Con poco oxígeno en su sangre y contra todo pronóstico, Héctor Barreto superó la enfermedad. Estuvo consciente todo el tiempo, incluso, durante la semana que permaneció en la unidad de cuidados intensivos de una clínica de Maturín, estado Monagas. Hoy cuenta a El Pitazo que hasta cepillarse los dientes era una actividad exigente para sus agotados pulmones

Por: Jesymar Añez Nava

“Estaba casi muerto”, afirma. Llegó a la clínica con poco oxígeno en su sangre. Estaba despierto, tranquilo, como si nada pasara en su cuerpo, pero por un momento se desesperó por el calor que hacía en la ambulancia. Aunque es farmacéutico de profesión, decidió no automedicarse sino seguir las indicaciones médicas al pie de la letra, y usó oxígeno desde el mismo momento en el que el COVID-19 comenzó a hacer estragos en sus pulmones, es decir, una semana después de que le informaron que era positivo. Ese 30 de marzo de 2021, Venezuela cumplía un año en pandemia.

Pero Héctor Barreto, mejor conocido como el doctor Barreto, cree que en su historia de sanación también hay algo más. Tiene la creencia de que su mamá, la Virgen del Valle y el doctor José Gregorio Hernández lo ayudaron a superar esta enfermedad contra todo pronóstico. “Sentí que él (José Gregorio) palpó mis pulmones”. Asegura que Dios lo quiere vivo por algo, y es lo que intenta averiguar cada vez que despierta.

Barreto es popular en Maturín, capital del estado Monagas, en el oriente de Venezuela. Es un farmacéutico egresado de la Universidad de Los Andes en 1985. Se ha ganado el respeto y el cariño entre sus colegas y los habitantes de la ciudad, tanto, que cuando se supo de su enfermedad, la gente donó medicinas y los vecinos le prepararon comida a diario. Es trompetista y autor del himno del Colegio Nacional de Farmacéuticos.    


Lo más difícil de esta enfermedad es ver lo que te está pasando sin saber que estás tan mal por dentro

Héctor Barreto, farmacéutico

Es un hombre alto y moreno, como de esos que juegan baloncesto. Serio, muy serio; amable y de verbo fuerte, pero sensible. Llora cada vez que recuerda las horas de soledad en terapia intensiva, a la gente intubada acostada boca abajo (para facilitar la entrada de aire) y a la gente que vio morir a su lado: un médico, una joven de 25 años y una adulta mayor.

Por eso, hoy le pide a la gente que prevenga el contagio, que cumpla con las medidas sanitarias, y que se vacune, porque “la vacuna da inmunidad y reduce la incidencia en el cuerpo”, enfatiza. Al mismo tiempo, solicita que en la jornada se tome en cuenta a los farmaceutas, pues afirma que el farmacéutico también forma parte de la población en riesgo. “Esta enfermedad es muy delicada y mata a la gente muy rápido; también es costosa, y si yo no hubiese tenido el apoyo de tanta gente, no sé qué habría pasado”, reflexiona.  

Barreto quiere insistir, porque cree que nunca es suficiente si de generar conciencia se trata, en que el COVID-19 sí mata, que su tratamiento es costoso y que puedes contagiarte sin saber dónde y cómo ocurrió. “Siempre nos cuidamos, fuimos precavidos. Evitamos el ingreso de las personas a la farmacia y las atendimos por taquilla. Entonces, aún no sé cómo nos contagiamos en mi familia”, asegura.

COVID-19 silencioso

El doctor Barreto supo que tenía COVID-19 mediante una prueba de Proteína C Reactiva (PCR). Se la hizo, no por la presencia de algún síntoma, como la pérdida del gusto o del olfato, sino para descartar porque su padre, de 88 años de edad, había comenzado a sentirlos. La tomografía confirmó el diagnóstico sanguíneo, sólo que en ese momento sus pulmones no estaban comprometidos. 

En principio, le permitieron los cuidados en casa bajo vigilancia médica por ser del sector salud y porque aseguraba que estaba bien. “Nunca me faltó el oxígeno en mi casa, por eso no sentí esa sensación de ahogo ni siquiera cuando la saturación de oxígeno me llegó al 34 por ciento, cuando por lo general la gente está inconsciente, desarrolla una hipoxia y puede sufrir pérdida de la memoria”, explica. 

