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domingo, 9 mayo, 2021

En Guarico cambiaron las billeteras por sacos de café

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En Guarico, población del municipio Morán en el estado Lara, sus habitantes ya no hablan de bolívares fuertes o soberanos y mucho menos se preocupan por calcular reconversiones. Lo que necesitan comprar, lo pagan con kilos de café verde en granos

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En Guarico, a unos 90 kilómetros de Barquisimeto, lo primero que hacen los lugareños al levantarse es averiguar a cuánto se vendió el kilo de café verde en grano en las torrefactoras cercanas. De ese promedio, o «CaféToday», basado en la oferta y la demanda, dependerán los pagos que deban hacer a lo largo de la jornada.

Nadie lleva un registro certero de este valor, pero todos «se entienden» con él. Consideran que no hay mayores problemas, porque todos conocen el negocio del café «desde la siembra hasta la molienda». Con un par de datos manejan intuitivamente sus finanzas con base en el aromático grano.
Un promedio de 3 mil personas se dedican a la siembra, cosecha y trillado del café en esta población del municipio Morán del estado Lara. Todos lidian con la falta de efectivo a punta de trueque de café por productos o servicios.

Al preguntar en una farmacia por el precio de un antialérgico la empleada responde con total tranquilidad: “dos kilos de café”

La situación los llevó a cambiar las billeteras y monederos por sacos de café, hasta nuevo aviso.

En esas cimas, cuyo nombre similar al estado llanero central se escribe y se pronuncia sin acento, es una de las mayores productoras de café del país. Por eso, la abundancia del grano da base a esta singular manera de sus habitantes de no preocuparse por tener bolívares fuertes ni soberanos, ni calcular reconversiones de moneda.

En la vía

Por tratarse de una zona de alta producción, la tranquilidad rural no caracteriza a este pueblo, que destaca también por su clima de montaña. Las vías que conducen al poblado «están decentes» según pudo comprobar El Pitazo durante su visita. Pero también se pudo constatar que las rutas hacia las fincas y caseríos dejan mucho qué desear, lo suficiente como para que un auto regular no pueda adentrarse hacia las zonas de siembra y trillado. Males comunes con otras localidades del país.

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Hay colas para la gasolina en la única estación de servicio del lugar y por las angostas calles pasan raudos y veloces los motorizados, con sus ya típicos sacos de café verde en la parrillera.

En “La 20”, como le dicen al centro de la ciudad, el movimiento general de los buhoneros, compradores, conductores de camiones, motos y hasta “rutachivos” (perreras), es similar al de cualquier capital. Con sus carencias y con sus ventajas. Para los transeúntes se ha complicado caminar entre las aceras ocupadas por vendedores y las vías congestionadas. Pero todos tienen en común que cobran en kilitos de café, ajustados al «CaféToday».

En cada negocio, una balanza

Al preguntar en una farmacia por el precio de un antialérgico, como desloratadina, la empleada responde con total tranquilidad: “dos kilos de café”. La caja marca 2.500 bolívares soberanos, lo que indica que ese día el kilo de café verde a puerta de torrefactoría estaba en 1.250 soberanos.
Para cerrar la transacción, junto al punto de débito y la caja registradora se encuentra una pequeña balanza.

Es lo usual en todos los negocios.

A punta de trueque de café por productos o servicios viven en Guarico por la falta de efectivo.

“¿Cuánto me cobra por el corte de pelo?”, pregunta Luis Miguel Hurtado, un joven del caserío Laguneta en una de las peluquerías del centro de Guarico. La dueña del local le responde: “Un kilo y medio de café”. Ni siquiera se molestan en decir cuánto cuesta el servicio en bolívares; ya a nadie le causa sorpresa.

Jesús Muñoz, productor de café, afirma que este sistema de pago comenzó por la escasez de dinero en efectivo hace más de un año. La situación con los billetes se puso muy difícil en la población porque solo cuentan con una entidad bancaria, donde casi nunca hay efectivo.

“En todas partes de Guarico se puede pagar con café: en licorerías, farmacias, bodegas, abastos, peluquerías… Todo lo cambian por café. Es como pasa en Santa Elena de Uairén, que allá se cambia de todo por oro. Aquí usted viene a comprar una medicina y trae su saco de café”, detalla Muñoz.

Reafirma que eso pasa porque en Guarico el medio de vida es la siembra, cosecha, producción y venta de café.

El productor Manuel Cortez confirma que el «CaféToday» «está a cada paso de Guarico y así como el aroma de sus granos impregna el ambiente, su valor se hace más tangible cuando cada agricultor lleva encima un saco de café y no su billetera».

Pero, ¿qué hacen con el café?

Quienes reciben kilos de café como forma de pago lo ponen a la venta «en algún momento, para obtener dinero en efectivo o a través de las cuentas bancarias».

Pero eso depende de qué bien o servicio necesitan obtener y dónde.

Es entonces cuando acuden a negociar en las torrefactoras, que se encargan de todo el resto del proceso de producción del café, pero también compran a los medianos productores y a particulares los granos para tostar y moler.
En el caso de Nelly Escalona, con el café “solventan otras cosas”: le sirve para canjearlo por productos alimenticios como harina de trigo, de maíz, arroz, pasta, margarina, leche, queso o huevos.

“Pero eso solo es aquí en Guarico. Si voy a El Tocuyo debo vender unos 10 kilitos de café o medio quintal (23 kilos), para tener algo de dinero en la cuenta y así pagar con la tarjeta de débito otras cosas que no se consiguen en el pueblo, como por ejemplo los productos para la peluquería: tintes, keratina”, explica Escalona.

Este «mercado cambiario» les ha funcionado, porque los comerciantes almacenan el café y sólo cuando necesitan salir de Guarico o pagar algo fuera, venden el equivalente en kilos de estos granos recién cosechados y trillados. Así es como han conjurado el temido estancamiento de la economía local.

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