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martes, 4 octubre, 2022

Alimenta la Solidaridad apela a la resiliencia para seguir ayudando

El proyecto que atiende a más de 14.000 niños está adaptado su sistema, en medio de la pandemia, utilizando bicicletas y otras vías para entregar comidas

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Resiliencia. Esa es la palabra clave que se está aplicando en el proyecto Alimenta la Solidaridad en estos días de pandemia. Lo que comenzó como un comedor hoy se múltiplo y son 214 a nivel nacional, en 14 estados, atendiendo a 14.400 niños. Han tenido que reinventarse y adaptarse a una nueva realidad: la del COVID-19 y las limitaciones que impone.

Así, el distanciamiento social ha obligado a que la comida ahora se entregue en las casas de los niños beneficiados y así evitar focos de contagios.

A la pandemia también se suman otros retos a los cuales hacerle frente. A la escasez de gasolina y a la pretensión de ciertas autoridades encargadas de estaciones de servicios de querer cobrar hasta cinco dólares, como ocurre en Portuguesa (Acarigua) de acuerdo a lo que han manifestado algunos voluntarios, también le han logrado dar la vuelta.

¿La solución? Bicicletas. Ocurrió en Carabobo y repartieron más de 60 kilos de alimentos.

Roberto Patiño, creador de esta iniciativa, destaca también el rol que ha jugado el liderazgo en las comunidades, que les ha permitido tener capacidad de respuesta; así como el compromiso, ya que 95% de las voluntarias continúan preparando comidas para llevar tomando todas las medidas de protección.

Otro ejemplo de cómo se ha buscado darle la vuelta a la situación están en el estado Lara, donde sus tres comedores son los únicos que no están operando actualmente.

El miedo y las medidas tomadas durante la cuarentena han dificultado seguir ayudando. Sin embargo, han logrado conseguir donaciones de suplementos alimentarias para poder distribuir a una población especialmente vulnerable: los niños de comunidades populares.

Este proyecto también realiza un levantamiento de informacion cada cierto tiempo en las zonas donde están ubicados los comedores.

En esta última recopilación de información registran que, solo 50% cumple la cuarentena ya que alegan que deben salir a comprar comida y rebuscarse.

“Nadie ve la gotera en rancho ajeno”, le comentó un habitante de una de las comunidades populares a Patiño para describir la situación que están viviendo en ciertos sectores.

Los voluntarios también pudieron corroborar la tarjeta de movilidad que se está aplicando en Catia y en sectores de la carretera vieja Caracas-La Guaira y que busca que sólo un miembro de la familia pueda salir.

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Según Patiño, la manera en que se está implementando la medida genera incomodidad ya que dichas restricciones no estarían tomando en cuanta a la gente.

Otro dato es que, 60% de personas en esas comunidades donde hay comedores, manifiestan haber reducido la cantidad de comida que ingieren para poder rendirla.

De hecho, Patiño comenta que ha recibido llamadas de representantes dispuestos a caminar distancias de hasta dos horas para buscar los alimentos.

El 32% señala que ha sufrido interrupciones eléctricas constantes en las últimas semanas lo que afecta la entrega de productos, muchos de ellos perecederos.

Por ello, Alimenta la Solidaridad ha buscado incluir más granos.

Mientras que, 72% expresa estar preocupados por no poder adquirir alimentos durante la cuarentena.

La seguridad también ha jugado un rol importante. En El Valle, donde hay cuatro comedores, se les complicó entregar las comidas debido a enfrentamientos entre cuerpos de seguridad y bandas criminales.

Las encuestas realizadas en estás comunidades también revelan que las pero sanas estarían dispuestas a manifestar por los servicios públicos, en primer lugar y por alimentos, en segundo lugar.

La preocupación por el coronavirus queda en un tercer lugar.

Un dato preocupante para Patiño es el hecho de que cada vez aumenta más una “lista de espera” de niños y adultos mayores, lo cual es un termómetro de cómo la necesitada está aumentado.

Los estados donde más se ha presentado esto es en Anzoátegui, Aragua, Vargas y Zulia.

El problema además radica en que Alimenta la Solidaridad no tiene capacidad en estos momentos para ampliar su espectro de ayuda.

Lo que están discutiendo ahora es doblar las raciones de comida entendiendo que al cambiar la metodología y llevar los alimentos a casa, los padres busquen compartirla. Sin embargo, aún no lo han logrado.

“Enfrentamos un reto logístico. Garantizar los recursos para seguir adquiriendo productos a nuestros proveedores y garantizar la distribución. No está planteado que paremos”, asegura Patiño que recuerda que los venezolanos en el exterior han sido el apoyo principal en esta tarea que cumple el proyecto.

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