El estado Sucre ocupa el segundo lugar en la producción cacaotera del país. En 6 de los 15 municipios hay plantaciones de cacao, y expertos como Haroldo Zapata aseguran que Paria es la zona con mayor actividad. Monagas se abre paso de forma artesanal: Caripito, municipio Bolívar, aporta la principal producción, seguido de Maturín. Y si de gente nueva se trata, Nueva Esparta lleva la batuta

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Por: Jesymar Áñez Nava, Yesenia García y Lisbeth Miquilena

Yuliana Noriega y Pedro Vásquez tienen algo en común: son productores artesanales de cacao. Ella lo hace en un pueblo de Monagas y él, en otro de Nueva Esparta. Pese a las limitantes impuestas por la pandemia del coronavirus, ambos sacan a flote sus plantaciones para abrirse paso entre los grandes productores del país, que en el caso del Oriente venezolano están en el estado Sucre, segundo productor de cacao después de Miranda.

La producción de cacao en Sucre representa 44% del total nacional. Haroldo Zapata, experto agroindustrial, asegura que son 8.000 de las 18.000 toneladas anuales en todo el país. Se les consigue en los municipios Cajigal, Arismendi y Benítez. También, en menor escala, en Valdez, Andrés Mata y Bermúdez. 

En cambio, el estado Monagas posee una producción de 2.000 toneladas al año. Luis Valera, ingeniero de la Fundación Nuestra Tierra en Monagas, que se dedicada a formar e impulsar este cultivo en el estado, sostiene que hay 500 cacaoteros: 400 de ellos en Caripito, municipio Bolívar, y el resto entre Maturín, Acosta, Caripe, Piar, Santa Bárbara, Aguasay, Zamora y Punceres.

Los estados Anzoátegui y Nueva Esparta son productores minoritarios. Anzoátegui tiene plantaciones en la parte montañosa, pero no se hallaron registros de cuántas hectáreas son; Valera explica que es porque el censo agrícola de 2019 no fue publicado. La región insular tiene plantaciones en La Sierra, municipio Arismendi, donde siete familias hacen historia al iniciarse en este cultivo gracias al apoyo de la familia Vásquez, pionera en la isla.

Si algo destacan los productores consultados es que sembrar requiere de paciencia, dedicación y tiempo. En este momento, agregan, es un reto adicional debido a las limitantes impuestas por el gobierno de Nicolás Maduro con el esquema 7×7 para enfrentar la pandemia.

Los retos de la producción

Sembrar cacao es una labor de tradición en Venezuela. En el oriente están las variedades forastero, trinitario y criollo. Luis Valera, ingeniero de la Fundación Nuestra Tierra en Monagas, refiere que debido a su calidad el cacao venezolano es un producto de alta demanda internacional que genera buenos dividendos. Además, por ser un cultivo seco tiene una vida útil de un año si se almacena en buenas condiciones

Los cultivadores aprovechan  esa durabilidad y por eso hay más plantaciones en las fincas y en los patios de las casas del oriente venezolano, aunque no se tenga un registro exacto, destaca Valera. Mantener ese referente ahora es un doble reto, porque la pandemia modifica el ritmo de trabajo. La planificación cambia constantemente ya que el mes sólo tiene dos semanas flexibles para resolver los asuntos pendientes, comprar insumos, permitir que los empleados salgan a hacer diligencias y sacar la cosecha al mercado.


Llegar a la excelencia implica enfrentar retos y trabajar duro, eso es lo que yo hago

Yuliana Noriega, productora de cacao monaguense

Yuliana Noriega, productora monaguense, explica que es cuestión de adaptarse a la nueva realidad mundial que, en el caso de Venezuela, incluye la falta de gasolina, gasoil y dinero en efectivo. “Llegar a la excelencia implica trabajar duro y es lo que hago”, resalta Yuliana, una ingeniera en informática, dueña de cuatro hectáreas en Caripito. Es una labor que ama y considera que los precios de venta deben aumentar, pues los actuales no reflejan los costos de producción.   

Los campesinos sucrenses opinan lo mismo. Refieren que el precio del cacao a granel bajó a 1,7 dólares con la llegada de la pandemia luego de que en abril de 2020 estuviera en 2,5 dólares, un centavo por encima del valor de exportación. Por ello afirman que las pérdidas son del 50%, algo que les resta dinero para reinvertir en abono, plaguicidas, maquinarias y mejores salarios.

En Sucre también se quejan de algo más. La colocación del cacao en los mercados municipales, importantes puntos de venta local que mermaron porque al aumentar los casos de COVID-19 los gobernantes restringieron los horarios de funcionamiento:en Cumaná y Carúpano, principales ciudades de este estado, los mercados abren de martes a sábado durante siete horas. 

