¿Amamantar o no? Una decisión de cada madre

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En el marco de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2019, El Pitazo conversó con siete madres sobre sus experiencias y decisiones en torno a esta práctica. Algunas pudieron amamantar, otras no quisieron y otras lo intentaron sin éxito

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Si bien los estudios científicos han demostrado que la leche materna es el mejor alimento para los bebés, amamantar o no es una decisión personal de cada mujer. Quienes deciden hacerlo no siempre lo logran, mientras que quienes prefieren no hacerlo no son ni mejores ni peores madres por ello. Las distintas organizaciones pro lactancia procuran que esta decisión no sea tomada por factores externos adversos a la lactancia materna, como la desinformación o la falta de apoyo familiar, social y del Estado.

En el marco de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2019, El Pitazo conversó con siete madres sobre esta práctica. Tres de ellas no amamantaron, por decisión propia o porque algo se los impidió. De las otras cuatro, dos amamantaron a sus hijos morochos, una destetó por un tiempo y luego pudo relactar y otra dio lactancia materna exclusiva por seis meses y continuó dando pecho hasta que su hija tuvo 2 años y 4 meses.

Las décadas de los 80 y 90: el “boom” de las fórmulas lácteas

Nancy González fue madre por primera vez en 1988 y luego en 1992. Sus dos hijas tomaron fórmula láctea desde el primer día. “Yo compré fórmulas de distintas marcas desde que estaba embarazada, por recomendación de la misma obstetra. En aquella época muy pocas madres amamantaban porque el país estaba bien económicamente y podías comprar la fórmula que quisieras, no como ahora”, cuenta la abogada de 57 años, quien durante sus dos embarazos trabajaba en la administración pública y su salario le alcanzaba para costear la alimentación y toda la crianza de sus hijas, pues fue madre soltera.

González asegura no haber recibido información sobre la importancia de la leche materna en su juventud. “Mi madre, que tuvo seis hijos, amamantó porque no tenía otra opción. No había fórmulas en su época, pero nos cuenta que desde los tres o cuatro meses de nacidos nos daba leche completa de vaca y consomés de pollo o carne de res. Dice que a los seis meses de nacidos a ella ya se le secaba la leche y nos destetaba”.


Después de un tiempo, Erika Gutiérrez, comprendió que lo que le impidió amamantar a su hija fue su estado emocional


En la época en que Nancy fue madre, Venezuela apenas comenzaba a sumarse a los programas de promoción y protección de la lactancia materna que la Organización Mundial de la Salud y Unicef auspiciaban. “Yo recuerdo que en los consultorios de los pediatras de mis hijas las marcas de fórmulas estaban por todas partes: en los récipes, los calendarios y hasta los lapiceros. La Nestlé era la marca preferida de todas las mamás”, recuerda sonriente.

“Mis hermanos, mis hijas y yo somos muy sanos. Hoy sé que la leche materna es el mejor alimento para los bebés, pero no creo que su consumo determine la salud de las personas ni mucho menos que amamantar o no determine si eres buena o mala madre”, asegura quien apoyaría a sus hijas a que dieran pecho si quieren hacerlo, pero también si deciden alimentar con fórmula a sus futuros nietos.

Querer y no poder. La difícil tarea de intentar amamantar

Ornella Bergoderi también es madre de dos hijos: Isabella y Martín. A ninguno de los dos amamantó. La niña nació en el año 2009, cuando aún Venezuela no estaba en crisis. Ornella cuenta que la buena situación del país, aunada a su inmadurez para ser mamá (ella tenía apenas 20 años), fueron los factores que incidieron en su decisión de no dar pecho. “En ese momento se encontraba fórmula y se podía comprar, así que nunca me preocupé por amamantarla. Ella desde el primer día de nacida tomó tetero. Apenas nació, el pediatra me indicó qué fórmula tenía que comprar y así lo hice”.

Martín, en cambio, nació en el año 2016, cuando la crisis nacional ya afectaba a todos los niveles. Para esta fecha Ornella se sentía más madura como madre, pero reconoce que decidió intentar amamantar a su segundo hijo principalmente por razones económicas, ya que comprar fórmulas lácteas en ese momento era mucho más difícil y costoso. “Durante todo el embarazo de Martín leí mucho sobre lactancia materna y cómo amamantar. En mis planes no estaba darle tetero durante al menos sus primeros seis meses de vida”, asegura.

