El camino se hace cuesta arriba para dar la última despedida a quienes perdieron la batalla contra el virus: antes de la pandemia, una cremación en el Cementerio del Este oscilaba entre 200 y 300 dólares; hoy en día cuesta 516 dólares. A los gastos en otros estados se le suma el traslado del cuerpo de la morgue al cementerio, que va desde 30 hasta 300 dólares

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Avelino Briceño murió en Barinas por complicaciones asociadas al COVID-19, al amanecer del 30 de septiembre de 2020. Tenía 85 años. Su familia no pudo pagar una cremación y fue sepultado en una fosa común. El caso de Avelino no es el único en Venezuela, donde nuevamente la falta de recursos se convierte en un obstáculo; en esta ocasión, para tener derecho a una digna última morada.

Los familiares del señor Avelino Briceño aún no se reponen de su muerte. Todavía tienen fresco el recuerdo de ver su cadáver envuelto en una bolsa negra, que tuvieron que comprar en una farmacia, para cumplir con el doloroso deber de enterrarlo. No hubo velorio. La funeraria y los trabajadores de la morgue del Hospital Luis Razetti se encargaron de todo, pero, sobre todo, se encargaron de que nadie abriera la urna hasta que llegó al cementerio para su entierro. Cremar su cuerpo no fue posible, porque en Barinas no hay crematorio y ese es un proceso que hay que hacer en Barquisimeto, capital del estado Lara.

Cada día es más frecuente el uso de fosas comunes ante lo complicado que es acceder a una cremación. Antes de la pandemia, una cremación en el Cementerio del Este costaba entre 200 y 300 dólares, pero debido a la demanda, el precio ahora es de 516 dólares, según lo constató El Pitazo, por lo que califica como uno de los crematorios más costoso del país. 

Desde que inició la pandemia hasta el 7 de marzo de 2021, se registraron en el país 142.338 casos positivos; de ellos, 1.384 fallecieron. No existe un dato preciso acerca de cuántos han sido cremados.

El Pitazo realizó una reportería en los estados Miranda, Guárico, Apure, Barinas, Zulia, Anzoátegui, Nueva Esparta, Monagas, Sucre y Distrito Capital. La búsqueda de información determinó que, en promedio, se requieren entre 100 y 516 dólares para cremar a un fallecido por COVID-19. A este gasto se le suma el traslado en carros funerarios desde la morgue a los respectivos centros de cremación, lo que no baja de los 30 dólares en pequeños trayectos dentro de las mismas ciudades y hasta 300 dólares, si se trata de ir de un estado a otro, como era el caso de Avelino.


Después que lo meten en la bolsa negra, no hay forma de saber si quien usted entierra es su familiar. Queda confiar en la buena fe del personal de la morgue

Armando Briceño, yerno del señor Avelino Briceño, quien murió por COVID-19 en Barinas

Tristes despedidas

Armando Briceño, yerno del señor Avelino, cuenta cómo la familia pasó momentos de angustia durante las pocas horas que su suegro estuvo internado en el Hospital Luis Razetti de Barinas, donde no había oxígeno para atender su afección respiratoria.

Familiares lo llevaron a la emergencia del hospital, donde los médicos decidieron su ingreso el 29 de septiembre de 2020. Falleció al amanecer del día siguiente. Lo triste, según Armando, es ver cómo pisotean la dignidad de un ser humano cuando les piden a los familiares comprar una bolsa negra para introducir ahí el cadáver, desnudo, sin ningún tipo de preparación y trasladarlo hasta la morgue del centro de salud, donde lo espera el personal de la funeraria que se encarga de llevarlo al cementerio.

“Después de que lo meten en la bolsa negra, no hay forma de saber si quien usted entierra es su familiar. Queda confiar en la buena fe del personal de la morgue”, comenta Armando Briceño.


Martín se negó a cancelar los 615 dólares, porque posee varias parcelas en el cementerio. Insistió por varias horas hasta que el personal administrativo le indicó que enterrarían a su mamá en uno de sus terrenos

Testimonio de un familiar que no quiso dar su nombre

Un lucrativo negocio

Fuentes del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf) detallaron a El Pitazo que, hasta el 12 de febrero, las cremaciones en Caracas solo se producían en El Junquito. En este lugar, el valor del procedimiento es de 130 dólares dólares, que deben ser cancelados por familiares antes del traslado del cuerpo.