Y para llegar en el horario establecido es necesario gasolina; pero en este estado oriental las estaciones de servicio subsidiadas sólo funcionan en semana flexible. “No todos tenemos divisas para pagar gasolina a precio internacional”, expresa Juan Salgado, productor sucrense.

Obtener una excelente cosecha también significa lidiar con la falta de plaguicidas. Haroldo Zapata, miembro de la fundación Quirco Prosperi, promotora del cacao en Sucre; destaca que 60% de las plantaciones en el estado tiene Moniliophthora perniciosa, conocido como “escoba de bruja». 

La productora monaguense también ha reportado la presencia de esta plaga y ante la falta de ingresos para comprar plaguicidas, poda y quema las ramas para acabar con este hongo. 

Saliendo a flote

Juan Salgado tiene 20 años produciendo en cinco hectáreas de cacao en Paria, principal zona cacaotera en Sucre. Enfatiza que el éxito de una cosecha depende del empeño que cada dueño ponga a sus tierras. “Durante la pandemia nos tocó reinventarnos para salir adelante”, cuenta. 

Hicieron alianzas con fundaciones y comerciantes independientes que van a los campos buscando el producto. Es una especie de trueque: el costo de la movilización se paga con cacao. Así el cultivador no pierde su esfuerzo y el producto llega a los mercados, a los almacenes y al exterior, especialmente a Europa que, de acuerdo con Zapata, es el principal consumidor del cacao venezolano. Ahora el gobernador Edwin Rojas planea expandir ese mercado hacia Vietnam.


A muchos productores, la pandemia nos permitió reinventarnos y dedicarle más tiempo al campo

Juan Salgado, productor sucrense

Al no tener almacenes, la producción monaguense se arrima en Sucre y desde allí también sale al exterior. Yuliana Noriega apuesta a esa internacionalización; trabaja en mejorar algunos procesos, como el descascarillado y el tostado. Como todo es artesanal, al día pela 50 kilos que luego van al fogón para tostarlo; es una labor tediosa y aprendió a hacerlo con maderas que no le resta sabor al cacao, como el apamate o la guayaba.

De hecho, las cajas de fermentación son de apamate. Esa técnica es su valor agregado, porque en Caripito casi nadie la usa. “Seleccionamos el grano cuidadosamente. Lo volteamos cada dos días, le medimos la temperatura y al sexto día, lo llevamos al sol por tres horas para completar el proceso que nos da un cacao más dulce”, explica.

Un emprendimiento

Pedro Vásquez vive en La Sierra, una zona montañosa con un clima fresco en el municipio Arismendi del estado Nueva Esparta. Es pionero en la siembra de cacao y ha transferido sus conocimientos a siete familias que plantan cacao zuliano en la misma zona. 

«Todo el que quiere sembrar recibe nuestro apoyo y le explicamos cómo hacerlo. Estamos muy contentos porque ya aquí, en La Sierra, hay varias familias que emprendieron con esas matitas que les hemos dado», expresa Pedro, quien recorrió un largo camino para tener un producto de calidad con plantas que les fueron regaladas a su papá por un compañero de trabajo en el estado Zulia.

Por desconocimiento perdieron las primeras cosechas. Se recuperaron con la asesoría de Miguel Briggs, un experto de Maracay, estado Aragua. «Él nos enseñó sobre el sistema de secado, de tostado y, sobre todo, cómo preparar el chocolate», cuenta Vásquez. Ahora tienen 300 plantas productivas y 130 pequeñas como semillero. Crearon con el apoyo de la alcaldía Sabores de Altura, un emprendimiento en el que participa la comunidad desde hace dos años.

Se trata de una ruta ecoturística que se convirtió en un atractivo para propios y visitantes, que también funciona como una especie de feria dominical en la que se muestran las plantaciones de cacao y se ofrecen para la venta frutas, vegetales y flores cultivadas en esas tierras, así como gastronomía margariteña preparada con leña. Los visitantes reciben charlas sobre el cacao mientras recorren 10 hectáreas de diferentes sembradíos, que incluye matas frutales y diversidad de flores. Al finalizar el paseo, degustan bolas de cacao puro. «Ofrecemos tres por un dólar y cada domingo producimos un mínimo de 100 unidades. Ahora la feria está suspendida por la pandemia», refiere.

La pandemia no detiene los sueños de ninguno de los productores. Están claros de que las restricciones no serán eternas. Por ello, Juan sigue apostando a las alianzas, Yuliana a que su técnica artesanal sea reconocida en el mundo y la familia Vásquez a continuar expandiendo el cultivo de cacao.


Todo el que quiere sembrar recibe nuestro apoyo. Acá lo ayudamos con las plantas y le explicamos cómo sembrarlas

Pedro Vásquez, productor en Nueva Esparta

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