El segundo hijo de Ornella nació por cesárea en una clínica de la ciudad de Mérida, donde le exigieron llevar fórmula láctea el día de la intervención. “A las pocas horas de haber nacido me lo trajeron para que yo lo amamantara, pero por más que lo intentamos, él no agarró el pecho. Entonces algunas enfermeras me dijeron que él no podía pasar tanto tiempo sin comer y pues decidimos prepararle el tetero”, cuenta la hoy politóloga.

Al volver a casa con su hijo, Ornella trató de alimentarlo exclusivamente con leche materna por un mes, pero luego desistió porque el niño perdió mucho peso. “Yo trataba de ordeñarme manualmente y no me salía ni una gota de leche, ni siquiera el calostro. Muchas personas me decían que lo siguiera intentando, que el bebé iba a hacer el agarre en cualquier momento, pero era muy doloroso y Martín bajó mucho de peso. Cuando tenía un mes de nacido lo vio un tercer pediatra y nos dijo que debíamos darle fórmula porque ya estaba en estado de desnutrición”.


Pienso que amamantar es una decisión tan personal que creo cada mujer debe convencerse. No eres ni mejor ni peor mamá porque lo hagas o lo dejes de hacer

Laura Castillo

Ornella lamenta que los tres pediatras que vieron a su hijo durante su primer mes de vida no hayan intentado indagar más sobre las causas de que ella no lo pudiese amamantar. Siente que ninguno estaba a favor de la lactancia.

“No tuve el apoyo emocional que necesitaba”

Erika Gutiérrez cuenta que fue después de un tiempo que comprendió que lo que le impidió amamantar a su única hija, que ahora tiene 3 años y 10 meses, fue su estado emocional. “La influencia de quienes están a tu alrededor, si no es de apoyo y más bien te estresan diciéndote que la bebé no se llena o que no te baja leche, te causa un nivel muy alto de estrés que te hace pensar que no eres capaz de alimentar bien a tu hijo. Todo eso amputa la posibilidad de amamantar”, confiesa quien desde su embarazo quiso dar pecho a su hija.

El padre de la hija de Erika, de quien está separada actualmente, influyó negativamente en la posibilidad de que ella pudiera amamantar. “Durante la primera semana de nacida de Leticia logré extraerme 3 onzas con un extractor eléctrico que una amiga me prestó. Cuando le mostré emocionada al papá de mi bebé la leche que me había sacado, él me dijo: acepta ya que fracasaste como mamá. Eso me destrozó y resume el maltrato psicológico que sufrí y que me impidió amamantar a mi hija”, confiesa quien tuvo incluso una doula (una acompañante y orientadora) que la asesoró para que pudiera dar pecho y su hija era vista por una pediatra pro lactancia materna en la ciudad de San Cristóbal.

Erika también cuenta que cuando su hija cumplió tres años la llevó a un odontólogo pediatra y este le informó que la niña tenía frenillo. “Fue ahí cuando concluí que quizá por eso la bebé nunca pudo hacer un buen agarre. Además, en mi familia ninguna mujer había amamantado, y mi mamá me decía que por eso quizá yo tampoco podía, porque nosotras no somos buenas productoras de leche. Yo en el fondo sabía que sí podía, pero mi entorno más cercano no me ayudó”.


No creo que el consumo de leche materna determine la salud de las personas ni mucho menos que amamantar o no determine si eres buena o mala madre

Nancy González

El reto de amamantar a dos bebés, ¡a la vez!

Laura Castillo es mamá de morochos. Debido a una caída que sufrió, sus hijos nacieron por cesárea antes de las 36 semanas de gestación en la Clínica Metropolitana de Caracas. Allí Laura recibió información y orientación sobre lactancia materna por parte de asesoras que hicieron posible el éxito de su amamantamiento con ambos bebés. Sin embargo, debido a que los niños nacieron antes de tiempo, desde el comienzo fueron alimentados con leche materna y fórmula especial para bebés prematuros, por orientación del neonatólogo que los recibió.