Barreto considera que mantener el oxígeno en casa fue clave. “Mis vecinos no dejaban que se terminaran las bombonas y por eso yo me sentía bien. De hecho, llegué a la clínica ante la insistencia de una de ellas cuando vio que mi saturación de oxígeno era de 34% y al consultar con un vecino que es internista, él consideró el traslado”.


A los pacientes con COVID-19, la sangre se les coagula y pueden desarrollar una trombosis. Por eso es tan importante la prevención

Héctor Barreto, farmacéutico

“La internista que me recibió ordenó la intubación, pero al manifestar que seguía sintiéndome bien decidieron no hacerlo, pero con la condición de llevarme a terapia intensiva para monitorearme debido a lo bajo de mi saturación. Allí seguí con mascarilla de oxígeno y así me recuperé”, cuenta.  

El virus tampoco le quitó el apetito, incluso en terapia intensiva pedía comida. “Pensé que si no me mataba el COVID-19, lo haría el hambre”, menciona. El doctor Barreto nunca tuvo fiebre, pero cuando salió de terapia intensiva sintió que hasta cepillarse los dientes era difícil. “Sentir que me cayera el agua sobre la cabeza era angustiante, porque pensaba que me asfixiaba”, agrega.       

Al mostrar las imágenes de las tomografías de la segunda y tercera semana del diagnóstico, explica que sólo se ven la mitad de sus pulmones por la falta de aire. “El oxígeno no pasaba a mis pulmones porque estaban obstruidos. Cuando pasa eso, la gente se ahoga porque no puede respirar. También ocurre que como la cantidad de oxígeno es menor, el ritmo cardíaco se acelera y puede causar un paro cardíaco. No me pasó”, explica. 

El COVID-19 también alteró sus valores sanguíneos, por eso todos los días le practicaron exámenes de laboratorio para saber si había desarrollado algún coágulo, “porque a los pacientes con COVID-19, la sangre se les coagula y pueden desarrollar una trombosis. Por eso es tan importante la prevención”.  

Después del COVID-19

Aunque el virus pasó por su cuerpo de forma silenciosa, hoy tiene sensaciones que le recuerdan que no fue tan indiferente para su cuerpo. Camina y se agota un poco. Igual le pasa cuando habla con entusiasmo. “Sí, siento que me falta la respiración, pero es muy poco”, afirma. Pero también quedó con temor a las aglomeraciones en espacios reducidos y aunque no es su caso, advierte que hay personas que enfrentan problemas sicológicos y son recetados con psicotrópicos. “Siento temor al salir porque cuando sobrevives al COVID-19 tu sistema inmune es débil y hasta cualquier gripe te puede afectar”, expresa.

Le fue difícil readaptarse a las actividades cotidianas, como cortarse el cabello. “Un día salí con la intención de hacerlo, cuando entré a la peluquería y vi a esa cantidad de personas, no quise quedarme”, comenta. No usa perfume porque siente que el olor lo va a asfixiar. 


Esta enfermedad es muy delicada y mata a la gente muy rápido; también es costosa y si yo no hubiese tenido el apoyo de tanta gente no sé qué habría pasado

Héctor Barreto, farmacéutico

Estuvo tres meses encerrado. Modificó su rutina diaria e incorporó ejercicios musculares. “Uno de esos ejercicios es mover talón y punta, como las bailarinas. También, alzo los brazos con movimientos suaves. Y también debo estar tranquilo, por eso veo televisión como nunca antes”, precisa. 

Actualmente lo monitorea un cardiólogo y en el examen de laboratorio de control, sus niveles sanguíneos salieron bien. No tiene una imagen reciente de sus pulmones, así que espera que el doctor le ordene una tomografía para hacérsela y ver cómo están. 

“La gente desconoce qué es lo que le puede pasar si no se cuida. Lo más difícil de esta enfermedad es ver lo que te está pasando sin saber que estás tan mal por dentro”, reflexiona como mensaje final.

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