Una investigación realizada por El Pitazo en siete regiones del país revela que los cuarteles de bomberos no cuentan con equipos ni personal para atender una contingencia masiva

Redacción: Pola Del Giudice y Rosanna Battistelli
Con información de: Nataly Angulo, Alexander Olvera, Bianile Rivas, María Eugenia Díaz, María Jesús Vallejo y Yesenia García

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Aunque estaba oscuro, el resplandor del fuego iluminaba su rostro. Fue así cómo los vecinos de la calle Falcón de Santa Teresa del Tuy pudieron apreciar la profunda tristeza que marcaba el semblante de Juan Fernándes.

Cuarenta años de trabajo se consumieron en pocos minutos, en medio de una crisis económica que desploma a cualquier comerciante que intente levantar un negocio.

La arepera y restaurante La Perla se quemó el sábado 29 de marzo de 2019 en el municipio Independencia de los Valles del Tuy, estado Miranda.

Ese día, un apagón masivo dejó a oscuras a toda Venezuela. A las 2 de la madrugada regresó el servicio eléctrico y con él un voraz incendio que consumió el establecimiento comercial de Fernándes y su hermano José Manuel.

El Cuerpo de Bomberos de Guárico solo dispone de una unidad de supresión de incendio l
| José Guerra

Los bomberos de Miranda, acantonados en la sede del municipio Independencia, no tenían unidades para llegar al sitio. Tampoco cisternas. Los vecinos, desesperados, los trasladaron en sus carros, pero los tobos de agua no fueron suficientes para aplacar aquellas llamas que derrumbaban techos, paredes y cableado eléctrico.

La tragedia dejó a 50 personas sin empleo y a una familia en la quiebra, pero además puso al descubierto un secreto a voces: el Cuerpo de Bomberos del estado Miranda está en ruinas.

Un mes antes ocurrió una historia similar en los Altos Mirandinos, cuando la llegada repentina de la electricidad causó un cortocircuito en el restaurante El Páramo, en la carretera Panamericana. Los bomberos no llegaron a tiempo y el incendio acabó con el local.

Una semana después, mil hectáreas del Parque Nacional Macarao fueron consumidas por un incendio forestal. Los agricultores de El Jarillo intentaron sofocar las llamas, pero las labores fueron insuficientes. Seis días después llegaron los hombres de uniforme azul.

La estación de San Antonio de los Altos no tiene ni una sola unidad en su patio l
| Pola Del Guidice

Un cementerio de unidades

En el cuartel general del Cuerpo de Bomberos de Miranda, en Los Teques, están desincorporadas entre 30 y 40 ambulancias. Solo tres de las que recientemente adquirió la Gobernación del estado, a cargo de Héctor Rodríguez, están operativas.

El concejal del municipio Los Salias, Edgar Laya, calificó de “deplorable” el estado actual de la estación de bomberos ubicada en San Antonio de los Altos.

Narró que luego de hacer varias visitas al lugar pudo corroborar sus carencias. “No hay médicos, tampoco insumos, medicinas, ambulancia, ni comedor. Los bomberos tampoco tienen botas ni uniformes y su sueldo es mísero”.

Lo más grave, según Laya, es que de acuerdo con una información obtenida por la contraloría ciudadana, el camión bomba para supresión de incendios fue trasladado a un municipio de los Valles del Tuy. “En los últimos tres meses se han presentado 19 emergencias en el municipio Los Salias y los bomberos no tienen capacidad de respuesta”, acotó.

Este retrato no es diferente al del resto de los municipios del estado Miranda. Los funcionarios bomberiles se trasladan a pie o pidiendo cola hasta los lugares donde se presentan los incendios y apagan las llamas con tobos de agua que suministran los mismos vecinos o con cisternas privadas, lo que refleja que la institución está disminuida frente a la demanda de la población.

Comunidades solidarias

La realidad de los Bomberos de Miranda se asemeja a la de sus homólogos del Distrito Capital. Así quedó demostrado el lunes 29 de abril, cuando los seis camiones cisternas del organismo fueron insuficientes para controlar las llamas durante un incendio ocurrido en la Urbanización Escampadero del municipio Baruta.

Ante la emergencia, los habitantes del conjunto residencial decidieron utilizar el agua de algunos de los tanques de los edificios, lo que significó arriesgarse a pasar días o hasta semanas en sequía en una ciudad con escasez del líquido.

De acuerdo con Rodolfo Alvarado, miembro de Protección Civil de Baruta, desde que en Caracas comenzaron a registrarse incendios todas las semanas, las comunidades se convirtieron en una pieza fundamental. Mientras los voluntarios trabajan, los vecinos les ofrecen jugos, agua potable, galletas o panes. “No hay un lugar en el que no nos hayan ayudado”, dice.

Aunque la responsabilidad de atender los incendios en el Área Metropolitana de Caracas es principalmente de los Bomberos del Distrito Capital, este organismo no tiene la capacidad ni en recursos ni en personal para responder.

El 25 de abril de este año, un grupo de coroneles de este cuerpo denunció el despido injustificado de 54 funcionarios. “A las alturas de 20 años de revolución, todavía se siguen cometiendo errores que perjudican a los trabajadores”, decía una parte del comunicado leído por Jesús Blanco Carrasquel, quien tenía 34 años de servicio.

José Antonio Durán fue despedido luego de 36 años y aseguró que la decisión del Gobierno del Distrito Capital respondió a la denuncia que él y algunos compañeros comenzaron a hacer sobre irregularidades a mediados de 2018.

