Transcurridas dos décadas de los sucesos de abril de 2002, que propiciaron la salida de Hugo Chávez de la presidencia por unas horas, persiste la sombra de las consecuencias políticas, económicas y sociales de lo que ocurrió durante los días 11, 12 y 13 de abril, cuando se produjo un punto de inflexión que marcó el destino de Venezuela. Los jóvenes buscan respuestas

María Victoria, una joven publicista caraqueña de 28 años, recuerda la tensión vivida durante todo ese jueves del mes de abril de 2002. Como muchos jóvenes de su generación, ella no sabía lo que pasaba. Tenía entonces 8 años y en las calles del centro de Caracas, sobre el asfalto caliente por el sol sin tregua, se podían sentir emociones intensas que pasaron del entusiasmo a la indignación hasta la ira y la tristeza.

El carácter ambiguo de los hechos de abril de 2002 marcó la comprensión de los venezolanos, sobre todo de los más jóvenes, en torno al conflicto político. “Los sucesos de abril de 2002 son una moneda de uso corriente en la política venezolana, a favor del chavismo o de la oposición”, señala el politólogo Fernando Spiritto.

El historiador Rafael Arráiz Lucca sostiene que los eventos de abril de 2002 aún deben ser analizados. “Sin duda, fue un punto de inflexión tanto para el chavismo como para la oposición, pero me parece que el análisis histórico, político, de fondo, todavía está por hacerse”, resalta.


Los jóvenes no tienen otro camino más que investigar, que vayan a los libros dedicados a esa coyuntura que recogen análisis muy interesantes; también están los estudios jurídicos de lo sucedido. Los hechos no pueden ser reducidos a anécdotas

Rafael Arraiz Lucca, historiador

María Victoria puede repasar en su memoria algunos recuerdos concretos. “La gente salió a marchar. Unos, en apoyo a Chávez; otros, como oposición”.

La movilización convocada para el 11 de abril en Caracas, la que sería una de las marchas más numerosas registradas en el país, tuvo como súbito destino final el centro de Caracas, a pocos kilómetros del Palacio de Miraflores, con el objetivo de solicitar la renuncia del entonces mandatario Hugo Chávez, electo en 1998 y relegitimado en otro proceso electoral en el 2000.

La convocatoria para esa jornada estuvo signada por lo sucedido días antes, en medio del paro laboral protagonizado por empleados de Pdvsa, en una clara señal de descontento por el nombramiento de una nueva junta directiva por parte de Chávez, quien ignoró los criterios meritocráticos valorados hasta entonces por la gestión interna de Pdvsa.

El paro de los trabajadores petroleros fue apoyado por la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), liderada por Carlos Ortega, así como por la Federación Venezolana de Cámaras de Comercio y Producción (Fedecámaras), presidida por Pedro Carmona Estanga, quien sería otro de los protagonistas de los días por venir. La Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) también mostró su respaldo a la huelga.

“En 2002, Chávez decidió sacrificar Pdvsa, el activo más importante del país, sin ninguna duda, y hay que ver lo que eso significó para Venezuela. Las consecuencias, años después, están a la vista”, resalta el politólogo Fernando Spiritto.

Un choque entre dos fuerzas políticas

Abril de 2002 evidenció el choque entre los factores políticos del chavismo y el sector opositor agrupado entonces en la Coordinadora por la Democracia y la Libertad, mejor conocida como la Coordinadora Democrática (CD), una organización conformada por las cúpulas del empresariado, directivos de medios de comunicación, la CTV, la Iglesia Católica y la gerencia de Pdvsa.

El conflicto entre el Gobierno y los diversos sectores económicos y sociales que manifestaron cautela con respecto a la figura de Chávez, encontró su punto de no retorno en abril de 2002, luego de tres meses de la aprobación de 49 leyes, un paquete que incluía legislaciones en materia de tierras, hidrocarburos y educación.

“Los sucesos de abril determinaron la marcha del sistema político en Venezuela. Fue un año económicamente importante. En 2001 había caído el precio del petróleo, lo que obligó al Gobierno a ejecutar un ajuste fuerte. A principios de 2002 se devaluó el bolívar en casi 83 %; se eliminó el sistema de bandas cambiarias y el Gobierno inició un programa de ajuste clásico, como los que se habían visto en Latinoamérica. Los eventos de abril se producen en un ambiente económico adverso y eso dice mucho”, explica Spiritto.

La marca de un golpe

María Victoria no duda en afirmar que lo sucedido durante esos días, con Chávez fuera del poder, fue un golpe de Estado. “La forma en la que sucedieron las cosas es ambigua. Obviamente se trató de un golpe de Estado. Recuerdo la juramentación de Carmona Estanga transmitida por televisión y las imágenes de puente Llaguno”.

