivo principal es la escasez de gasolina y la dolarización de los costos de producción.

Para este productor, quien en 2019 intentó conformar una asociación de trapicheros, este sector empezó a sufrir desde 2017, cuando su empresa elaboraba 25 toneladas mensuales.

Euro Matos, dueño del trapiche Santa María, ubicado en San Juan de La Cruz, de la parroquia Isnotú, detalló a El Pitazo que de tres camiones de carga que tenía a mediados de marzo, solo dos están operativos, porque funcionan con gasoil. Esto hizo que la producción de 30 toneladas de caña molida, sostenida en 2019, se redujera a apenas 10 en el primer semestre de 2020. De tres viajes diarios que realizaba para transportar, ahora hace dos.

Esta finca, que tiene más de 60 años de fundada, no tiene tanta dificultad como sí la tienen otros productores que han recurrido al alquiler de buses a gasoil para poder transportar sus productos a otros estados del país. “Hay muchos camiones en San Juan varados por falta de gasolina, por eso les ha tocado alquilar buses”, dijo Matos. Como este tipo de actividad no está permitida, se mueven en la clandestinidad.

Sin insumos agrícolas

Ender Artigas, propietario de otro trapiche en el municipio Rafael Rangel en Trujillo, manifestó que la búsqueda de insumos para la producción también se ha visto afectada por la ausencia del combustible.

El papel con el cual envuelven la panela proviene de Yaracuy. A principios de este año, la empresa que los hace los distribuía, pero desde la cuarentena los productores tienen que viajar a buscarlos. 

En Trujillo también se encuentran pequeños trapiches en Valera (vía La Puerta, en La Floresta), Escuque y Pampanito. Los que se dedican al cultivo y venta de materia prima están en Motatán (cerca del Central Azucarero, Jalisco), Pampán y Miranda.

Sin registros comparativos 

Aunque los trapiches forman parte del sector productivo de los campos de los estados andinos, no tienen una asociación formalmente registrada que indique cuántos existieron y cuántos existen actualmente, así como tampoco la cantidad de producción. Cada productor lleva sus propias cuentas, según confirmó a El Pitazo el expresidente de la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras), Daniel Aguilar. 


Hay muchos camiones en San Juan varados por falta de gasolina, por eso les ha tocado alquilar buses

Euro Matos

En un sondeo realizado por El Pitazo se logró conocer cuántos existen actualmente en algunos municipios de Táchira y Trujillo. En el municipio Rafael Rangel del estado Trujillo se contabilizan unos 13 trapiches. La mayoría compra la cosecha de caña en El Cenizo (municipio Miranda), Caja Seca (Zulia) y Acarigua (Yaracuy), pues muy pocos la cultivan. Dependen del trasporte de la misma, lo que incrementa los costos, pues un viaje en gandola desde El Cenizo hasta San Juan de la Cruz está valorado entre 8.000.000 y 10.000.000 de bolívares, lo que influye en los costos. 

En Táchira El Pitazo confirmó que se mantienen operativos al menos 21 trapiches: más de 10 ubicados en La Grita, municipio Jáuregui; uno en Las Mesas, municipio Seboruco; uno en la vía que conduce a Rubio, municipio Junín de la frontera tachirense; uno en Palo Gordo, municipio Cárdenas; uno en Cordero, municipio Andrés Bello; uno en Córdoba; unos cuatro en San José de Bolívar, municipio Francisco de Miranda; y dos en el sector Loma de Pánaga, municipio San Cristóbal. Los de mayor operatividad están ubicados en La Grita y Las Mesas, por existir más siembra de caña de azúcar.

El expresidente de Fedecámaras Táchira, Daniel Aguilar, destacó que actualmente hay un repunte en la producción de caña de azúcar en la entidad, pues hasta hace poco se estaba adquiriendo en el estado Portuguesa, pero la producción de panela no es tan alta por las fallas en los servicios públicos. 

“El otro uso que le están dando a la caña de azúcar es para producir aguardiente blanco, conocido miche, que se produce en cantidad en varios pueblos del estado Táchira. No hay más caña y más producción de panela en nuestro estado porque tenemos limitaciones con la producción eléctrica, de agua, gasoil y  gasolina, esos son varios de los factores que afectan. De no ocurrir esto del Táchira se sacarían miles y miles de toneladas de panela a otros estados”, acotó.

Buscan la panela

Otros productores se mantienen activos porque los motores de sus trapiches funcionan con gasoil y la panela es buscada en el lugar por los consumidores. Es el caso de Manuel Cárdenas, dueño de un trapiche en Las Mesas, municipio Seboruco del estado Táchira.

En una pequeña finca mantiene siembra de caña de azúcar. Produce al menos 20 cargas de panela mensuales, que le permiten seguir con la actividad. Reconoce que las fallas eléctricas y de movilidad han disminuido en un 30% la producción. Comerciantes de mercados municipales de La Fría, municipio García de Hevia, se trasladan hacia su trapiche y le compran la panela.

En el sector Puente de Oro vía que comunica a Rubio, municipio Junín, con la ciudad de San Cristóbal, la situación es distinta. La operatividad depende de cuando hay producción de caña de azúcar, que puede ser dos veces al año. La encargada del trapiche, quien prefirió no ser identificada, indicó que la producción ha disminuido en un 50%.

Menos ganancias

Anteriormente, con las 30 toneladas caña de azúcar, en el trapiche de Euro Matos sacaban una producción de 120 pacas, de 24 panelas, de 400 y 500 gramos cada una. En mayo alcanzaron a producir 80 bultos, cada uno valorado en 750.000 bolívares. Estos los venden en los principales mercados del centro del país.

El precio al consumidor final, en el Mercado Popular La Paz, de Valera, es de 40.000 bolívares en efectivo y 50.000 bolívares por punto de venta. Este último costo se da porque el bulto, pagado en transferencia, está valorado en 1.000.000 bolívares.


Un señor perdió un camionado de caña porque se le pasó por no haberla podido sacar a tiempo del corte, por falta de gasolina

Carlos Eduardo Cardona

Las ganancias de Matos se han reducido y, por ende, el pago a sus trabajadores se ha dificultado. Tiene 20 obreros, cuya principal fuente de ingresos depende de este sector. 

En el estado Táchira la competencia es con la venta de panela colombiana. Ambas, la nacional y la importada, las venden entre 1.000 y 2.500 pesos (entre 0,25 y 1 dólar), que se traducen en 50.000 bolívares y 150.000 bolívares la unidad, dependiendo de la reventa. Hay tachirenses que prefieren la panela colombiana, porque tiene “menos cal”, consideran que es más pura que la que procesan en algunos lugares del Táchira, según manifestó Elida Zambrano, vendedora en el Mercado Metropolitano.

Productores de panela y miel de los estados Táchira y Trujillo consideran que el futuro de los trapiches no es positivo de no mejorar la situación de los servicios públicos y la gasolina. Sin embargo, no creen que se vayan a acabar estos establecimientos, pues la mayoría tienen más de 50 años de tradición. Están claros en que la producción seguirá disminuyendo, pero lucharán hasta que puedan.

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