Entre sus quejas está la falta de proyectos que permitan la formación de más bomberos y la dotación de equipos. Los Bomberos del Distrito Capital tienen 24 estaciones a lo largo de los cinco municipios —Libertador, Chacao, Baruta, Sucre, El Hatillo— y solo cuentan con un camión surtidor y una cisterna. Además, según Durán, para 2017 había 2.000 efectivos; ahora no llegan ni a 1.500.

Equipar a los bomberos se volvió imposible

Ramar Jesús Montaño, comandante de los Bomberos de la Universidad Central de Venezuela (UCV), estima que unas botas de seguridad no cuestan menos de 1.000 dólares y el presupuesto mensual del que ahora dispone la casa de estudios para el cuerpo de rescate es de 14.000 bolívares.

De seis motos de alta cilindrada que están estacionadas dentro del edificio que forma parte de la Ciudad Universitaria, solo una está operativa; de dos vehículos de combate de incendio, solo funciona uno y reparar los otros implica pagar un mínimo de 200 dólares por cada repuesto, contando con que se consigan.

Montaño estima un presupuesto mensual de 500 dólares para garantizar la alimentación y la logística de, al menos, los 30 trabajadores de la estación. De esos, solo el conductor, dos recepcionistas y la secretaria cobran salario mínimo; los demás cumplen guardias de 24 horas de manera voluntaria, al igual que él, que lleva 35 de sus 53 años utilizando todo su tiempo libre para servir.

Apure y Portuguesa están en emergencia

En el estado Portuguesa, la crisis de los apagafuegos no es distinta. Sus tres estaciones municipales —Guanare,  Acarigua-Araure y Turén— requieren de equipos, materiales e indumentaria. A ello se le suma la salida masiva de funcionarios que no vieron compensados sus esfuerzos dentro de la institución.

La estación de Acarigua-Araure solo cuenta con un camión cisterna y tres ambulancias, a media máquina, que apenas logran hacer un traslado en la jurisdicción. Una de ellas es una clínica móvil que se habilita durante operativos viales.

En la sede de bomberos voluntarios de la Universidad Ezequiel Zamora (Unellez), en Guanare, la situación también es desalentadora. En sus patios solo se observa un vehículo de supresión de incendios que se suma a dos camiones, uno de ellos a medio motor. A estos bomberos no les han dado un solo uniforme en 10 años.

El Cuerpo de Bomberos del estado Apure tampoco ha recibido dotación de equipos desde hace tres años y, en diciembre de 2018, se quedó sin ambulancias.

En la entidad llanera funcionan tres estaciones: una en San Fernando de Apure, capital del estado; otra en los municipios Achaguas y Páez Guasdalito y la tercera en El Nula, zona fronteriza con Colombia.

Todas carecen de mobiliario, equipos para rescate como guantes, cuerdas, mosquetones y arneses, y su personal, de uniformes (cascos, chalecos y botas).

En Maracaibo no tienen ni agua

En Maracaibo, capital del estado Zulia, tampoco hay camiones para apagar incendios, ni ambulancias. La última unidad se dañó hace un año. Los bomberos han llegado a sofocar el fuego con baldes de agua, que debe proveer el propio afectado porque en muchos casos no tienen ni siquiera el líquido.

“Esto es vergonzoso. Aquí trabajamos con las uñas. Cuando llegan las personas a pedir ayuda, nos vamos con ellas para ir coordinando con otros cuerpos de bomberos la ayuda”, contó un funcionario bomberil.

El bombero precisó que de las unidades con las que contaba el Cuerpo de Bomberos, solo hay disponible un supercisterna, cuyo chuto es prestado.

En Maracaibo también están los Bomberos Marinos, que operan en Bolipuertos, pero están en las mismas condiciones: ninguna unidad está operativa.

La segunda ciudad más poblada del país, donde residen al menos 1,5 millones de habitantes, está a merced del apoyo de los bomberos de San Francisco, que solo cuentan con dos unidades, y los bomberos aeronáuticos, que tienen una unidad en servicio. Mientras tanto, los bomberos de Maracaibo se encomiendan a Dios y a su patrona, la Virgen del Carmen.

En el estado Sucre las unidades solo están para un museo | Foto: Yesenia García

Cojedes y Sucre con pocos funcionarios

Cerca de 250 bomberos prestan servicios en el estado Cojedes, donde el  déficit se estima en al menos 50 %, de acuerdo al estándar internacional de un funcionario por cada 1.000 habitantes.

En Cojedes hay seis estaciones,  ubicadas en los municipios San Carlos, Tinaco, Tinaquillo, Anzoátegui, Girardot y El Pao de San Juan Bautista, y ninguna cumple con los requerimientos en cuanto a equipos y unidades. 

En San Carlos, la capital, no hay camiones supresores de incendio ni ambulancias y solo tres cisternas están disponibles.

En el Instituto del Poder Popular del Cuerpo de Bomberos Administración de Emergencias de Carácter del municipio Bermúdez en el estado Sucre —nombre asignado al Cuerpo de Bomberos de Carúpano— solo trabajan 75 hombres.

Este organismo cuenta con apenas dos vehículos: uno de rescate —que funciona a medias— y otro de supresión de incendios con capacidad para ocho mil litros de agua.

La dotación de equipos y personal para combatir con prontitud los incendios es una lucha emprendida por el personal desde el año 2006; sin embargo, la falta de voluntad oficial para rescatar la institución ganó la batalla.

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