A pesar de que esa fue la cifra en dólares que anunciaron por sus números telefónicos 0212-7535977 y 0212-7516857, deudos aseguraron que el monto que cobran por cremación en El Junquito es de 350 dólares.

Sin embargo, voceros del Cementerio del Este, en La Guairita, aseguraron que el crematorio de este camposanto no ha dejado de funcionar. El Pitazo también confirmó esta información durante una visita a este establecimiento donde se dispuso de un área VIP, con toldos y sillas, para atender solo a familiares de muertos por coronavirus. Las cremaciones por otros casos son remitidas a otro departamento. Como forma de pago aceptan también Zelle, PayPal, transferencias internacionales y el monto en bolívares.

En la sala de espera reina la confusión entre deudos que, en medio del sentimiento de pérdida, tienen que cumplir con la larga espera y lo engorroso de los trámites. Así le sucedió a Martín, un hombre de 75 años de edad, que prefirió no dar su identidad completa, porque asegura que en cualquier momento se puede morir y, quizás, le nieguen el cupo en el cementerio.

“Ingresamos a mi mamá de 97 años a una clínica en Caracas, porque se ahogó con la comida y eso le produjo una lesión en un pulmón, pero los doctores nos dijeron que no descartaban COVID-19, cosa que no entiendo, porque en mi familia somos todos mayores de 70 años y nadie sale de la casa. Mi mamá murió el 4 de marzo de 2021 y aquí me encuentro haciendo los trámites”, declaró.

Martín se negó a cancelar los 615 dólares, porque posee varias parcelas en el cementerio. Insistió por varias horas hasta que el personal administrativo le indicó que enterrarían a su mamá en uno de sus terrenos. 

El Pitazo indagó con otras fuentes de la Morgue de Bello Monte que aseguraron que los entierros de personas que murieron en Caracas se realizan en cualquier cementerio cumpliendo con las normas de seguridad. Senamecf se encarga de los traslados de personas que no tienen recursos para pagar una carroza. 

En el Cementerio General del Sur hay varias fosas comunes donde son sepultados aquellos que murieron por COVID-19, ya que sus familias no tuvieron recursos para pagar una cremación. En ese camposanto, la seguridad aumentó; se constató que hay mayor presencia de funcionarios de la Guardia Nacional que mantienen restringido el paso hacia las fosas.

Maracaibo y Maturín con altos precios en dólares

En los estados Zulia y Monagas se encuentran los crematorios más costosos del país, después de La Guairita: uno está ubicado en el cementerio El Edén, del municipio Jesús Enrique Lossada del Zulia, donde el servicio se ubica entre los 200 y 300 dólares.

Cuando comenzó la pandemia, en esta región funcionaba otro crematorio en el Cementerio Jardines de La Chinita, pero desde abril de 2020 solo está operativo El Edén.


EN EL CEMENTERIO GENERAL DEL SUR HAY VARIAS FOSAS COMUNES DONDE SON SEPULTADOS AQUELLOS QUE MURIERON POR COVID-19, YA QUE SUS FAMILIAS NO TUVIERON RECURSOS PARA PAGAR UNA CREMACIÓN


Mientras que en Monagas, las cremaciones son realizadas en el Cementerio Municipal de Maturín, que está bajo averiguación luego de la entrega de cenizas falsas, en diciembre de 2020. Por este caso, tres personas están detenidas: el cremador, la secretaria y el encargado. También tienen un costo que oscila entre 200 y 300 dólares.

Todas las cremaciones en Anzoátegui ocurren en la Funeraria La Vallés, donde cobran entre 100 y 200 dólares por cada procedimiento.

Organización Panamericana de la Salud pide respeto a tradiciones

El personal que recibió y sacó de la morgue el cadáver de Avelino Briceño en Barinas estaba cubierto con sus trajes de seguridad, según evidenció la familia, mientras trasladaron el cuerpo hasta el carro fúnebre. De ahí en adelante, el protocolo de seguridad fue mantener la urna sellada. En este caso particular, la familia estuvo reunida alrededor de la fosa sin ninguna restricción. Su yerno aseguró que no hubo recomendación en cuanto al cumplimiento de algún otro protocolo.