El máximo representante de Fedecámaras se juramentó como presidente provisional de Venezuela la tarde del 12 de abril. Ya los venezolanos habían visto por televisión, en vivo y directo, el enfrentamiento que se produjo en la avenida Baralt, cerca de las 2:00 pm del día 11, entre quienes lograron llegar al centro de Caracas desde el este y los simpatizantes de Chávez, que contaban con el apoyo de los llamados círculos bolivarianos, apostados cerca de Miraflores.

El encuentro entre ambos sectores movilizados fue signado por una balacera que involucró a la Policía Metropolitana (PM), a cargo del opositor Alfredo Peña, alcalde metropolitano, y la Guardia Nacional (GN), controlada por el Gobierno.

Tanto la PM como la GN dispararon sus armas de fuego contra civiles tras intentar dispersar las movilizaciones con gases lacrimógenos y perdigones sin mayor éxito. En la confusa balacera también participaron francotiradores ubicados en los edificios cercanos a la avenida Baralt. En medio de ese enfrentamiento los canales de televisión transmitieron las imágenes de los llamados pistoleros de Puente Llaguno, civiles armados que intentaron repeler las acciones de los funcionarios de la PM.

La dramática jornada del 11 de abril dejó un saldo de 16 personas fallecidas, entre quienes se encontraban simpatizantes chavistas, opositores y el reportero gráfico del Diario 2001, Jorge Tortoza, quien murió por un disparo en la cabeza.

“Fue un golpe de Estado que Chávez estimuló porque hubo una serie de acciones que aumentaron la crispación de la sociedad en ese momento y generaron mayor conflictividad. Un detonante importante de la movilización opositora de ese día fue el despido de una parte fundamental de la dirigencia de Pdvsa de manera humillante. Una empresa que es parte de la idiosincrasia nacional, de la identidad, uno de nuestros mitos fundacionales como sociedad moderna, Chávez lo atacó y eso estimuló la protesta y un posterior golpe de Estado”, explica el sociólogo y coordinador de la ONG Provea, Rafael Uzcátegui.

La juramentación de Carmona estuvo precedida por el desconocimiento de la figura de Chávez como presidente por parte de miembros del alto mando militar de la Fuerza Armada Nacional (FAN), quienes grabaron un video transmitido la tarde del 11 de abril en el que informaron sobre su decisión y pidieron la renuncia de la cúpula militar.

El comandante general del Ejército, Efraín Vásquez Valasco, encabezó una alocución en cadena nacional a las 8:00 pm del 11 de abril en la que recalcó que lo sucedido no se trataba de un golpe de Estado y confirmó que dio la orden para que los militares permanecieran en los cuarteles, desobedeciendo el llamado del Presidente de la República.

En la madrugada del 12 de abril, pasadas las 3:00 am, en otra alocución el entonces general del Ejército, Lucas Rincón, informó sobre la renuncia de Chávez, quien fue detenido y trasladado a Fuerte Tiuna aproximadamente a las 4:00 am. En la tarde del 12 de abril, Carmona se juramentó en el Salón Ayacucho de Miraflores, en donde disolvió, mediante un decreto, todos los poderes públicos y removió a las autoridades electas. Así se produjo un nuevo punto de conflicto.

“Evidentemente, desde el punto de vista militar se rompió la cadena de mando. El Presidente dio unas instrucciones que en la Fuerza Armada no siguieron. Hay otro punto importante y es que al romperse la cadena de mando, tras la alocución del ministro de la Defensa y el pronunciamiento militar que apartó del poder a Chávez, Carmona no dio los pasos constitucionales que debía, pues a él tenía que nombrarlo la Asamblea Nacional”, destaca el historiador Rafael Arráiz Lucca.

El retorno de Chávez

Un ritmo vertiginoso marcó los hechos del 11 y 12 de abril. En apenas 24 horas, un presidente electo de forma legítima fue apartado del poder, detenido y su paradero no estaba claro. Su sucesor provisional, un representante del sector opositor, quien contaba con el apoyo de sectores económicos, medios de comunicación y de la sociedad civil, pero no con la total connivencia del poder militar, vio el fin de su mandato interino en pocas horas. Eso allanó el camino para el retorno de Chávez al poder, el 14 de abril.

“Lo que pasó el 11 y 12 de abril fue un golpe de Estado apoyado por una coalición de intereses muy poderosos: medios, partidos políticos, así como sectores económicos y de la sociedad civil. Lo que pasó el día 13 fue lo contrario, a Chávez lo repuso en el poder el Ejército. Esa coalición que se armó contra Chávez fue neutralizada por la facción dura del Ejército”, recalca Spiritto.

Fue el general Raúl Isaías Baduel –posterior preso político del chavismo que murió en la cárcel en 2021– quien, a cargo del grupo 42 de la Brigada Paracaidista de la Base Aérea de Maracay, encabezó la operación que restituyó a Chávez en el poder y lo trasladó desde la isla de La Orchila a Caracas.

Al repasar los hechos de abril, María Victoria también recuerda las ocasiones en las que Diosdado Cabello, actual primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), se refiere sobre lo sucedido en su programa Con el mazo dando.