“A uno de los morochos, el más pequeño al nacer, siempre le costó más comer, incluso aún le cuesta”, cuenta Castillo, quien amamantó a su par de hijos durante cuatro meses aproximadamente. “Pienso que amamantar es una decisión tan personal que creo cada mujer debe convencerse. No eres ni mejor ni peor mamá porque lo hagas o lo dejes de hacer. Forma parte de tu decisión y es tu derecho y tu deber tomarla de manera responsable de acuerdo a tus creencias y a tus ideas sobre la maternidad”, asegura.

Nathaly Guerrero también gestó dos bebés a la vez en su vientre, las morochas Samantha y Emma Lucía. Ellas no fueron prematuras. Nacieron casi a las 39 semanas de gestación. Nathaly nunca buscó ni recibió información sobre lactancia materna ni antes ni después de dar a luz. Confiesa que le daba miedo amamantar porque le habían dicho que era doloroso, pero logró hacerlo durante 11 meses.

“Los primeros días las bebés me reventaron los pezones. Les costó mucho hacer el agarre al comienzo, sobre todo a una de ellas. Fue bastante traumático al inicio, aunado a que hacia los ocho días del postparto me deprimí mucho, lloraba y no las quería amamantar por lo doloroso que estaba siendo”, confiesa la estudiante de Comunicación Social.

Nathaly amamantaba a sus dos hijas casi siempre a la vez. “Gracias a Dios fui bastante lechera, como dice mi mamá. Producía muchísima cantidad y hasta tenía que extraerme y refrigerarla para dárselas luego”, cuenta quien les dio lactancia materna a libre demanda, sin horarios, pero no exclusiva. “Cuando ellas nacieron yo estuve más de seis horas en recuperación porque me compliqué un poco en la cesárea, entonces durante ese tiempo tuvieron que darles fórmula y pues luego continué con alimentación mixta hasta los 11 meses de edad, cuando las desteté”.

Amamantar por dos años ¡y más!

Liz Gascón tiene una sola hija, Verónica, a quien amamantó por 2 años y 4 meses. “Durante mi embarazo busqué información sobre lactancia materna. Por recomendación leí los manuales sobre el tema de la Asociación Española de Pediatría y por iniciativa propia empecé a desmontar todos los mitos que se han construido en torno a la lactancia. Incluso acudí a una consulta prenatal con una pediatra que me orientó sobre cómo amamantar. Ella sigue siendo la pediatra de mi hija”, cuenta la barquisimetana.

Gazcón amamantó a libre demanda y de manera exclusiva hasta los 6 meses. Luego continuó dando pecho hasta que su hija cumplió 2 años y 4 meses. Cuenta que recibió opiniones y consejos de su madre, suegra y otras personas, algunos de los cuales sabía que eran mitos, pero nunca impidieron su lactancia. Ella y su esposo tomaban las decisiones sobre la alimentación y crianza de Verónica. 

“Cuando la niña tenía unos 21 días de nacida estuvo como por tres días muy pegada al pecho, casi las 24 horas, pero como ya yo había leído bastante sobre lactancia materna pues sabía que estaba pasando por lo que llaman un brote de crecimiento. Nunca pensé que era que no se llenaba”, asegura.

Sí es posible relactar

Marinelid Marcano amamantó a su hija desde que nació, pero cuando Miranda tenía casi cuatro meses de nacida, Marinelid tuvo que viajar y la destetó por 21 días. Durante ese tiempo la bebé se alimentó exclusivamente de fórmula, que ya tomaba desde su nacimiento, pues siempre tuvo lactancia mixta. 

“Yo me llevé mi extractor de leche en el viaje y al comienzo me costó poder extraerme, pero una amiga que viajó conmigo me ayudó a hacerlo. Fue un viaje largo, visité varios países y tenía que extraerme en los aeropuertos y a veces pasaba muchas horas sin poder hacerlo porque fue un viaje de trabajo y tenía una agenda diaria bastante ocupada”, explica la periodista que vive en El Tigre, estado Anzoátegui.

La pediatra de Miranda le indicó a Marinelid que sí sería posible relactar a su hija al volver de viaje. “Me costó un poco al comienzo porque ya se había acostumbrado al tetero, pero luego volvió a agarrar y hasta hoy, que ya tiene 15 meses, sigue tomando pecho. Creo que incluso toma más que antes. No puede dormirse si no está pegada a mi pecho”, cuenta quien recientemente volvió a viajar sin su hija, esta vez por apenas 5 días, y al volver volvió a relactar. “Yo pienso seguirla amamantando hasta que cumpla dos años”.

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