Con respecto a la cercanía de familiares durante los sepelios, se determinó que existen variaciones en los protocolos que se cumplen en los diferentes estados.

Algunos familiares de los fallecidos por coronavirus en Apure relataron a El Pitazo que las urnas de las personas que murieron en los centros de salud durante la pandemia son selladas por el personal autorizado que viste trajes de bioseguridad. Luego, los ataúdes son llevados desde la morgue del estado hasta los camposantos, sin permitir el acceso a la familia.

En un manual publicado en la página oficial de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) sobre el manejo de cadáveres en el contexto COVID-19, se determinó que el uso de bolsas de plástico para envolver los cadáveres no es obligatorio, también se puede usar un paño o cualquier otra tela para trasladarlo y retirarlo lo antes posible al depósito.

En el documento recomiendan a autoridades de cada país mostrar sensibilidad hacia el contexto cultural, sugieren que si la familia del paciente desea ver el cuerpo después de retirarlo de la sala de aislamiento o el área que corresponda, se le puede permitir hacerlo manteniendo una higiene de las manos en todo momento y prohibiendo que los cuerpos sean tocados o besados.

Las recomendaciones son contrarias a la mayoría de los testimonios relatados por parientes, por ejemplo, en el estado Nueva Esparta, donde no hay crematorio, los cadáveres son trasladados hasta el cementerio y solo se permite la presencia de un máximo de cuatro personas en el entierro.

Familiares de fallecidos en Carúpano, estado Sucre, contaron que a quienes murieron por coronavirus los meten en una bolsa negra, luego los introducen en una urna y los llevan al cementerio para sepultarlos enseguida.

En el estado Anzoátegui, a familiares no les permiten estar cerca de las tumbas luego de enterrados, esto en vista de que quienes fallecen por COVID-19 son sepultados en fosas comunes de cementerios municipales y no se identifica la ubicación de los cuerpos. Algo similar ocurre en el Cementerio Municipal San Sebastián en el Zulia, donde abren fosas en un terreno sin marcar para enterrar a los muertos.

El protocolo varía un poco en el estado Monagas, donde permiten solo a dos personas estar presentes en el cementerio durante el ingreso del cuerpo, pero no al momento del entierro.

En Miranda creman a fallecidos de Vargas y Aragua

En los crematorios de los Valles del Tuy, Guarenas y Los Teques se reciben fallecidos de estados cercanos, como Aragua y Vargas.

El crematorio del Cementerio Parque Valles del Tuy, ubicado en la ciudad de Charallave, es el único que funciona en esta subregión mirandina. 

Trabajadores del camposanto señalaron a El Pitazo que los familiares de los deudos deben esperar al menos 48 horas por un cupo, debido a la demanda.  Según la cifra que manejan, 21 personas fueron cremadas en estas instalaciones durante el mes de enero, luego de fallecer por causas asociadas al COVID-19. 

La misma situación se presenta en el Cementerio Jardines El Cercado, ubicado en Guarenas, estado Miranda, en cuyo crematorio incineraron a al menos 15 personas en el primer mes del año, mientras que en el Cementerio Monumental de Los Teques se contabilizaron 25. 

Luego de un año de restricciones, lapso en el cual se contagiaron alrededor de 117.743.817 y murieron 2.611.075 personas en todo el mundo a causa de este virus, la esperanza de retornar a la normalidad volvió a hacerse distante con la detección de una nueva cepa del coronavirus, que sigue siendo la principal amenaza global de 2021. Mientras tanto, millones de personas esperan ser inmunizadas y, a la vez, combinan el encierro con el deber de salir de sus casas en busca de sustento. 

En Venezuela, en la última semana, han muerto aproximadamente ocho personas cada día por causas asociadas al COVID-19. Cerca de ocho familias venezolanas viven diariamente el dolor y la resignación que padecieron los familiares de Avelino Briceño: sin poderse despedir, se vieron obligados a aceptar que el cuerpo de su ser querido terminara envuelto en una bolsa negra y enterrado en una fosa común, por no poder costear los gastos de la cremación o inhumación. 

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