Cabello, desde Miraflores y en compañía del entonces titular del Parlamento, William Lara, luego de ser juramentado como presidente provisional al ocupar el cargo de vicepresidente ejecutivo, fue quien anunció la noche del 13 de abril la restitución del orden constitucional y el retorno de Chávez.


Los sucesos de abril de 2002 son una moneda de uso corriente en la política venezolana, a favor del chavismo o de la oposición

Fernando Spiritto, politólogo

“La facción que se adueñó de la oposición en ese momento cometió muchos errores: anular el Parlamento y cerrarse a un diálogo, principalmente. Los dirigentes de la CTV se dieron cuenta de lo sucedido, lo que produjo que una parte del Ejército chavista se apartara y, posteriormente, se concretara la restitución de Chávez”, destaca Spiritto.

En el acto de traspaso de poder celebrado en Miraflores el 14 de abril, Chávez sacó un crucifijo y llamó a la reflexión de todos los sectores para emprender un camino de correcciones con “calma y cordura”, pero el líder oficialista no era el mismo que fue apartado del poder.

“Estos 20 años estuvieron signados por aquellos acontecimientos en muchos sentidos. Por parte del chavismo, se creó una desconfianza muy aguda en relación con la oposición. Y en el sector opositor hubo una extraordinaria decepción con el desenlace de esos acontecimientos. Es un parteaguas en la historia reciente del país”, comenta Arraiz Lucca.

Dos décadas después de lo ocurrido en abril de 2002 persiste la interrogante sobre la comprensión de lo sucedido.

Los sucesos de abril también están signados por la incapacidad que la oposición mostró para descifrar el determinante momento político.

“La oposición no supo calibrar oportunamente lo que sucedía. No se derrocó la figura de Chávez, sino de un acuerdo de la sociedad que contaba con un amplio consenso como lo tenía la Constitución. Hay un punto de aprendizaje sobre el fenómeno autoritario que se produjo ahí y que se puede emparentar con lo sucedido en 1992 y en 1989”, explica Uzcátegui.

¿La radicalización de Chávez comienza en 2002 o Chávez ya era un radical que provocó los eventos? Chávez era un político autoritario que luego de los sucesos de abril logró purgar a la Fuerza Armada para iniciar su proyecto centralizador y estatizador”, concluye Spiritto.


Fue un golpe de Estado que Chávez estimuló, porque hubo una serie de acciones que aumentaron la crispación de la sociedad en ese momento y generaron mayor conflictividad

Rafael Uzcátegui, sociólogo

Los sucesos de abril en la educación

Fechas como el 11 de abril de 2002, los intentos de golpe de Estado en febrero y noviembre de 1992, así como el Caracazo, en 1989, son hechos abordados en la educación pública y privada, con el elemento diferenciador vinculado con el cómo y el para qué, de acuerdo con el sociólogo y también docente Tulio Ramírez.

“Desde que ocurrieron los hechos del 11 de abril de 2002 ha habido retórica y propaganda sobre lo sucedido por parte del Gobierno. Esa narrativa, construida con visos de épica, se hizo oficial en las escuelas públicas y fue en 2012, con los libros de texto de la colección Bicentenario, cuando se oficializó la historia que quería contar el Gobierno de Chávez”, explica el docente universitario.

Ramírez refiere que la narrativa gubernamental sobre los sucesos de abril de 2002, plasmada en los libros distribuidos en escuelas y liceos del sistema educativo público, omite hechos registrados y menciona otros de los que no hay evidencia.

“Ejemplo de las omisiones de lo que sí sucedió es que no se hace referencia a la alocución de Lucas Rincón, eso no aparece y es grave porque tergiversa los hechos. En el libro Venezuela y su gente, de sexto grado, se afirma que el presidente Chávez dirigió unas palabras heroicas a los militares que lo tenían apresado, pero no hay constancia de que eso haya sucedido”, destaca Ramírez.

En el sistema educativo privado, en contraste, los docentes no están obligados a usar los libros de la Colección Bicentenario y sucesos como los del 11 de abril son abordados de una forma objetiva y analítica, mediante la revisión de artículos de prensa publicados ese año.

“Eso no elimina el peligro de la oficialización de esa narrativa, porque es la versión que queda y los jóvenes no están estudiando eso”, añade Ramírez.

Un elemento llamativo sobre los hechos de abril de 2002 y los esfuerzos del oficialismo por imponer su versión acerca de lo ocurrido, es la escasa comprensión por parte de muchos de los jóvenes que eran niños o que no habían nacido ese año.

“Paradójicamente, es bueno que los muchachos no hayan internalizado esa versión difundida de forma sistemática, pero el peligro siempre está ahí como una espada de Damocles”, advierte Ramírez.


La narrativa sobre los hechos de abril de 2002, construida con visos de épica, se hizo oficial en las escuelas públicas con los libros de texto de la Colección Bicentenario en 2012, cuando se oficializó la historia que quería contar el Gobierno de Chávez

Tulio Ramírez, sociólogo y docente

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