¿Dónde está Amir?: adolescente muere luego de ser rescatado y ahora su cuerpo no aparece

Luego de sobrevivir 14 horas bajo los escombros de la urbanización Luisa Cáceres de Arismendi en La Guaira, Amir Ismael Infante Galván falleció en un centro de salud, luego de los dos terremotos ocurridos en Venezuela. Hoy, su familia vive el doble calvario de la pérdida y la negligencia institucional: el cuerpo no aparece, los envían de morgue en morgue a reconocer extraños y las autoridades guardan silencio

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Para la familia Infante Galván la tragedia de los dos terremotos ocurridos en Venezuela no terminó cuando cesaron los temblores; otro infierno comenzó después. Amir Ismael Infante Galván, un adolescente de 16 años, logró lo que parecía imposible: sobrevivir 14 horas sepultado bajo el peso de un edificio y una nevera de dos puertas en el piso 1, apartamento 05, torre A, de la urbanización Luisa Cáceres de Arismendi, en Playa Grande, La Guaira. Hoy, Amir está muerto, y su cuerpo, está desaparecido por la irresponsabilidad estatal.

El relato de su rescate es una hazaña de amor paternal. Su padre, Jaime Infante, se encontraba en la habitación del apartamento cuando la estructura colapsó el 24 de junio. Vio impotente como la nevera caía sobre su hijo mientras el adolescente corría hacia la salida.

Para intentar salvarlo, Jaime saltó al vacío por la parte posterior del edificio, fracturándose ambos pies en la caída. Aún con el dolor de sus huesos rotos y sin ayuda de los cuerpos de rescate oficiales durante toda la noche, pasó 14 horas removiendo escombros.

A las seis de la mañana del 25 de junio, con el apoyo de vecinos de la zona, Jaime logró sacar a Amir. El adolescente estaba vivo. Habló con su padre. Le dieron agua. En un acto de desesperación, su padre, caminando con dificultad por las fracturas, se lo llevó en brazos a bordo de una motocicleta al Hospital Dr. Alfredo Machado de Catia La Mar (conocido popularmente como el hospitalito). Fue allí donde lo declararon sin vida debido a un politraumatismo generalizado.

El viacrucis

La muerte de Amir fue solo el primer golpe. El mismo día sus padres reconocieron el cadáver en la morgue cercana a este centro de salud local. Los funcionarios del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses le asignaron un número de reconocimiento y le marcaron a la madre, Carmen Galván, el código 3426 en el brazo.

La pesadilla se desató al día siguiente, el 26 de junio, cuando la familia acudió a retirar el cuerpo para darle cristiana sepultura. La respuesta fue que el cadáver ya no estaba allí. El número asignado presuntamente estaba errado. Desde ese momento, la madre y el padre del adolescente han sido «peloteados» de una institución a otra, obligados a pasar por la traumática y dolorosa experiencia de revisar decenas de cadáveres en descomposición para ver si alguno es su hijo.

«Estamos indignados», dijo a El Pitazo su tía Yaleidis Yaneiska Infante Urbina este 29 de junio. «Fue una de las primeras víctimas rescatadas. Su papá arriesgó su vida, se fracturó los pies para sacarlo vivo, y ahora que muere, ¿también nos van a desaparecer el cuerpo? Esto es una irresponsabilidad tremenda».

Sin respuestas

La búsqueda desesperada ha llevado a los familiares a rastrear morgues tanto en el estado La Guaira como en Caracas. En la morgue de Bello Monte les dijeron que la data y los restos pertenecen a la jurisdicción de La Guaira. Nadie sabe dónde está el cuerpo de Amir.

Para colmo, la imagen del adolescente se ha hecho viral en redes sociales bajo debates sobre si se le debió o no dar agua al ser rescatado, mientras la verdadera emergencia humanitaria de la familia es ignorada: recuperar sus restos.

Yaleidis Yaneiska Infante exige a las autoridades competentes y a la dirección del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf) una respuesta inmediata.

“El dolor de perder a un familiar en un desastre natural ya es devastador; someter a una familia a la tortura psicológica de buscar un cadáver extraviado por negligencia oficial es un acto de crueldad que no puede quedar impune”, denunció.

Amir no solo era un adolescente con toda la vida por delante, sino un miembro activo de la comunidad cultural de la región: estudiaba en el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles del estado La Guaira. «Sus amigos lo conocían cariñosamente como ‘Amir, el niño de la orquesta'», dijo su tía.

Su pasión por la música era un lazo que compartía con su padre, Jaime Infante, quien también ha dedicado su vida laboral al mismo Sistema y se encuentra actualmente a las puertas de recibir su jubilación.

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