Unos milicianos controlan el servicio de triaje del Hospital Dr. José María Vargas de Caracas. La falta de trabajadores especializados en ese establecimiento ha ocasionado que de facto, integrantes de la Milicia Nacional Bolivariana se involucren en el proceso de control de flujo de pacientes y en el que se deciden la prioridad en la atención de las emergencias, con todo el riesgo que representa

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Los 131 años de antigüedad que cumplió el pasado 5 de julio el Hospital Dr. José María Vargas parecen acumularse en deterioro y desasistencia en su sala de emergencia. En el área de poco más de 900 m2, pacientes ven pasar las horas a una velocidad que contrasta con el ritmo de atención. Dos y hasta tres horas es el tiempo que, en promedio, puede tardar un usuario en ser atendido en el centro de salud más longevo de Caracas, localizado en el noroeste de la metrópolis.

En la antesala, personas con crisis hipertensivas, lesionados, accidentados y hasta perros esperan por igual. El control de la entrada, a manos de un grupo de milicianos que por su aspecto no lucen adaptados a la vertiginosa dinámica que puede tener una emergencia, sirve como filtro para referir a los heridos de bala o arma blanca. Debido a la falta de insumos, a muchos de los que llegan por heridas se les recomienda acudir al hospital Domingo Luciani, ubicado en el Llanito, en el extremo este de la ciudad, a unos largos 21 kilómetros de distancia.

El torniquete marcial, que controla gran parte del tiempo del servicio de triaje, también intenta disminuir la afluencia de pacientes que, por la condición presentada, puedan ser atendidos con mayor celeridad en algún ambulatorio cercano de la red de atención primaria en la zona. Muchos de los referidos prefieren esperar lo que sea necesario, pues en los Centros de Diagnóstico Integral (CDI), pertenecientes a la denominada red Barrio Adentro, el personal trabaja en horario reducido, y las fallas en la dotación hacen que ni el diagnóstico de una consulta resulte sencillo.


El control de la entrada, a manos de milicianos sirve como filtro para referir a los heridos de bala o arma blanca


En las poco más de tres horas que una persona con cualquier patología puede esperar para ser atendido en la Emergencia de adultos del hospital Vargas, pasa de todo y nada. Así está el nivel de paradoja, ocasionada por la falta de personal, suministros, equipos y hasta de infraestructura, que permita canalizar los requerimientos de los cinco pacientes que entran en lista de espera cada hora.

Solo tres enfermeras por turno entran y salen de los cubículos a la antesala, y de allí, a las áreas de tratamiento y observación, también vencidas por el tiempo. Solo la intensa marcha del personal de enfermería recuerda que el espacio está destinado a recibir urgencias, y que la mayoría de los asistentes requieren de una atención inmediata para no empeorar o simplemente mantenerse con vida. Hay dos tensiómetros, que son distribuidos entre los pocos que logran pasar el filtro de la entrada para ser atendidos.

Como todo, la lista de espera es improvisada. Los milicianos implementaron un método en el que, según el número de personas, ingresan en la medida en que su memoria establece el orden de llegada. No se prioriza por gravedad.


Como todo, la lista de espera es improvisada. No se prioriza por gravedad


Los integrantes de la Milicia Nacional Bolivariana afirman que no tienen dónde anotar, y por sus limitaciones no están facultados para determinar cuáles síntomas de los pacientes representa mayor urgencia.

Uno de los médicos residentes chequea el volumen de pacientes y apenas atina a poner una mano en su frente. El espacio es otra limitante, el flujo de personas no avanza y la sensación de hacinamiento dentro y fuera de lo que se supone es el área de atención aumenta, mientras el poco personal es cada vez más insuficiente.

Las sillas dispuestas en la antesala son del mobiliario más moderno que se encuentra en la sala y que aún se mantiene operativo. Dentro de las llamadas áreas funcionales, que comprenden los cubículos para examen y tratamiento, consultorios, trauma shock, resucitación, triaje, ventiloterapia, observación, sala de rayos X, Tomografía Axial Computarizada (TAC), laboratorio y esterilización, pocos son los equipos que funcionan de forma óptima. La mayoría espera por un repuesto para ser reactivado o fue objeto de un daño irreparable tras los sucesivos apagones del pasado mes de marzo, que mantuvieron sin electricidad a buena parte del establecimiento, incluida la emergencia por horas.

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