Para celebrar el 453 aniversario de la ciudad de los techos rojos, El Pitazo recopiló las añoranzas de quienes, aun estando en ella, ahora no pueden vivirla. Caraqueños que sueñan con volver a deleitarse con el Ávila, reír mientras recorren sus calles, experimentar sus innumerables sonidos y ser felices en medio del caos que a veces se genera en esta valle de concreto

«Cuenta, cuenta la leyenda
que antes todo, era mejor.
Cuenta la leyenda
que se podía caminar.
Y de vez en cuando, mirar al cielo y respirar.
Pero, no puedo llorar»

Yordano

Por Wanda López Agostini y Génesis Carrero Soto

“Sultana de nadie”, como la llamó Yordano en una de las canciones que le dedicó, o más bien, reina de todos los que la extrañan. Caracas tiene 132 días sin sentir a sus caraqueños recorrerla, vivirla y llenarla del bullicio, esa corredera y alegría que caracteriza a la capital venezolana. 

A la homenajeada le llegó el 453 aniversario sin que sus habitantes puedan apagar las velitas por ella, bailando o charlando en sus esquinas. Este año el aniversario de Caracas se vive en pandemia y confinamiento. Pero como nunca, sus ciudadanos entendieron que extrañarla, sentir la falta de lo habitual, es posible. 

Y no es que los caraqueños de otras épocas no hubiesen atravesado episodios similares. En 1766 vivieron la viruela, en 1854 el cólera, la pandemia de la peste bubónica en 1908 y la gripe española en 1918. Pero el VI cronista de la ciudad de Caracas, Guillermo Durand, asegura que sí es primera vez que el habitante de la capital debe enfrentar los indicios de “una nueva normalidad”. 


Deseo reencontrarme con los cafés caraqueños, con las conversas banales, reencontrarme con los pasos dejados en la Francisco de Miranda

Armando Altuve

El historiador recuerda que las alarmas sobre el futuro inmediato que podía llegar se encendieron hace tiempo, comenzando una agobiante perturbación que estaba distante de una posible solución y que terminó por ocasionar una crisis estructural en la vida citadina. “En pocas palabras, no existía ninguna normalidad a la que estábamos acostumbrados los caraqueños y, por tanto, muy distante nos encontrábamos de ese identitario confort que ostentamos con orgullo bajo el histórico proverbio: Caracas, la sucursal del cielo», manifiesta.

Durand habla de los estragos sociales que la pandemia agudizó en la ciudad capital y de la añoranza por esas épocas en las que contar con servicios públicos o la posibilidad de salir, paleaban medianamente los embates que no podían controlarse.

Pero ahora el cronista cree que “los caraqueños que soportaron un difícil aislamiento social, no encontraron al salir de sus casas nada distinto en la ciudad que les hiciera cambiar la ya vieja sentencia: ‘Sin novedad en el frente’”.


Yo añoro las idas al cine o al teatro. Los encuentros con mis amigas para jugar cartas, tomar un cafecito, un vino, echar cuentos, chistes, reír…Visitar a la familia sin miedo a contagiarlos

Nancy Lazo

De esa añoranza es justo de la que hablan los caraqueños cuando piensan en la ciudad que dejaron tras sus puertas aquel 16 de marzo, cuando inició la cuarentena radical en Venezuela. De esas noches en las plazas y en sitios de fiestas, de esas tardes de tertulia en los espacios públicos, de las rumbas, de los mercados, en fin, de la cotidianidad pérdida que hace a los ciudadanos afirmar: “Te extraño, Caracas”. 

Para quienes están fuera de Venezuela, el Ávila, el clima, los atardeceres, las caminatas, los sonidos y hasta las areperas, son de los detalles que más echan de menos. Aunado al cariño de los afectos que dejaron en estos 784 kilómetros cuadrados, hacen de Caracas, una noble y leal ciudad. Esa que siempre está ahí cuando regresan, aunque cada vez parezca más herida. 

Para los que siguen dentro de la ciudad y la viven ahora en cuarentena, la libertad de poder caminar “la sucursal de cielo” es de las cosas que más se extrañan. 

«Caracas era energía pura en movimiento y alegría. Hoy es triste y aunque algo se mueve, es solo por no dejar», así lo ve Ángela Charles, una caraqueña de El Cafetal que entre sus anhelos tiene el de volver a ver a sus compañeros de trabajo a la cara, llevar a su hija a la universidad y hasta comprar verduras traídas desde la Colonia Tovar.

Como ella, muchos de nuestros lectores e infociudadanos caraqueños plasman en pequeños relatos de cotidianidad en respuesta a una consulta en redes sociales aquello que extrañan de la ciudad que un virus no los deja recorrer:

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